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PIONERAS MADRILEÑAS (IV)

Ceferina Cuesta: "No teníamos casco, ni uniforme. Madrid tenía tres UVI móviles. En el Samur éramos seis médicos y yo, la única mujer"

Es la primera mujer médico en el Samur-Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid. Actualmente es una de las jefas de Guardia del servicio

Ceferina Cuesta, primera médica del Samur de Madrid.

Ceferina Cuesta, primera médica del Samur de Madrid. / Alba Vigaray

Marina Armas

Marina Armas

Madrid

Ceferina Cuesta fue la primera mujer médica del Samur-Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid y hoy es una de las jefas de Guardia del servicio municipal de emergencias. Forma parte de la primera generación de profesionales que levantaron el Samur desde sus inicios en los años noventa y ha intervenido en algunos de los episodios más duros vividos en la capital. En 2011 recibió la Medalla al Mérito Social del ayuntamiento madrileño después de liderar una intervención en la que practicó una cesárea de urgencia a una mujer fallecida tras un tiroteo en una iglesia, logrando salvar la vida del bebé.

¿Qué momento de tu vida te hizo decir: "Quiero dedicarme a la medicina de emergencias"?

Llegué casi de casualidad. Yo acababa de terminar la carrera en la Complutense de Madrid y estaba haciendo suplencias, en aquel momento en un barco de crucero de Transmediterránea. Entonces mi hermana, que trabajaba en el Ayuntamiento de Madrid, me avisó de un curso para empezar en las nuevas ambulancias extrahospitalarias municipales, algo muy novedoso entonces. Solo existía el antiguo parque de ambulancias básicas que se les llamaba desinfectores. Hice el curso de unas 80 horas, pero en principio habían elegido a siete médicos de las antiguas Casas de Socorro, pero cuando dos renunciaron me llamaron a mí. Empecé con un contrato de tres meses, fui encadenando renovaciones hasta quedarme. Entré en Samur el 1 de julio de 1991 y desde entonces.

¿Cómo estaba organizado el Samur en aquel entonces?

Al principio Samur empezó con tres UVI móviles (las unidades de soporte vital avanzado) y una base única en Legazpi. Salíamos todos desde allí a cubrir todo Madrid, sin bases repartidas como ahora. Poco a poco nos dejaron espacios en Casas de Socorro para poder estar, porque al inicio incluso llegábamos a patrullar porque no teníamos un sitio fijo donde asentarnos.

En esos primeros tiempos también había cierta "competencia" con el 061 (lo que hoy es el Summa), que ya llevaba tiempo en la calle. Si el aviso era lejos, cuando llegábamos a veces el incidente ya estaba resuelto o el paciente trasladado; hasta que se fueron delimitando funciones y se establecieron procedimientos, era todo bastante improvisado.

En cuanto a los equipos, al comienzo la dotación era variable porque éramos pocos, pero se consolidó el modelo actual: en avanzada, médico + enfermera + técnico, y en básicas, dos técnicos. También evolucionaron los turnos: de 8 horas al principio, y más adelante a jornadas más largas, hasta 24 horas.

¿Recuerdas tu primer servicio?

Fue apoteósico. Mi primer día en Samur fue el 1 de julio de 1991 y me estrené con un atentado. Íbamos en la UVI móvil dos médicos y un técnico. Nos mandaron a un preventivo por un paquete sospechoso en una nave de paquetería (Express Cargo, por Villaverde, si no recuerdo mal), con los TEDAX allí. De repente hubo una explosión enorme, era una bomba. Entramos corriendo y, en aquel entonces, ni casco ni uniforme como ahora. Ni esperar a la Policía. Dentro estaba todo derruido. Había tres víctimas: dos fallecidas y una herida, que fue trasladada al 12 de Octubre y falleció después. No se me va a olvidar en la vida porque empecé en Samur con un atentado.

Ceferina Cuesta, primera médica del Samur de Madrid, en las instalaciones del Samur en Casa de Campo.

Ceferina Cuesta, primera médica del Samur de Madrid, en las instalaciones del Samur en Casa de Campo. / Alba Vigaray

En una intervención que te toca por dentro como esa, ¿cómo se gestiona emocionalmente entonces y cómo te cuidas tú?

Yo creo que, cuando estás trabajando, te pones como una especie de barrera. En el momento estás centrada en atender al paciente y en sacarlo adelante. No piensas demasiado en lo que está pasando alrededor. Pero cuando termina el aviso es cuando llega el bajón: lloras, lo cuentas o lo sueltas de alguna manera.

En casi 35 años de servicio he vivido situaciones muy duras -como el 11M, cuando yo estaba de guardia-, y hay casos que te tocan especialmente, sobre todo cuando hay niños o familiares alrededor. A veces lo más duro no es solo el paciente, sino lo que ves alrededor: el dolor de una familia, de unos padres… eso impacta mucho. Aquí los compañeros son fundamentales, porque todos vivimos cosas parecidas y nos entendemos muy bien. Con ellos es con quienes más te desahogas. Fuera, muchas veces la gente no puede imaginar lo que ves o lo que sientes.

