CUIDADOS VETERINARIOS
El hospital de fauna salvaje en Madrid que repuebla Europa con especies en peligro de extinción: "El ser humano tiene la culpa en el 90% de los casos"
Ubicado en Majadahonda, el Grupo de Rehabilitación de Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA) ha atendido más de 120.000 animales desde su creación hace 45 años

Sara Fernández

Se trata de un ejemplar de búho real. Lleva varios días ingresado por una afección en los ojos. Puede abrir uno de ellos. El otro no. El pronóstico es bueno, pero debe permanecer en tratamiento hasta encontrarse en plenas condiciones para regresar al medio. “Dependiendo del problema con el que lleguen pueden estar 15 días, en caso de ser una pequeña herida o contusión; tres meses, que suele ser la media; y hasta un año en casos más complicados”, explica Ernesto Álvarez, presidente del Grupo de Rehabilitación de Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA), ubicado en Majadahonda. Junto a varios amigos y con apenas 19 años, fundó el centro que este año celebra su 45 aniversario con más de 120.000 animales atendidos desde entonces: “Éramos un grupo de chavales, cada uno con un trabajo distinto. Nos gustaba hacer rutas por el campo y recoger animales heridos. Los cuidábamos en nuestras casas, hasta que empezamos a hacerlo en una subestación eléctrica próxima a Boadilla del Monte. Con el tiempo llegamos a un acuerdo de cesión de terrenos y acabamos aquí, el actual hospital”.
Ernesto y compañía pasaron de tener capacidad para 300 animales los primeros a atender más de 7.000 ejemplares al año en la actualidad. Con 50 empleados en plantilla y una red de más de 100 voluntarios repartidos por el territorio nacional, esta Organización No Gubernamental es una de las más grandes del continente. “La población está cada vez más sensibilizada con la fauna silvestre, incluso los cazadores. Se vela más por las especies protegidas. Antes llegaban más animales disparados. Aún así, más del 90% de los que llegan aquí lo hacen por culpa del ser humano”, suma. Durante el año pasado, en el hospital de fauna salvaje ingresaron 7.109 ejemplares, de los cuales el 92% fueron aves, un 6% mamíferos y el 2% restante anfibios y reptiles. Según datos publicados, los meses de mayor actividad en el centro fueron mayo, junio y julio, coincidiendo con la época de reproducción de muchas especies. El 70% de estos fueron trasladados por particulares hasta las dependencias del GREFA y más de un 40% volvieron a la libertad tras recibir los cuidados necesarios. Aproximadamente un millar de estos animales pertenecían a especies amenazadas o en peligro de extinción a escala regional o estatal.

Ernesto Álvarez, presidente y fundador de GREFA, junto a dos ejemplares de cigüeña negra que no pueden ser devueltos al medio. / Alba Vigaray

Dos veterinarias vendan el ala de un ejemplar de búho real con heridas tras engancharse con un vallado. / Alba Vigaray /
“Las especies más comunes son las que cualquier madrileño puede encontrarse. Por circunstancias, es más fácil dar con aves, pero cualquiera puede ser atendido aquí. Mientras que en primavera ingresan muchos pollos y animales jóvenes que han caído del nido en un entorno urbano, en época de caza son más las aves carroñeras. Son bastantes las que llegan con una intoxicación por plomo, especialmente buitres negros, buitres leonados o milanos. Las rapaces ocupan gran parte de nuestro trabajo, pero también atendemos a zorros, corzos, erizos, murciélagos y galápagos leprosos, entre otros. El año pasado, el animal más frecuente suele ser el vencejo, con más de 1.000 ingresos en épocas de calor”, relata Fernando González, director veterinario de GREFA. Comenzó como voluntario a finales de los 90 y no empezó a trabajar hasta que terminó la carrera, unos años después. Fue su inquietud por la conservación y la fauna silvestre lo que hizo que aterrizara aquí al inicio de su trayectoria profesional. Desde entonces, su trabajo no ha dejado de evolucionar.
Sala de necropsias
“Más que por las rutinas de trabajo y la visión del centro, que son las mismas, por las nuevas necesidades que han ido surgiendo. Por ejemplo, one health, una visión más amplia de la conservación en la que la medicina animal, la humana y el medio ambiente están interconectados”, explica. Cada mañana, Fernando se reúne con el equipo veterinario del hospital, voluntarios y estudiantes para comentar los casos clínicos e informar de cualquier novedad: “Nos distribuimos en diferentes áreas de trabajo: las veterinarias de necropsias, los de laboratorio y los de clínica. Comenzamos en paralelo. La parte clínica atiende las emergencias de ese día y después continuamos los tratamientos de todos los ejemplares que estamos estabilizando. Los últimos son aquellos pacientes que se encuentran en la fase final de su recuperación y que requieren de fisioterapia y rehabilitación”. Sangre, heces y parásitos son analizados cada vez que un nuevo paciente llega a Majadahonda. “Lo procesamos en el laboratorio mientras, en paralelo, investigamos cómo se encuentra el entorno del que viene. Si tenemos la desgracia de que el animal muere o hay que eutanasiar para evitar sufrimiento, pasan a la sala de necropsias”, añade.

