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PIONERAS MADRILEÑAS (II)

Pilar Landeira: "Mi mayor preocupación era no equivocarme en el arbitraje, porque cometer errores conducía rápidamente a vincularlo con mi condición de mujer"

Pionera en el arbitraje de baloncesto, recuerda cómo fue abrirse camino en un entorno dominado por hombres, dirigiendo casi 200 partidos en la ACB y cinco en los Juegos Olímpicos de Sídney

Pilar Landeira, exárbitro de baloncesto, en Barcelona.

Pilar Landeira, exárbitro de baloncesto, en Barcelona. / Ferran Nadeu / EPC

Marina Armas

Marina Armas

Madrid

Pilar Landeira es una de esas pioneras que abrieron camino cuando casi nadie miraba hacia los banquillos. Referente del arbitraje en el baloncesto español, la madrileña dirigió 194 partidos en Primera y llegó hasta la élite mundial con cinco encuentros en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 (Australia), una cifra que resume su trayectoria a base de rigor, carácter y una enorme pasión por el juego. Hoy, desde Barcelona, combina su mirada meticulosa con el trabajo en el Parc Sanitari Pere Virgili como Técnica de Datos en el departamento de Informática y TIC - a las puertas de la jubilación- y mantiene intacto su compromiso con el deporte como directiva de la Federación Catalana de Baloncesto. Con ella hablamos de barreras, de decisiones valientes y de todo lo que no se ve detrás de una carrera histórica.

Si abre el álbum y vuelve al principio, ¿en qué momento una joven decide ser árbitra y qué le enganchó del arbitraje?

Empecé a arbitrar en el año 1974 en Cáceres, en la Universidad Laboral, donde estaba realizando los estudios de bachillerato con una beca. Acabados los estudios de bachillerato vuelvo a Madrid y me inscribo en el Comité Madrileño de Árbitros. El azar fue el que me condujo a ser árbitro de baloncesto; en Cáceres en la asignatura de Educación Física se practicaban los tres deportes básicos: baloncesto, balonmano y voleibol; practicaba balonmano (era la portera del equipo de la Universidad Laboral), pero hice el curso para ser árbitro de balonmano y baloncesto; me inicié arbitrando la liga interna de la Universidad Laboral. Arbitrando los partidos me sentía cómoda y observaba que mis decisiones eran aceptadas mayoritariamente por las jugadoras, y, al volver a Madrid, decidí dejar el balonmano y continuar con la actividad de árbitro de baloncesto.

¿Qué referentes tuvo (o qué le faltó ver) cuando empezaba?

No puedo decir que tuviera un referente. Tuve la suerte de poder arbitrar con los árbitros de mayor nivel en Madrid (lo que anteriormente era la 1ª División Nacional) y de ellos aprendía aquello que me parecía mejor y que se adaptaba a mi arbitraje. Tanto ellos como yo, en aquella época, se era autodidacta y aprendías a base de experiencia o de los consejos que te daban árbitros más veteranos y, en este sentido, un agradecimiento a todos ellos, que me ayudaron a llegar al máximo que puede aspirar un árbitro de baloncesto.

¿Cómo fue formarse y abrirse camino desde Madrid? ¿Qué apoyos y obstáculos encontró?

Comencé a arbitrar en Madrid en la temporada 1975-76 y, como he comentado anteriormente, la formación era totalmente autodidacta. Las dificultades… luchar con los estereotipos sociales y culturales de aquella época (años de cambios políticos importantes en España, época de la Transición). Afortunadamente, encontré en mi camino árbitros más veteranos e informadores arbitrales, cuando llegué a categorías nacionales, que me aconsejaron y que me ayudaron mucho en mi progresión como árbitro.

Si tuviera que describir el "ecosistema" del baloncesto madrileño, y nacional, de entonces, ¿cómo era para una mujer que quería arbitrar?

En los años 70 el baloncesto en Madrid tenía una gran notoriedad, con grandes equipos a alto nivel de competición, tanto masculinos como femeninos y grandes clubs de cantera que fueron fundamentales en la formación de jugadores/as en los barrios de Madrid. Pero al igual que el resto de la sociedad, estaba impregnado de los estereotipos y actitudes sexistas de la etapa social anterior, aunque, sí que es verdad, que la sensación de apertura que se vivió en esos años, ayudó a favorecer la presencia de la mujer en muchos de los ámbitos sociales que estaban reservados para los hombres.

Su primer partido en ACB fue en 1992. Y era la primera mujer en dirigir, ¿era consciente de lo histórico? ¿Qué escena recuerda?

El recuerdo que siempre perdura en mí del primer partido es la gran responsabilidad que me invadía y el alto nivel de concentración. No era consciente de lo que representaba, de hecho, esa consciencia la he tenido al pasar los años, después de mi retirada y, ahora, siento una gran satisfacción al ver que esa puerta que se abrió en 1992 sigue siendo transitada, por más árbitras de baloncesto con un alto nivel técnico y gran calidad en su arbitraje.

