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SALUD

Madrid, mucho sol y poca vitamina D: el déficit silencioso que preocupa a los expertos

La vida en interiores, el invierno y la falta de exposición real al sol explican por qué cada vez más especialistas alertan sobre niveles bajos de vitamina D incluso en una ciudad luminosa como la capital

Una pareja aprovecha los primeros rayos de sol y el buen tiempo reinante en el madrileño parque del Retiro.

Una pareja aprovecha los primeros rayos de sol y el buen tiempo reinante en el madrileño parque del Retiro. / ALBERTO MARTIN / EFE

Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Madrid se asocia al sol, a los paseos al aire libre y a las terrazas llenas en cuanto sube la temperatura. Pero esa imagen no siempre coincide con la realidad biológica. Cada vez más expertos advierten de que vivir en una ciudad soleada no garantiza tener buenos niveles de vitamina D, una hormona clave para la salud ósea, muscular e inmunitaria. En este sentido, la deficiencia de vitamina D, común por escasa exposición solar o dieta pobre, provoca la pérdida de densidad ósea, causando osteoporosis, fragilidad ósea (osteomalacia) y, en niños, raquitismo. Se manifiesta con dolor óseo, debilidad muscular, fatiga y aumento del riesgo de fracturas y mayoritariamente se trata con suplementos y mayor exposición solar. 

El dietista y experto en Psiconeuroinmunología Endika Montiel, cofundador de la empresa de suplementos alimenticios Synsera Labs, pone el foco en una contradicción muy actual: pasamos más tiempo en interiores que nunca. Oficinas, teletrabajo, transporte y rutinas sedentarias reducen la exposición solar efectiva, incluso en una ciudad como Madrid, donde la luz parece asegurada durante buena parte del año. "Si no recibes abundante luz solar directa diariamente, la suplementación es la vía más segura para evitar carencias y aumentar gradualmente las reservas de esta hormona, especialmente en los meses de otoño e invierno, cuando hay pocas horas de sol", explica.

No solo afecta a los huesos

La vitamina D suele relacionarse con huesos fuertes, pero su función va mucho más allá. También participa en el sistema inmunitario, la salud muscular y el equilibrio general del organismo. De hecho, un estudio de la Universidad de Surrey (Reino Unido), publicado en enero de 2026 vinculó la deficiencia grave de vitamina D con un 33 % más de riesgo de hospitalización por infecciones respiratorias como neumonía y bronquitis. Ese dato refuerza una idea que los especialistas repiten desde hace tiempo: no se trata de una carencia menor ni de un simple parámetro de laboratorio.

La importancia de la vitamina D.

La importancia de la vitamina D. / Istock

"La vitamina D es una hormona con un papel muy importante en todos los sistemas del cuerpo -inmunológico, digestivo, nervioso..., por lo que tener niveles bajos impacta directamente en la salud", subraya el divulgador científico y sanitario Alejandro Pérez. "En Madrid, el problema no es la falta de sol, sino la falta de exposición real al sol", explica Pérez. En invierno, la intensidad baja; en verano, el uso de protector solar es constante; y durante todo el año el estilo de vida urbano empuja a pasar más horas bajo techo. El resultado es una paradoja cada vez más visible: mucha luz en la calle, pero poca síntesis efectiva de vitamina D. A ese contexto se suma que hay perfiles en los que conviene vigilar especialmente esta hormona, como deportistas, mujeres en menopausia o personas que buscan reforzar sus defensas en épocas de frío o alta circulación viral.

Un interés creciente también en los hospitales

Aunque el enfoque no está en la enfermedad hepática, el interés médico por la vitamina D sigue creciendo. Investigadores del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, han observado beneficios de su suplementación en pacientes con cirrosis avanzada, con mejoras en fragilidad, fuerza, masa muscular y rendimiento cognitivo.

Por su parte, en las personas mayores esta decisión suele analizarse con mayor detenimiento debido a su posible impacto sobre el equilibrio, la movilidad y la autonomía. Además, con el paso de los años disminuye la capacidad de la piel para producir vitamina D. "Cuando aparecen debilidad muscular, dolor óseo o un deterioro funcional que no se explica por otras causas, conviene valorar el estado de salud en su conjunto y, si procede, revisar la vitamina D dentro de una evaluación clínica completa", señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.

Ese respaldo científico ayuda a entender por qué esta hormona gana peso en distintos ámbitos de salud. La conclusión en una ciudad como Madrid es clara: el sol, por sí solo, no siempre basta. Y detrás de una rutina aparentemente saludable puede esconderse un déficit silencioso con más impacto del que parece.

Cómo prevenir: recomendaciones prácticas

  • Incorporar salidas al aire libre de forma regular durante las horas de luz, aunque sean breves, como paseos diarios o trayectos a pie, sin necesidad de exposiciones prolongadas ni intencionadas.
  • Mantener el uso habitual de fotoprotección cuando corresponda, ya que la exposición cotidiana suele permitir la síntesis de vitamina D sin necesidad de modificar las rutinas de cuidado de la piel. En otoño e invierno podemos ser menos estrictos en su aplicación salvo aquellas personas que hagan deporte al aire libre, como montañismo o esquí. 
  • Cuidar la alimentación y revisar la dieta con criterio profesional, especialmente si es poco variada, se siguen restricciones alimentarias o existe pérdida de apetito durante los meses fríos.
  • Prestar atención a señales persistentes como debilidad muscular, dolor óseo o pérdida de fuerza, y consultar si interfieren con la actividad diaria o no se explican por otras causas conocidas.
  • Valorar la necesidad de analítica o suplementación solo bajo indicación médica, evitando iniciar suplementos por cuenta propia y solicitando seguimiento si existen enfermedades crónicas, alteraciones del metabolismo del calcio o tratamientos prolongados.
  • Favorecer rutinas que mantengan la movilidad y la actividad física adaptada, ya que el estímulo muscular contribuye al mantenimiento de la función ósea y al bienestar general durante el invierno.