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'PET FRIENDLY'

Ir a entrenar con tu perro para no dejarlo solo en casa: "Son como niños, es importante que sepan comportarse en cualquier situación"

Cada vez más negocios permiten la entrada de mascotas en Madrid: llegan los gimnasios 'pet friendly', donde tu mascota puede observarte mientras haces sentadillas

Cada vez más negocios permiten la entrada de mascotas en Madrid.

Cada vez más negocios permiten la entrada de mascotas en Madrid. / CEDIDA

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Son las 6:45 de la mañana y Covadonga llega al gimnasio. No lo hace sola, Matcha le acompaña. Una Airedale Terrier de algo menos de un año que, desde hace meses, va con ella a todos lados. “Llevo entrenando muchos años. Un día me enteré de que podíamos traer con nosotros a nuestras mascotas y no dudé. Tengo cuatro perros. Dos de 13 años y otros dos cachorros. Suelo traerlos de dos en dos”, cuenta. La madrileña, que ha vivido siempre en el barrio de Chamartín, cambió las oficinas por una guardería canina propia a finales de 2025: “Mi madre es veterinaria y esto era lo que llevaba tiempo queriendo hacer. Desde entonces paso los días de un lado para otro y con tantos animales a mi cargo, me gusta buscar sitios pet friendly en Madrid donde poder llevarlos en la medida de lo posible”. La joven considera esencial que los perros que acudan a entrenar a sus dueños sepan comportarse durante las sesiones: “Si están adiestrados pueden quedarse mirándote mientras haces deporte. Matcha es la más pequeña y se porta fenomenal, se lo pasa bien y le encanta cotillear todo lo que hago”. 

Cuanto más convives con tu mascota, dice, mejor es el vínculo. “Son como los niños. Si desde pequeños los llevas a restaurantes, paseos o eventos, antes aprenden a comportarse en cualquier tipo de situación. Matcha viaja conmigo desde que tiene tres meses. La he habituado para que sepa estar en cualquier lado. En el gimnasio espera sentada hasta que acabo. Sabe perfectamente que estoy haciendo deporte y que es lo que toca”, relata. Otro de los beneficios, según Covadonga, de llevar a su perro al entrenamiento es que se relacione con otros canes y humanos que no son sus dueños: “Es lo que trato de inculcar. Depende de la raza y el carácter de cada uno, pero si vas a estar más de cuatro o seis horas fuera de casa, es recomendable llevarlo a una guardería. Hay perros habituados que aguantan 12 horas en casa sin ningún problema, pero ya es una cuestión de estímulos. Físicos y cerebrales. No es recomendable que un humano pase todo el día en la cama sin hacer nada. Por ética, no me gusta que mis perros vivan así. Yo tampoco podría”. 

Covadonga y Matcha en uno de los entrenamientos.

Covadonga y Matcha en uno de los entrenamientos. / CEDIDA

Pablo tampoco. Él es de los que prefiere ir a última hora de la tarde, cuando ha salido de trabajar. Nació en Valladolid, pero vive en la capital desde que tiene cinco años. Trabajar en una empresa tecnológica ocupa prácticamente la totalidad de la semana, por lo que cada rato que puede pasar con sus dos perros es un regalo. “Tengo una Beagle y un Springer Spaniel. Cuando vi algunos perros allí, pensé en probar. Ahora me los llevo prácticamente cada día y no tengo que estar pendiente de dónde los dejo. Ya se quedan en una guardería canina mientras trabajo, así que esas horas podemos estar juntos. Los recojo y voy directamente a entrenar, sin necesidad de pasar por casa y que vuelvan a quedarse solos”, cuenta. Como él, miles de madrileños pasan más horas de las necesarias en el trabajo y la conciliación con sus mascotas se ha vuelto una tarea difícil: “Como están acostumbrados a estar con gente no dan la lata ni ladran en la sala. Se portan bastante bien. No les molesta el ruido ni los movimientos bruscos. Es bueno tanto para ellos como para mí”. 

