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MUJERES DE IRÁN

Nilufar Saberi, activista iraní en España: "El movimiento 'Mujer, Vida, Libertad' fue la primera revolución feminista mixta de la historia"

Extremadamente combativa con el régimen, defiende la lucha de las mujeres y hombres iraníes, y la "esperanza" ante un posible cambio de gobierno

Nilfar Saberi durante una protesta en España contra la situación de las mujeres en Irán.

Nilfar Saberi durante una protesta en España contra la situación de las mujeres en Irán. / EPC | Juan Carlos Rojas

Héctor González

Héctor González

Madrid

Conocida como Nely en su entorno cercano, Nilufar Saberi es una activista iraní por los derechos humanos con un foco constante en la situación de las mujeres bajo la República Islámica. Vino a España en 1980, siendo aún adolescente, después de tener que abandonar Irán tras la revolución islámica. Concretamente a La Elipa, en Madrid, a donde llegó 'con lo puesto' y sin conocer el idioma ni a nadie.

Desde entonces, Saberi ha mantenido un vínculo sostenido con la realidad iraní y ha articulado su activismo en el ámbito asociativo y divulgativo: participó en la Asociación de Derechos Humanos en Irán (más tarde Asociación Iraní Pro-Derechos Humanos de España) y se integró después en el Comité de Derechos Humanos de la UNESCO en la Comunidad de Madrid, además de recorrer universidades, institutos y foros para explicar la represión y sostener la atención internacional. En los últimos años, su voz se ha asociado especialmente a la ola de protestas 'Mujer, Vida y Libertad', surgida tras la muerte bajo custodia policial de Mahsa Amini en 2022.

Pregunta. ¿Cuál es la situación de las mujeres en Irán?

Respuesta. Antes de la llegada de los teocráticos al poder en Irán, las iraníes teníamos una posición privilegiada para el lugar y lo que era el mundo en general en aquella época en relación con la igualdad. Legalmente, no teníamos ninguna limitación a la hora de desarrollarnos a nivel profesional, académico, cultural y artístico; conseguimos tener derecho al divorcio, a la custodia de los hijos y en la década de los 70 llegamos a conseguir el derecho al aborto. Lo único que no consiguieron los Pazlavi, por la presión de los islamistas, fue prohibir la poligamia.

Con la llegada de los islamistas al poder, perdimos todos nuestros derechos de la noche a la mañana. Nos dejaron solo el derecho al voto, conseguido en Irán en 1963, que ya me dirás para qué sirve en una teocracia. Nos convirtieron en seres humanos carentes de una identidad independiente, en el feudo de nuestro tutor varón. Otra barbaridad que hicieron fue legalizar la pederastia, bajando la edad nupcial de los 18 a los 8 años y 9 meses.

P. ¿Y cuál es su papel en la oposición al régimen de los ayatolás? ¿Y el coste que están pagando por ello?

R. Fundamental, imprescindible. Jomeini llegó a Irán en febrero de 1979 y nosotras ya estábamos en las calles ese 8 de marzo. No le dejamos descansar casi ni un mes al hombre. Desde entonces no hemos parado. Hemos seguido luchando y a esta lucha cada vez se han unido más hombres. Los hombres iraníes se han dado cuenta de que en una sociedad donde la mitad de la población es esclava de la otra, nadie puede tener bienestar. Tanto es así que en 2022, cuando nació el movimiento 'Mujer, Vida, Libertad', fue la primera revolución feminista mixta de la historia de la humanidad. Este logro se debe principalmente a las mujeres iraníes, pero no hubiera sido posible tal cual sucedió si no hubiéramos tenido el apoyo mayoritario de nuestros varones. Es lo que le faltaba al feminismo, que los hombres se incluyan, no solo apoyen, sino que luchen también por la igualdad.

