QUÉ FUE DE...
Ana Leza, la actriz que se casó con Antonio Banderas y le ayudó a establecerse en Hollywood
La de San Sebastián se divorció del actor y empresario malagueño en 1995 y poco después de eso empezó a retirarse de los focos

Ana Leza, junto a Carmen Maura, en un fotograma de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'. / ARCHIVO
Nadie dijo que fuera fácil llegar a convertirse en una estrella en Hollywood. Esto lo sabe requetebién Antonio Banderas, que a los 19 años abandonó su Málaga natal para disgusto de sus padres, un comisario de policía y una maestra que querían que opositara, dispuesto a probar suerte como actor en Madrid, donde se plantó con 10.000 pesetas en el bolsillo. “Pasé mucha hambre y dormí en muchas pensiones”, dijo hace poco a Lecturas. “El primer año dormí en nueve pensiones y me acuerdo del nombre de algunas de ellas: Pensión Hostal Zaragoza, Pensión Doña Antonia... Pero mis recuerdos no se circunscriben al hambre que pasé o a las pensiones en las que me hospedé durante el primer año en Madrid. Tengo un recuerdo muy bello, porque había salido de casa, me sentía libre, con muchas ganas de hacer cosas. Era muy joven”.
Una vez en la capital española, Banderas tuvo que batallar bastante para conseguir sus primeros papeles. De todas las personas con las que se cruzó entonces, dos acabarían jugando un papel decisivo en el desarrollo de su carrera. La primera es el cineasta Pedro Almodóvar, que quedó cautivado por su belleza y le dio un papel en cinco de sus primeros largometrajes, entre ellos Laberinto de pasiones (1982), La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) o Átame (1989), gracias a las cuales se empezó a dar a conocer en Estados Unidos. La otra persona clave en su vida es Ana Leza, una joven natural de San Sebastián, aunque criada en Madrid, que en los años 80 trabajaba ocasionalmente en teatro, una pasión que le contagió su madre, la también actriz Concha Leza.

Ana Leza, en 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'. / ARCHIVO
Banderas y Leza se conocieron de forma casual en una de tantas noches de parranda y en julio del 87, después de solo seis meses de noviazgo, se casaron en la madrileña iglesia de San Nicolás, con Carmen Maura oficiando de madrina. Algo después, la novia compartió su felicidad con la revista ¡Hola!, a la que aseguró que había asumido perfectamente la popularidad de su ya entonces marido. “Lo que hago es aprender todo el tiempo de él, porque su experiencia me vale a mí muchísimo. Tener a Antonio a mi lado, además de ser un apoyo siempre en mi vida, supone también una fuente de inspiración porque es un maestro. Yo me fijo en su técnica. Estoy muy orgullosa de él. Yo tengo otro nivel y estoy muy contenta de los trabajos que he hecho hasta ahora”.
A principios del 89, el malagueño se desplazó hasta Los Ángeles para asistir a la ceremonia de los Oscar, donde Mujeres al borde de un ataque de nervios estaba nominada a mejor película extranjera. Unos días antes de la gala, unos trabajadores de la agencia ICM entrevistaron a sus protagonistas buscando posibles perfiles para producciones estadounidenses, pero la prueba le salió fatal a Banderas, que por aquel entonces no hablaba nada de inglés. Pese a esto, al salir del casting conoció de forma casual a Manuel Núñez, que trabajaba para los agentes de ICM y se ofreció a ser su representante. No mucho después citaron al actor en Londres para una prueba con el director americano Arne Glimcher, que estaba preparando el filme Los reyes del mambo, sobre dos músicos cubanos que emigran de su tierra en busca de éxito.

