OCIO EN LA CAPITAL
Con el respaldo de Cristiano Ronaldo, Íñigo Onieva abre 'VEGA', un club privado con tres propuestas gastronómicas en Madrid
Privacidad, arte y gastronomía en un mismo espacio: el proyecto liderado por Íñigo Onieva limita el acceso a 500 socios en plena milla de oro del Barrio de Salamanca

Vega Members Club, el club privado de Íñigo Onieva en la Milla de Oro. / EPE

Madrid vive una paradoja: cuanto más magnética se vuelve más inversión, más aperturas, más acento internacional y más difícil resulta encontrar un lugar donde parar. Un sitio con calma, privacidad y cierta continuidad; no solo una mesa a última hora, sino un "tercer espacio" entre la oficina y la noche, donde el trato sea personal y las conexiones no dependan del ruido.
En ese hueco quiere instalarse VEGA Members Club, el nuevo club privado que abre el 6 de marzo, en plena Semana del Arte y con ARCO como telón de fondo. La fecha no es casual: el proyecto se presenta como una pieza más del calendario cultural de la ciudad.
Detrás hay una alianza que resume bien el momento Madrid. Mabel —la firma en la que Manuel Campos y Cristiano Ronaldo son socios y que gestiona Tatel— decidió dar un paso más en la capital y sumó a Íñigo Onieva a la ecuación para pilotar Casa Salesas y, ahora, VEGA. De ese cruce entre músculo empresarial, hospitalidad y ambición de “marca ciudad” nace Casablanca Hospitality, el paraguas con el que ordenan esta nueva etapa.

Vega Members Club: el primer club de miembros de Madrid donde negocio, vida social y celebración conviven. / Cortesía de Lázaro Rosa-Violán Studio
El contexto también explica el giro. Totó, el italiano de Mabel Hospitality —el que estaba en P.º de la Castellana, 36 y contaba con el respaldo de Rafael Nadal y Cristiano Ronaldo— cerró definitivamente en Madrid. Pero la marca no desaparece: reaparece en otro formato y con otra lógica, integrada en este nuevo espacio ubicado en C/ de Lagasca, 88 y solo para socios. Allí funciona como una propuesta italiana de alto nivel, entre tradición y sofisticación, pensada más para la experiencia recurrente que para el ruido del “sitio de moda”.
"Madrid is finally ready for this"
El lema con el que VEGA se anuncia "Madrid Is Finally Ready For This" no habla solo de aspiración, sino de diagnóstico: Madrid compite ya como capital global, con la saturación que eso implica.
Íñigo Onieva, que coordina el proyecto, lo explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA sin rodeos: "Nace como respuesta a una necesidad creciente en Madrid de un club privado que integre vida social, profesional, cultural y gastronómica en un entorno privado y exclusivo". Y remata la idea con un matiz importante: "Madrid ya está experimentando la saturación típica de las grandes ciudades y demanda una oferta que combine el ocio, la gastronomía, el networking y la privacidad".

Íñigo Onieva, empresario y creador de Vega Members Club. / Cortesía de Lázaro Rosa-Violán Studio
Cuatro salas y un mismo hilo conductor: el tiempo
VEGA se despliega en casi 1.000 metros cuadrados en el Barrio de Salamanca, con interiorismo de Lázaro Rosa-Violán, y se articula en cuatro espacios: El Bistró, Main Room, Studio Room y Lounge. La promesa es sencilla: que el club cambie de piel según la hora —mañanas productivas, tardes para quedarse, noches sociales— sin obligarte a salir de tu propio lugar.
El empresario madrileño insiste en esa convivencia como rasgo diferencial: "Lo que distingue a VEGA es su equilibrio único entre trabajo y ocio. Estr proyecto permite que ambas dimensiones coexistan de forma natural". Y coloca tres palabras como columna vertebral: "La privacidad, la discreción y una atención personalizada son pilares fundamentales".
El club toma su nombre de Lope de Vega y se apoya en un imaginario artístico inspirado en Vasarely (con guiños a su etapa "Vega"), además de una programación cultural continuada. La elección del fin de semana de ARCO busca subrayar esa vocación: VEGA no quiere ser solo un sitio donde comer o cerrar acuerdos, sino un lugar donde el arte tenga presencia real en el día a día.
En lo gastronómico, el planteamiento huye del comedor único: habrá tres propuestas para que el socio no "se canse" del club.
- Casa Vega, bistró desenfadado inspirado en el proyecto hermano Casa Salesas.
- Vega, la experiencia buena cena (fine dining en inglés) centrada en producto.
- Totó, un italiano de alto nivel, entre tradición y sofisticación.
La pieza que completa el círculo es el Wine Club, pensado tanto para experiencia como para coleccionismo: "Ofrecerá acceso exclusivo a cavas privadas y experiencias enológicas únicas desde catas y cenas maridadas hasta la posibilidad de coleccionar vinos de una selección exclusiva", resume Onieva.

Vega Members Club, el club privado de Íñigo Onieva en la Milla de Oro. / Cortesía de Lázaro Rosa-Violán Studio
Quién entra (y quién no)
VEGA limita su comunidad a 500 miembros. "La limitación se ha establecido para garantizar la calidad de la experiencia y la exclusividad del club", explica Onieva. Y concreta el objetivo: "se asegura una mayor personalización en el servicio, interacción genuina entre los socios y una experiencia más fluida y privada". En una ciudad donde las listas de espera se han convertido casi en parte del marketing, el número pretende blindar el funcionamiento cotidiano: menos saturación, más reconocimiento y más servicio.
El acceso, además, no es compra directa: recomendación de dos miembros o invitación. "El Comité de Admisiones revisa todas las solicitudes de manera rigurosa, teniendo en cuenta la trayectoria, los intereses, las motivaciones y las recomendaciones", detalla.
¿A quién buscan? "Profesional e intelectualmente inquieto, con sensibilidad cultural y social, personas que valoran la privacidad, la discreción y el entorno cuidado". ¿Quién no encaja? El que confunda el club con un escaparate.

Baño de Vega Members Club. / Cortesía de Lázaro Rosa-Violán Studio
Más de 100 empleos y una inversión concentrada en el equipo
La apertura llega con músculo operativo: "contaremos con una estructura amplia que superará los 100 empleados entre sala, cocina, coctelería, gestión y equipo operativo", señala Onieva a este medio. Y sobre la inversión, evita cifras pero marca prioridades: "El inmueble, el diseño y la decoración suponen una parte importante. Sin embargo… el principal valor es el humano. Nuestro equipo es el verdadero motor de la experiencia".
En la teoría, todo club promete comunidad. VEGA pone el listón en un indicador práctico: repetición y vida cotidiana. "Si los socios usan el club de forma recurrente como parte natural de su día a día, es una señal de que la comunidad está funcionando", sostiene.
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