PIONERAS MADRILEÑAS (I)
Esperanza Aguirre: "La meritocracia estaba presente en quienes ocupábamos cargos políticos. En todos los partidos. No había cuotas"
La política madrileña fue la primera mujer en presidir la Comunidad de Madrid y la primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, también fue la primera en ocupar la Presidencia del Senado

La política madrileña Esperanza Aguirre. / José Luis Roca

Esperanza Aguirre ha dejado huella en más de tres décadas de carrera política, abriendo camino en escenarios donde no era habitual ver a una mujer en primera fila. Tras las elecciones de mayo de 1995, dentro del PP ya y bajo la alcaldía de José María Álvarez del Manzano, fue pionera en el Ayuntamiento de Madrid al convertirse en primera teniente de alcalde. Luego dio el salto a la política nacional con el primer Gobierno de José María Aznar como ministra de Educación y Cultura, y más tarde fue la primera mujer en ocupar la Presidencia del Senado. Ya al frente de la Comunidad de Madrid (2003-2012), la política madrileña consolidó un estilo de liderazgo muy reconocible que la ha mantenido durante años en el centro del debate político español.
Cuando comenzó en política, en los 80, la presencia femenina en puestos de máxima responsabilidad era muy limitada. ¿Qué recuerdos guarda de esos primeros años y qué dificultades percibían las mujeres que aspiraban a liderar?
Más que por ser mujeres, se nos valoraba por nuestra formación académica. En aquellos años, todas las que empezamos teníamos una formación académica muy sólida. No solo en el PP, también en el PSOE. La meritocracia estaba presente en quienes ocupábamos cargos políticos. Hoy tengo la sensación de que la formación académica pesa menos y se priorizan otras cuestiones.
¿Encontró a alguien que te apoyara o la desafiara especialmente en tus primeros años?
Algunos hubo. Llegaron a decir que yo era un capricho de Pedro Schwartz. Y, modestamente, después de dejar Unión Liberal, yo desarrollé una carrera política importante.
Usted fue la primera mujer en presidir el Senado y la Comunidad de Madrid. ¿Qué significó para usted romper ese techo de cristal y ser la primera en llegar a esas presidencias?
Tuve la oportunidad de ser "la primera" en varios cargos: teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, ministra de Educación, presidenta del Senado y presidenta electa de una comunidad autónoma. En ese sentido, fue importante abrir camino. En aquellos tiempos, como no había cuotas, nos elegían por méritos. Yo estoy en contra de toda discriminación, incluso de la discriminación positiva.
¿Lo vivió como una responsabilidad añadida por ser mujer o como un reto político más?
Nunca sentí una responsabilidad especial por ser mujer. Sí por procurar hacer lo mejor posible en el servicio público para servir mejor a los ciudadanos.
¿Recuerda alguna frase que reflejara que se la evaluaba de manera distinta por ser mujer?
Quizá comentarios del tipo: "¿Cómo compagina usted la vida familiar con la vida política?". Eso no se lo preguntan a los hombres.
La política exige mucho tiempo y compromiso. ¿Cómo fue compaginar ambas facetas de su vida? ¿Cree que sigue existiendo ese obstáculo?
Con bastantes dificultades. En la educación de los hijos tuve mucha ayuda, por supuesto, de mi marido, con el que acabo de celebrar 51 años de casados. Ahora tengo que decir que estoy disfrutando más de la infancia de los nietos que de la de los hijos. Yo creo que la política no se puede meter en nuestras vidas personales y familiares.
Mirando atrás y también al presente, ¿cree que las mujeres tienen hoy igualdad de oportunidades en España? ¿Qué falta para que una mujer llegue a ser presidenta del Gobierno?
No creo que haya que elegir a un presidente del Gobierno por ser mujer. Creo que hay que elegir a la persona que tenga más apoyo entre los españoles, por apoyo electoral.
Volviendo a su presidencia en la Comunidad de Madrid durante casi una década. ¿De qué decisión o logro se siente más orgullosa?
De haber aplicado mis principios políticos a la política autonómica. En educación, permitir que los padres elijan el colegio de sus hijos independientemente del lugar donde vivan y hacer pruebas de conocimientos y destrezas. También la libertad de elegir hospital y médico, y cambiar la licencia de obras por la declaración responsable para poder empezar las obras inmediatamente y que luego inspeccione el ayuntamiento. Ah, y de haber implantado la libertad de horarios comerciales.
Mirando atrás, ¿qué le enseñó gobernar la región, tanto en lo político como en lo personal?
Me enseñó que el apoyo de los ciudadanos es fundamental. Yo pude hacer muchas de las cosas que hice frente al Partido Socialista y a Izquierda Unida porque los madrileños me dieron mayorías absolutas.
Madrid durante desde su presidencia hasta ahora ha ido cambiando mucho, ¿qué cree que la hace tan especial?
Madrid ha mejorado tanto porque se han aplicado políticas liberales: bajadas de impuestos, supresión del impuesto de patrimonio y del de sucesiones y donaciones, bajadas del IRPF y, en general, no subir impuestos. Nunca hemos subido ninguno, ni yo ni quienes me han sucedido. Eso ha hecho de Madrid una comunidad business friendly (amiga de los empresarios).
Si pudiera volver por un día a su despacho en la Puerta del Sol, ¿qué le diría a aquella Esperanza Aguirre de entonces?
Antes incluso de pensar en la Puerta del Sol, si volviera a mi despacho como primera teniente de alcalde, restablecería una ordenanza que obligaba a las empresas adjudicatarias de obras a colocar un cartel informativo: en qué consiste la obra, cuánto cuesta, qué día empieza y qué día termina. Me parece una auténtica vergüenza que muchas obras se eternicen y no haya manera de saber cuándo van a terminar. En mi barrio estamos rodeados de obras; por ejemplo, la de la calle del Espíritu Santo lleva cortada y en obras desde junio.
En cuanto al despacho de la Comunidad de Madrid, creo que hice todo lo que pensaba que se podía hacer, aunque siempre se podría haber hecho algo más. Pero, si me quedo con una idea clara, es esa: debí haber repuesto aquella ordenanza.
Mirando al futuro, ¿qué consejo le daría a las jóvenes que quieran dedicarse a la política
Les diría que la política es un servicio público, un servicio a los demás. Es una etapa de la vida, pero no deberíamos convertirla en una profesión. Hay que dedicar los mejores años al servicio público, sí, pero también contar con una formación académica y una profesión a la que volver para no tener que depender de políticos que dan órdenes en las que una no cree.
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