Antonio Banderas, fotografiado en Berlín en 1996. / NESTOR BACHMANN
Banderas se aprendió una parte del guion de memoria, gustó a los que hacían el casting y fue citado en Nueva York, donde finalmente le dijeron que el papel era suyo. Por lo visto, Leza acompañó al malagueño a Hollywood a rodar esa cinta, en la que hasta ella hizo un cameo. “Lo de incluir a Ana en la película fue idea del director Arne Glimcher, incluso de que figurara con mi apellido. Siempre que iba a buscarme al rodaje la animaba para que hiciera algo y al final le dio un pequeño papel donde está estupenda”, contó a una revista el malagueño, que tuvo que ponerse a estudiar inglés durante dieciséis horas diarias y aprender a tocar la trompeta para poder interpretar a su personaje en esa cinta, Néstor Castillo.
Un papel clave
Es más, el propio actor ha reconocido que su entonces esposa fue fundamental en las pruebas de Estados Unidos: “Ana me ayudó a traducir el guion, a trabajarlo, me dio mucha confianza. Sin ella no hubiese conseguido el papel”. Aquel mismo año, Banderas se convirtió en el primer actor español que participaba en la ceremonia de entrega de los Oscar. Después, el hombre vivo más sexy del mundo (así lo definió Billy Cristal) recordaría con asombro el momento en que su esposa fue con él al Dorothy Chandler Pavilion de Los Angeles a entregar la estatuilla dorada a los mejores efectos especiales de sonido. “Cuando bajé del escenario después de entregar el premio me encontré con Ana charlando animadamente con Tom Cruise. Se hicieron amigos rápidamente. Y es que Ana tiene un carácter muy abierto y, como habla muy bien el inglés, no se corta un pelo. Mi mujer es maravillosa. Ella es más equilibrada que yo, quizás más madura”.

Antonio Banderas y Melanie Griffith, en los Oscar celebrados en 2010. / EFE| ANDREW GOMBERT
Alrededor de esa misma época, Leza rodó las comedias La reina anónima (1992), de Gonzalo Suárez, y Sublet (1992), debut en el largo de Chus Gutiérrez. También apareció en las americanas Philadelphia (1993) y El amor y la sombra (1994), ambas protagonizadas por su marido. Fue entonces cuando la carrera internacional de Banderas empezó a subir como la espuma al tiempo que su vida personal se hundía. De hecho, Leza ya no figuraba como su compañera sentimental cuando hizo Evita (1996) o La máscara del zorro (1998), dos de sus trabajos más aplaudidos. La separación se produjo en abril de 1995, después de que el actor cayera rendido a los pies de Melanie Griffith durante el rodaje en Miami de la película de Fernando Trueba Two Much (1995). A Leza le sentó como un tiro que su marido le dijera un día que se había enamorado de otra y contó este encuentro a un tribunal de Los Ángeles: “Le rogué que volviéramos a Madrid, pero él quiso librarse de mí comprándome”.
Divorcio polémico
El proceso de divorcio fue algo polémico y ella acabó logrando 570 millones de pesetas en concepto de pagos compensatorios, el piso que ambos compartían en Madrid y el derecho vitalicio al 50% de todos los beneficios de las películas que Banderas había protagonizado durante su matrimonio. Además, se dijo que durante un tiempo estuvo percibiendo una pensión alimenticia de 2,4 millones de pesetas al mes. "Me dejaron más pelao que... Fueron ocho días de juicio. Es un negocio. Lo que el juez quiere saber es cuánto le vas a pagar a tu pareja. Te agarran de un pie, te sacuden y, cuando se acaba el último dólar, te dejan. Eso es lo que hicieron conmigo", recordaría luego el actor, quien desde hace ya un tiempo vive en un espectacular ático frente al teatro romano y la Alcazaba de Málaga, triunfa como empresario y director teatral y comparte su vida con la empresaria holandesa Nicole Kimpel.
Bastante menos datos circulan sobre el paradero de Leza, quien en su día abandonó la actuación y rehizo su vida con Dharma Villareal, un montador de cine americano reconvertido en documentalista con el que comparte un mutuo interés por la meditación oriental. La pareja se casó en 2000 en la ciudad californiana de Santa Bárbara y tres años más tarde abrió en el barrio de Chueca un restaurante de comida fusión que no terminó de funcionar. También tuvo dos hijas, Clara María y Sofía Macarena, que, según algunas fuentes, están muy involucradas con la organización mística de origen hindú Siddha Yoga Meditation, conocida por las siglas SYDA, ubicada en el que al menos hasta hace un tiempo era el lugar de residencia de la familia, South Fallsburg, en el estado de Nueva York.
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