Fernando González, director veterinario de GREFA. / Alba Vigaray

Dos ejemplares de águila imperial en tratamiento, a la espera de ser reintroducidos en el medio. / Alba Vigaray
Gracias a la autopsia, González y su equipo pueden descubrir la causa de muerte real: “Muchas veces la causa de ingreso que a nosotros nos aparenta, esconde otras detrás. Un ejemplo sería encontrar un animal muerto en la carretera. Lo más obvio es pensar que ha sido un accidente casual. Aún siendo así, lo que ocurre frecuentemente es que no estaba en buenas condiciones previamente y por eso es atropellado. Quizás está enfermo o intoxicado”, insiste. No trabajan solos. Agentes forestales, SEPRONA, Policía y Bomberos son de gran ayuda, especialmente cuando sospechan de un delito ambiental: “Nos lo traen para diagnosticar si se trata de una electrocución, arte ilegal de caza u otro problema. Hacemos un informe y lo llevan a la Fiscalía para denunciarlo. En ocasiones nos toca hacer de peritos”. El trabajo de estos veterinarios también implica salir al medio natural con frecuencia para marcar ejemplares, trabajar en nidos o realizar alguna captura, asegurándose de que el animal se encuentra en buenas condiciones durante todo el proceso.
Proyectos de repoblación
“Son salvajes, así que si se dejan atrapar es que ya están en malas condiciones. Y necesitamos dejarlos en perfectas condiciones. Un perro sin una pata puede vivir felizmente en casa. Sin embargo, soltar un zorro en esas circunstancias es condenarlo a una muerte segura”, lamenta. Aquellos pacientes que no pueden volver al medio natural pasan a formar parte del stock reproductor de GREFA en especies amenazadas. Y el resto sirven para programas educativos. En el laboratorio, otro de los pilares del centro, se analizan todo tipo de muestras. “Por un lado, lo entendemos como parte del diagnóstico clínico. Y por otro, supone una primera línea de defensa de los patógenos que hay en el medio”, cuenta Alberto Alvarado, uno de los veterinarios. Gracias al método one health, detectan bacterias como salmonela o E. coli, importantes para la salud pública. “Algunos aparatos se usan también en medicina humana. Las bioquímicas analizan la glucosa o el colesterol, el termociclador con las PCR… Con ayuda de la inteligencia artificial contamos las células en las máquinas de hematología. Es un avance. Normalmente los contajes se hacen a mano. Si sale adelante, será un plus para centros de recuperación y parques zoológicos”, añade.

Dos veterinarios de GREFA revisan los ojos a un búho real. / Alba Vigaray

Alberto Alvarado, veterinario en el laboratorio de GREFA, en Majadahonda. / Alba Vigaray
El GREFA también es líder en proyectos internacionales de reintroducción de especies en peligro de extinción. “Somos uno de los centros más grandes de Europa. Gracias a un programa de la Unión Europea llamado LIVE, que financia proyectos de recuperación de fauna, hemos colaborado con Bulgaria, Grecia y Turquía para ampliar la población de buitre negro. Mandamos ejemplares desde aquí. También lo hacemos en Burgos o Tarragona. En el caso del pigargo europeo cooperamos con Noruega”, sostiene el presidente, Ernesto Álvarez. Cuando él llegó a Madrid sólo había 30 parejas de águila imperial, mientras que en la actualidad superan las 100 únicamente en la Comunidad. Ocurre lo mismo con el buitre negro, que ha pasado de 600 a 3.000 parejas. “Esto ha sido gracias a la protección. El cernícalo primilla, por el contrario, un animal urbano y estepario, ha reducido el número de ejemplares a la mitad. Por eso, desde el centro, construimos primillares en el medio natural y soltamos algunos ejemplares cerca, para que vivan y se reproduzcan allí. En el GREFA nacen 300 ejemplares al año y son reintroducidos por todo el país”, zanja orgulloso.