Yo intento no quedármelo dentro. Si algo me ha afectado mucho, lo cuento, lloro si hace falta y lo comparto. Creo que lo importante es sacarlo. Hay cosas que nunca se olvidan, pero con el tiempo aprendes a mirarlas con otra perspectiva. Y, al final, cada uno lo gestiona como puede.

Cuéntame una intervención que represente "lo mejor" de Samur: una en la que pensaste "esto funciona".

Hay muchas. Una de las más gratificantes, por supuesto, es una parada en la que consigues sacar a la persona adelante. Eso te marca y te confirma que el sistema funciona. Pero también hay intervenciones mucho más "pequeñas" que representan muy bien lo que es Samur, porque nuestro trabajo es en la calle y no siempre son casos gravísimos. Hay mucho problema social: un anciano solo en un domicilio del que nadie se ocupa, una situación de abandono, o una sospecha de maltrato, tanto en niños como en mayores. Y ahí, a veces, lo importante es detectar lo que está pasando y activar el circuito: notificarlo y poner en marcha un proceso para que esa persona reciba ayuda y protección.

En esos casos también piensas: "Esto funciona", porque estás dando respuesta a una urgencia médica… pero también a una realidad social. Y en ese tipo de emergencias, al final, la voz de mando y el criterio del equipo, y del médico, importan.

En una emergencia, la voz de mando importa. ¿Sentiste que una mujer tenía que "sonar" diferente para que la escucharan?

La verdad es que no. Dentro de Samur yo no lo he notado, ni con mis compañeros, ni en el ambiente laboral, ni con los pacientes. Si acaso, con otras instituciones podría haber pasado alguna vez, no sé… quizá con bomberos u otros cuerpos, pero en Samur, sinceramente, no. Y eso que al principio éramos casi todo hombres, porque en el parque de ambulancias no había prácticamente mujeres. Entré yo como médico y luego se incorporaron enfermeras y técnicas. Aun así, en mi experiencia, desde el primer día en el equipo me trataron bien y no recuerdo haber vivido una discriminación o comentarios por ser mujer. Puede sonar raro, pero es la verdad.

Quería hablar de la conciliación… ¿Es compatible con la maternidad o la vida familiar?

En mi experiencia, sí. Los turnos han ayudado bastante a la conciliación. Primero trabajamos con turnos de 17 horas y librábamos tres días, y cuando pasamos a 24 horas, librábamos cinco. Eso facilita mucho más que un horario de 8 horas en el que tienes que ir todos los días. Yo tengo un hijo de 28 años y cuando nació pude disfrutar de la baja y de algunos días más que daba el Ayuntamiento. Volví a trabajar cuando tenía unos 10 meses. Además, con el tiempo se han ido ampliando medidas como la reducción de jornada, así que creo que en ese sentido la conciliación ha ido mejorando bastante.

Para quien no lo ha vivido: ¿cómo es una guardia típica de una médica de Samur-PC en una ciudad como Madrid?

Cada día es diferente. Siempre piensas que ya lo has visto todo, pero al día siguiente pasa algo nuevo. Normalmente, llegas, haces el relevo con el equipo anterior y te vas con tu equipo -médico, enfermera y técnico- a la base que te toque, porque vamos rotando según el cuadrante. Una vez allí, básicamente estás pendiente del aviso: revisas material, puedes estudiar, revisar cosas en el ordenador… y en cualquier momento puede sonar la emisora y salir a una intervención. Y a partir de ahí, cada servicio es distinto.

¿Qué legado te gustaría dejar?

Como legado, me conformaría con haber aportado mi granito de arena para que Samur haya crecido y se haya transformado hasta ser lo que es hoy, en todos los niveles. Si mi trabajo ha servido para enriquecer esa trayectoria, ya me daría por satisfecha.

¿Qué consejo le das a una chica madrileña que quiere ser médica de emergencias en SAMUR-PC?

Le diría que venga con entusiasmo. A mí, después de tantos años, sigue siendo un trabajo que me gusta, porque vengo contenta y no estoy quemada, y espero mantener ese entusiasmo hasta la jubilación. Este es un trabajo duro y muy exigente; si no te gusta de verdad, se hace cuesta arriba. Por eso pido ganas, implicación y una actitud buena ante lo que toque, sin despreciar a ningún paciente ni a ninguna situación. También le aconsejaría formarse y seguir aprendiendo siempre.

Ceferina Cuesta, primera médica del Samur de Madrid.

Ceferina Cuesta, primera médica del Samur de Madrid. / Alba Vigaray