"Como en casa"

En ocasiones y como es normal, se cuelan entre sus piernas o se ponen encima cuando está tumbado en el suelo: “También saludan a todo el mundo que viene a entrenar. Por lo general la gente se lo toma con humor, son cariñosos y se ponen a jugar con ellos”. De no saber comportarse, Pablo asegura que no se plantearía acceder con ellos a las instalaciones: “No por mí, sino por el resto de personas. No quisiera causar problemas. Por ahora nunca he recibido un toque de atención”. Desde que van los tres juntos al gimnasio, el vallisoletano entrena más días en semana. “Puedo organizarme mejor sin tener que pensar en dónde dejarlos. Trato de compensar todas las horas que paso en la oficina. Verlos aquí, conmigo, me llena mucho”, añade. Uno de estos gimnasios catalogados como pet friendly es Byai, en el barrio de Tetuán. Su fundadora, Ángela, se hizo la pregunta hace ya cuatro años. 

Pablo y uno de sus perros durante un entrenamiento personal.

Pablo y uno de sus perros durante un entrenamiento personal. / CEDIDA

“Cuando abrimos me di cuenta de que no tenía dónde dejar a mi perra que, hasta entonces, me había acompañado siempre. Así que le hice un hueco en la recepción del centro. Pensé que si yo podía llevar a mi perrita, por qué quitarle eso a los clientes. Todo el mundo sabe qué mascota tiene, esto es como los hijos. ¿Puedes llevar a tu hijo a cualquier sitio? Pues depende de cómo se comporte. Hay que ser consciente de que estás yendo a un sitio con material que se puede estropear. Si el animal está asalvajado es mejor que no venga”, sostiene. Nacida en Soria, llegó a Madrid con 17 años para estudiar Diseño de Moda. Desde pequeña había competido en gimnasia rítmica hasta que, debido a una lesión, dejó de ejercitar. “Con los años me reconcilié con el deporte y me formé para ser entrenadora. Lo que empezó siendo un gimnasio de barrio pequeño ha acabado siendo un centro de bienestar al completo. Es como una casa a lo grande. Y en las casas hay perros”, dice. Al venir de una ciudad pequeña, vio en Madrid una urbe despersonalizada y afectada por la soledad. 

El 50% de los clientes

“No sólo en la gente mayor. Muchos jóvenes en su día a día no ven a nadie de su familia por las distancias o los tiempos. La idea era crear un centro en el que nos conociéramos todos”, añade. Ángela permite el acceso a perros únicamente en clases de entrenamiento personal por una cuestión de seguridad: “En una clase con ocho personas dando botes, un animal que no esté acostumbrado pensará que es un rato de juego y, a pesar de que la mayoría de clientes son amigables con ellos, no quieres que un perro esté saltando encima mientras haces abdominales”. Tras cada sesión, el personal desinfecta y aspira la sala, aunque la mayoría de estos canes pasan la hora tumbados en una esquina: “El 50% de las personas que hacen este tipo de clases vienen acompañados de su amigo de cuatro patas. Hay gente que también los trae a las grupales, pero porque saben que no van a interferir”,. El auge de negocios pet friendly es, a sus ojos, un arma de doble filo. 

Covadonga y Matcha tras el entrenamiento.

Covadonga y Matcha tras el entrenamiento. / CEDIDA

“Hay empresas que sólo permiten perros de hasta 10 kilos. Hay normas. Aquí no. Me da igual si pesa cinco o 40, siempre y cuando sea educado. Pero ese requisito también lo pongo en las personas. No tendría aquí a alguien incívico”. Para ella, su perra es un miembro más en la familia. “Si no puedo llevarla a un plan yo tampoco voy. Aún así, soy partidaria de que los perros no tienen que estar en todos lados. Si has paseado tres horas con él no veo necesario que tenga que estar atado a la pata de una mesa cuatro horas mientras te tomas unas cervezas”, apunta. En estos cuatro años, hay personas que le han pedido entrenar sin la presencia de canes. “A veces les explico que este lugar es así. Cuando vienen con alergias o miedo, los llevamos a otra sala. Todo se hace con un punto de coherencia y buen hacer. Nos publicitamos como espacio amigable con mascotas, por lo que hay que asumir que puede haberlas. Y, si no, hay otros cientos de gimnasios en la ciudad que no los aceptan y está igual de bien. No puede llover a gusto de todos. Si los perros tuvieran un sueldo, preferiría entrenarlos antes que a las personas”, bromea.