DÍA DE LA MUJER
Las madrileñas que abren camino en trabajos 'de hombres': "Se dirigen siempre a mis compañeros, a pesar de que la jefa soy yo"
Verónica, Laura y Jacqueline son algunas de las mujeres que este 8 de marzo alzarán la voz desde oficios masculinizados en los que la paridad todavía es una lucha

Cada vez más mujeres apuestan por conquistar oficios masculinizados, como la construcción. / CEDIDA

Ellas saben lo que es trabajar rodeada de hombres. También lo que es tener una opinión y no poder usarla por miedo a no ser escuchada o tener que demostrar constantemente su valía. Es algo que sus compañeros no hacen. Una realidad que sólo ellas conocen por el hecho de ser mujeres. Valientes que, pese a las dificultades, conquistan sectores masculinizados. Esos 'trabajos de hombres' en los que la paridad todavía está lejos. “Estoy cansada. Es una lucha, vayas a donde vayas. Llego a casa de un cliente, ve que soy una mujer y pone en duda todo el proyecto. La empresa nunca dice si va a mandar un hombre o una mujer a dirigir la reforma. Cuando entramos mis compañeros y yo siempre les hablan a ellos, a pesar de ser yo la jefa. Son ellos quienes les dejan claro que soy la oficial. Se quedan a cuadros. Entrar a un espacio y que nadie confíe en tí es muy difícil”, relata Verónica Cano (39), oficial de albañilería. Nacida en Leganés, recuerda cuando acompañaba a su madre a limpiar chalets de nueva construcción siendo apenas una adolescente.
“Me recogía del instituto en coche y me llevaba con ella a terminar de dejar la casa impoluta y retirar las pegatinas de los cristales, recién puestos. Veía cómo trabajaban los fontaneros, carpinteros y los que ponían el suelo. Me llamó mucho la atención y siempre les preguntaba para aprender a hacerlo. Poco a poco empecé a hacer algunos arreglos en casa”, añade. Terminó el instituto y compaginaba un trabajo “de verdad” alejado de la construcción con las reformas que hacía por su cuenta a familiares y amigos: “Poco a poco, este hobbie fue ocupando una parte más grande de mi vida, pero nunca me planteé dar el salto a lo profesional”. Verónica comenzó un curso de gestión de residuos y pasó 10 años de su vida dedicada a ello hasta que, un día, decidió parar y replantearse cuál era su verdadera vocación. “Hice una entrevista y rápidamente me puse a trabajar en la obra. No me resultó muy difícil, ya que un amigo me recomendó. Me había visto trabajar por mi cuenta y el jefe quedó contento con lo que hice. Lo que iba a ser una sustitución de unos días acabó siendo un contrato indefinido”, añade.

Jacqueline Galvis, colombiana en Madrid, lleva 23 años trabajando en el sector de la construcción. / CEDIDA
Han pasado seis años desde entonces y, a día de hoy, Cano es oficial de obra en una empresa de construcción y reformas de interiores de vivienda. Además, se forma para ser electricista en Alcorcón. “Creen que por ser mujer soy más débil, que no puedo cargar peso, subir material o bajar escombros. Siempre dudan. Me quitan las cosas de las manos para que no me canse. Al principio no creían que fuera capaz”, dice. Ocurre lo mismo a la hora de dar ideas. Si bien cuenta con conocimientos en electricidad, fontanería o carpintería, sus propuestas siempre tardan más en aterrizar: “Las ponen en duda porque no esperan que una mujer pueda sacar el trabajo. Nunca habían visto a una en la obra hasta que llegué yo. Me vieron trabajar y su visión cambió. Lo van aceptando. Hay que hacerse valer”. La falta de referentes hizo que Verónica tuviera que afrontar las dificultades sola. A día de hoy confiesa que le está empezando a dar igual: “Lo dejo pasar y hago mi trabajo. Hay que erradicar esta masculinidad en la obra y dejar que las mujeres ocupen parte del espacio. Es una profesión muy bonita. Ahora que no hay relevo generacional en el sector, tenemos que hacernos un hueco”.
"Una profesión machista"
Jacqueline Galvis (46) abandonó su Colombia natal por amor hace ya tres años. Desde pequeña había estado enamorada de la idea de vivir en España. “Quería conocerla. No vine por necesidad, era mi sueño”, cuenta. En 2023 aterrizó en Madrid con 20 años de experiencia en el sector de la construcción a sus espaldas: “Heredé esta vocación de mi abuelo, que era arquitecto. Nadie más en mi familia se ha dedicado a esto. Amo el arte de construir, las caras de los clientes cuando ven el proyecto terminado”. Empezó a estudiar Diseño de Interiores con apenas 20 años, pero nunca logró graduarse debido al nacimiento de sus dos hijos. “Ellos me impulsaron a trabajar como albañil. Soy madre soltera y en Colombia este tipo de oficios están bien pagados. Mucho mejor que otros. Empecé como ayudante y, poco a poco, fui escalando hasta oficial de construcción”, sostiene orgullosa. Llegó a España sin contactos y fue gracias a la recomendación de un conocido cuando pudo trabajar para un constructor. Desde entonces ha ido encadenando contratos.
Al igual que Verónica, Jacqueline es la única mujer del equipo y, en comparación con el sector colombiano, en Madrid ha encontrado más barreras de acceso: “Allí está más normalizado dedicarte a algo manual siendo mujer. Como aquí apenas hay mujeres trabajando en los andamios, cada vez que me ven se sorprenden. Me siento de otro planeta y eso es machista. No se trata de género, sino de disciplina. Siempre me ha tocado demostrar más, hasta el punto de tener que alcanzar la fuerza de mis compañeros. Todavía es una profesión que discrimina a las mujeres por el hecho de serlo. He llegado a vivir situaciones de acoso sexual y me he ido de algunos trabajos sin dar explicaciones por este tipo de situaciones”. Galvis asegura que, pese a “hacerse la dura” la mayoría del tiempo, “a veces afecta”. “Algunos compañeros no me toman en serio ni respetan mi autoridad. Invito a las mujeres que les guste este oficio a que se animen. Hay oportunidades. No dejéis pasar vuestros sueños”.