P. ¿Qué ha cambiado desde 2022?

R. Sin la revolución 'Mujer, Vida, Libertad' muy posiblemente no hubiésemos llegado a la revolución iraní de 2026. Para mí ha sido uno de los movimientos más importantes a nivel mundial, no solamente en Irán, y es el pedestal desde donde se puede alcanzar un mundo digno del siglo XXI y de la evolución del ser humano. Sin esa madurez social,

P. ¿Qué opinas acerca del debate sobre prohibir el burka y el niqab en España?

R. El código de vestimenta para las mujeres, da igual la medida de la tela, es el símbolo material del sometimiento de la mujer a la misógina ideología fundamentalista islamista, que utiliza la religión para someter a las personas y alcanzar el poder. El velo es indignante y vejatorio, un concepto inadmisible en pleno siglo XXI; el burka y el niqab son todavía más terroríficos, ya no es solamente que nos utilicen de bandera de la ideología islamista, es que nos convierten en fantasmas andantes. Eso se tiene que prohibir en el mundo entero, sin discusión.

Otra cosa es el velo. Creo que prohibirlo a una mujer adulta sería contraproducente. Pero en el caso de menores, sí o sí tenemos la obligación de protegerlas. Cuando a una criatura se la vela y se la adoctrina desde la tierna infancia, luego no es extraño que al llegar a la edad adulta diga que lo ha elegido voluntariamente. Es muy importante que el Gobierno de España tome cartas en el asunto y prohíba el velado de las menores en público. Lo que no se puede es hacerlo como ha pretendido Vox, cuya propuesta de prohibición viene desde el odio, el racismo y la superioridad. De esta tarea se tiene que ocupar la izquierda, aunque no esa izquierda - por llamarla de alguna manera- que va de abanderada de los derechos humanos y la moralidad, pero afirma que prohibir el burka y el niqab es anticonstitucional.

P. En entrevistas recientes has apoyado el ataque de EEUU e Israel, hablando incluso de una sensación de “júbilo” entre la población. ¿No te preocupa que también puede alimentar más violencia y represión?

R. Aquí hay un matiz muy importante. Los iraníes llevamos medio siglo siendo masacrados por nuestros propios gobernantes mientras al resto del mundo le importaba cero. Desde hace tiempo venimos pidiendo a gritos una intervención internacional de rescate de las manos de estos asesinos. Pero esto no es lo mismo que apoyar el ataque de Estados Unidos contra Irán, que es de lo que se nos acusa a los que no condenamos esta acción. Es bien diferente no condenar que apoyar.

Lo que entendemos es que, por fin, el interés del pueblo iraní ha tocado puntos en común con el de algunas potencias extranjeras, de forma que, por fin, van a atender los nuestros también. Nos pone una luz al final del túnel. Nos abre la esperanza de que el régimen se va a debilitar y esa debilidad facilite el derrocamiento del Gobierno. Por supuesto, también nos dan mucho miedo las bombas, pero la inmensa mayoría de iraníes dice que prefiere morir bajo las bombas que tener que soportar otros 50 años como lo han estado haciendo. Que respirar no es vivir, y el pueblo iraní lleva medio siglo enterrado en vida. Ya está bien.

P. ¿No hay otro camino para derrocar al régimen que no sea la intervención militar?

R. No, no hay otra manera que no sea la vía militar. O bien los militares desde dentro dando un golpe de estado o bien desde fuera. Irán tiene dos ejércitos: el regular, que es muy escaso, pobre y sin recursos, y otro llamado la Guardia Revolucionaria, que no se creó para proteger a la nación, sino al régimen y a su líder supremo - su hijo, ahora-. A nosotros no nos asusta la guerra contra Israel y Estados Unidos, tememos mucho más a la teocracia islamista y a su Guardia Revolucionaria.

P. ¿Qué crees que vendrá después del final de la guerra?

R. Espero que termine con el derrocamiento de la teocracia y una transición hacia un régimen nuevo, democrático, igualitario y secular, que es la voluntad de la mayoría de los iraníes y de la oposición. Es lo ideal, aunque personalmente estoy segura de que no lo vamos a tener, no nos van a permitir ser la Suiza de Oriente Medio. Allí todos los países son dictaduras, todos; el que más se acerca a una democracia medio decente es Turquía y el presidente lleva más de 20 años en el cargo. Hay que tocar tierra y ser conscientes de que no nos van a permitir ser un oasis de paz, igualdad y democracia en medio de ese polvorín, pero como poco estaremos mucho mejor que durante los últimos 50 años.