¿Cómo se definiría como árbitra y qué es lo más difícil de gestionar en pista?

Fui árbitra en activo durante 30 años y, evidentemente, mi arbitraje fue evolucionando con el tiempo. Cuando arbitraba mi objetivo principal era la honestidad, ser justa por encima de todo y ser dialogante cuando el momento lo permitía, aplicando el criterio arbitral definido. Lo más complicado en la pista, en mi opinión personal, es saber gestionar las reacciones de los jugadores/entrenadores cuando se produce una no aceptación de la decisión arbitral que se ha tomado.

¿Qué le daba más miedo de verdad entonces: poder equivocarse o que le cuestionaran por ser mujer?

Mi mayor preocupación era no equivocarme en la decisión que había tomado, porque cometer errores conducía rápidamente, en el contexto andrógino que se tenía del arbitraje, a vincularlo con mi condición de mujer.

¿Cómo reaccionaban jugadores y entrenadores al tener una árbitra? ¿Algún comentario o gesto que le marcara (para bien o para mal)?

Al principio se veía como algo extraño, pero, poco a poco, clubes, jugadores, público, compañeros... se van acostumbrando. Tengo que agradecer a entrenadores y jugadores, en los años que estuve como árbitro de ACB, su comportamiento, en su mayoría muy correctos. Y el comportamiento del público... como con el resto de mis compañeros, la diferencia era que los insultos, como creo que ocurre ahora, tenían un cierto matiz sexista.

Dirigió casi 200 partidos en la ACB, y también 5 en los Juegos Olímpicos de Sídney, ¿Qué supuso para usted? ¿Notó un antes y un después al volver a España?

Haber estado en los Juegos Olímpicos fue una experiencia inolvidable. Tengo muy buenos recuerdos, siempre especiales. Hay un sitio especial en casa para el Diploma Olímpico y la medalla de plata que te dan por ser designado. Vivir aquello te genera unos sentimientos que, si no los vives, no los puedes explicar. El sueño de todo deportista es ser olímpico y es lo mismo, para un árbitro.

Pilar Landeira en los Juegos Olímpicos de Sydney en el 2000.

Pilar Landeira en los Juegos Olímpicos de Sydney en el 2000. / CEDIDA

Abrió una puerta histórica, pero desde entonces solo cuatro mujeres han dirigido un partido. ¿Por qué cree que son tan pocas? ¿falta de oportunidades, un camino más duro para las mujeres, la soledad del arbitraje o que muchas se quedan por el camino?

El acceso de las mujeres al ámbito del arbitraje ha sido tardío y lleno de dificultades. Se han tenido que ir superando barreras creadas por estereotipos sociales y culturales. Luchar contra ideas del tipo: la mujer es inferior a los hombres para ser árbitro, posee menor capacidad física, su cuerpo se masculiniza, menor capacidad emocional y, sobre todo, el tema de la maternidad y el tema laboral, que han condicionado y condicionan la "fidelización" en relación al arbitraje. El gran cambio se ha producido por los cambios a nivel social-movimiento igualador en relación a la participación de la mujer en todos los aspectos sociales y laborales y el hecho, evidente, de que las mujeres pueden "arbitrar" al igual que los hombres.

Para potenciar el arbitraje femenino, para mí, la ecuación sería: formación (consecución de las habilidades necesarias con una inversión del tiempo necesario), oportunidad (trato de equidad no de igualdad) y confianza (tener la opción de demostrar su calidad arbitral y técnica).

¿Qué decisiones o políticas, en federaciones y ligas, serían un “cambio estructural” y no solo gestos?

Personalmente creo que el cambio fundamental es la presencia a nivel directivo de las mujeres, pero directivos de "alto rango" con poder de decisión y que se articulen medidas que vayan dirigidas a la equidad. En mi opinión la hoja de ruta debería ser sensibilizar y concienciar a la necesidad de un cambio; educación en género en todos los ámbitos sociales; y potenciar y visualizar la figura de la mujer en el deporte.

Para finalizar, ¿qué le gustaría que una niña madrileña que hoy arbitra en categorías base supiera de antemano?

A quienes quieren empezar les digo dos cosas: que lo prueben y que no tengan miedo, porque si es así no van a ir a ninguna parte; el camino no será fácil, como todo en la vida, pero, más que los éxitos, serán los tropiezos que tendrá en el camino los que le harán crecer como árbitra y como persona potenciando sus valores y principios. Y un último consejo, que adquiera una formación académica adecuada, porque del arbitraje no podrá vivir toda su vida, aunque lleguen al máximo nivel.