Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

LITERATURA

Los tesoros de Concha Espina que su familia ha enterrado en el Instituto Cervantes: la tablilla con la que escribió tras quedarse ciega y una foto ejerciendo el voto

Entre los objetos depositados destaca la primera traducción al sueco de 'El metal de las muertos', la obra de 1924 que le valió la nominación al Premio Nobel

Concha Espina recibió el Premio Nacional de Narrativa en 1927 y 1950.

Concha Espina recibió el Premio Nacional de Narrativa en 1927 y 1950. / INSTITUTO CERVANTES

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Escribió su última novela ciega. Concha Espina perdió la visión durante una operación que prometía devolvérsela. Sin embargo, aquel infortunio no frenó sus ganas de escribir. Lo siguió haciendo, acompañada siempre por una tablilla de madera. Era tal su pasión que, pese a las circunstancias, ojo, se mantuvo activa hasta su muerte a los 86 años. Aquel libro, Un valle en el mar, un homenaje al mar de su eterna juventud, recibió el premio Miguel de Cervantes de periodismo. Y, hoy, siete décadas después, ha sido depositado en La Caja de las Letras, la cámara acorazada del Instituto Cervantes donde se conserva el patrimonio cultural hispano. "Es un legado que sobrevivirá a todos los tiempos", ha dicho Concha de la Serna, su nieta. Como su literatura.

Acompañada por Regina Navarro, su bisnieta, las dos han ido introduciendo en la caja 1.457 una selección de su prolífico trabajo: destaca la primera traducción al sueco de El metal de las muertos, editada en 1924, que le valió la nominación al premio Nobel. No era la primera vez que aspiraba al galardón: lo hizo hasta en nueve ocasiones entre 1926 y 1954. Su nombre sonó con fuerza durante tres años consecutivos, quedándose muy cerca de conseguirlo en 1926.

Portada de 'Un valle en el mar'.

Portada de 'Un valle en el mar'. / ARCHIVO

Entre las tres fotografías que han entregado se encuentra una en la que aparece votando, junto a Clara Campoamor, rodeada de otras mujeres, en las elecciones de 1933. Era la primera vez que podían hacerlo. "También están los sellos de grandes literatos que Correos emitió, así como el sobre matasellado", ha añadido Regina. Espina desarrolló una extensa trayectoria marcada por la atención al mundo rural, la condición femenina y los conflictos sociales de la España de su tiempo. Obras como La esfinge maragata (1914), La niña de Luzmela (1909) o Retaguardia (1937) fueron ampliamente reconocidas por la crítica y el público.

Recibió en dos ocasiones el Premio Nacional de Literatura: en 1927, por Altar mayor; y en 1950, por Un valle en el mar. Fue además una figura activa en la vida intelectual de su época. "Supo conquistar un lugar singular en nuestras letras. Desarrolló una carrera marcada por la perseverancia y el talento. Era capaz de combinar la mirada íntima con una prosa elegante y humana. Su reconocimiento trascendió fronteras", ha subrayado Carmen Noguero, secretaria general del Instituto Cervantes.

Políticamente, apoyó la llegada de la Segunda República, hizo uso del derecho al divorcio y, desde un fuerte catolicismo, defendió la separación de Iglesia y Estado. No obstante, en 1936 se afilió a la Sección Femenina de la Falange. "Fue una de las escritoras más admiradas de su época. En los últimos años de su vida continuó escribiendo, demostrando que la vocación literaria se sobrepone a cualquier adversidad", ha concluido Noguero. Su obra ya es parte de la herencia cultural de España.