Verónica Cano, madrileña, es oficial de construcción desde hace seis años y estudia para ser electricista. / CEDIDA
Ponerse un casco y subir a una escalera no le hace menos mujer, dice. Las que, como ella, se manchan de cemento, tienen un don: “Somos más meticulosas, nos fijamos en los detalles. Es importante ser perfeccionista en esta profesión. Somos fundamentales para la construcción. No sólo importa la fuerza, influyen otros muchos factores”. La colombiana, que cree necesarias más campañas de concienciación y una mejor formación que apoye el talento femenino, confiesa haber perdido el miedo: “Ya no lo tengo. Sé lo que soy y hasta dónde llego. Que muera el machismo. Ni este ni ningún trabajo son una cuestión de género. Basta ya de quitarnos oportunidades”.
Romper prejuicios
“Desde pequeñas, a las mujeres nunca se nos orienta hacia lo técnico o manual. No es una cuestión de capacidad, sino de socialización. Si nunca has visto a una jefa de obra o a una fontanera, es más difícil imaginarte en ese lugar. Romper esos prejuicios implica generar referentes visibles, normalizar la presencia femenina en estos empleos y demostrar con hechos que el talento no tiene género”, defiende Laura Baquero, arquitecta y fundadora de Ella Construye, empresa que forma a mujeres en el sector de la construcción. La iniciativa, que nació en 2017, surgió tras detectar una contradicción: “El gremio tiene una enorme demanda de profesionales y, al mismo tiempo, una bajísima presencia femenina. Quisimos abrir puertas concretas”. Las principales barreras a las que estas mujeres se enfrentan, dice, son culturales y estructurales. Por ejemplo, un gran número de las interesadas dudan de si serán capaces, ya que nunca antes habían visto que fuera una posibilidad. Laura también detecta una desinformación generalizada y sensación de miedo al enfrentarse a equipos tradicionalmente masculinos.

Ella Construye, empresa que forma a mujeres en el sector de la construcción. / CEDIDA
La arquitecta cree que, pese a que el 8M ha sido clave para poner sobre la mesa innumerables desigualdades estructurales, generar conversación y conciencia, todavía queda mucho trabajo por delante. Nunca mejor dicho. “Especialmente en ámbitos menos visibles mediáticamente. La igualdad real se consigue con cambios en formación, contratación y cultura empresarial. Las compañías dudan de si habrá suficientes candidatas o de si el entorno está preparado. Otras simplemente no han revisado sus procesos internos desde una perspectiva de igualdad. No todas. Algunas empiezan a diversificar sus equipos”, añade. Laura ofrece formación práctica y aplicada, pensada para que las mujeres ganen seguridad con las herramientas y entiendan cómo funciona una instalación en la vida real: “Más allá de los cursos, trabajamos el acompañamiento emocional, la creación de red y el seguimiento posterior, para que no se sientan solas en sus primeros pasos dentro del sector”.