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OCIO

La amistad entre Picasso y su barbero que terminó convertida en museo en Buitrago del Lozoya

El Museo Picasso – Colección Eugenio Arias conserva en la Sierra Norte una historia poco conocida: la relación personal entre el artista y su barbero durante el exilio en Francia

Vista del interior del Museo Picasso de Buitrago del Lozoya

Vista del interior del Museo Picasso de Buitrago del Lozoya / AMADOR TORIL | COMUNIDAD DE MADRID

A solo 75 kilómetros de la capital madrileña, cobijado por la muralla mudéjar mejor conservada de la región, el Museo Picasso – Colección Eugenio Arias rompe con la solemnidad de las grandes pinacotecas nacionales. Este espacio no es fruto de una subasta millonaria ni de una herencia institucional, sino del afecto personal entre el genio malagueño y el hombre que le cortaba el pelo en el exilio.

Eugenio Arias, nacido en Buitrago del Lozoya en 1909, tuvo que abandonar España tras la Guerra Civil. Su destino fue la localidad francesa de Vallauris, donde abrió una barbería que se convertiría en el epicentro de su vida. Allí, entre navajas y sillones, conoció a un Picasso ya consagrado que residía en la Costa Azul. Lo que comenzó como un servicio profesional derivó en una fraternidad que duró 26 años, hasta la muerte del artista en 1973.

Un tesoro entre murallas del siglo XIV

La barbería de Vallauris fue el escenario de largas conversaciones donde el arte pasaba a un segundo plano frente a la nostalgia. Picasso, en un gesto de gratitud cotidiana, comenzó a obsequiar a Arias con piezas que hoy constituyen un catálogo de 60 obras. Lejos de ser piezas menores, la colección destaca por su carácter íntimo: desde dibujos rápidos sobre periódicos hasta cerámicas grabadas a mano.

El recorrido expositivo se divide en secciones que reflejan las pasiones compartidas, destacando especialmente la tauromaquia. Entre las vitrinas, el visitante puede encontrar un maletín de útiles de peluquería de madera pirograbado por el propio Picasso, una pieza única que demuestra cómo el arte se integraba en la rutina diaria de ambos amigos.

Esta colección regresó a la Sierra Norte de Madrid en 1982, cuando Arias cumplió su deseo de donar el conjunto a su localidad natal. Hoy, el museo situado en los bajos del Ayuntamiento de Buitrago recibe una media de 25.000 visitantes anuales, consolidándose como un hito cultural que demuestra que el patrimonio más valioso de la Sierra Norte no son solo sus piedras del siglo XIV, sino los lazos de lealtad que cruzaron fronteras.

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