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ESTRENO

'Cantar de gesta', de Mucha Muchacha: estar y bailar juntas frente a la intemperie

El colectivo de danza presenta en Condeduque una pieza sobre la épica en la vida contemporánea en la que deconstruyen el viaje del héroe, que ya no es individual, sino colectivo

Ana Botía, Marta Mármol, Belén Martí Lluch y Marina de Remedios, en Condeduque.

Ana Botía, Marta Mármol, Belén Martí Lluch y Marina de Remedios, en Condeduque. / ALBA VIGARAY

Madrid

Cuatro mujeres jóvenes, vestidas con ropas que evocan armaduras, sobre un cuadrilátero. Un espacio de color rojo que tal vez sea una balsa o un barco como aquel Argo en el que viajaron Jasón y sus Argonautas y que será refugio y lugar seguro y campo de batalla, un lugar en el que sucederá ese viaje del cuerpo al relato, del cuerpo a su memoria, del cuerpo a todas esas historias que contarán sobre nosotras cuando ya no estemos. Sobre esa balsa, Ana Botía, Marta Mármol, Belén Martí Lluch y Marina de Remedios, bailarinas, coreógrafas y directoras de escena. Las cuatro se conocieron mientas estudiaban en el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila y decidieron formar un colectivo llamado Mucha Muchacha. Tras una primera pieza llamada Volumen 1, en 2021 estrenaron Mucha Muchacha, de gran formato, concebida como “una declaración de intenciones alrededor del movimiento, la comunidad, la feminidad y el rito” y en la que rindieron homenaje a las Sinsombrero. Dos años después llevaron a escena Para cuatro jinetes, un cuestionamiento en torno al folclore y la danza tradicional de herencia franquista y un espacio para el encuentro y la rave en compañía de la remezcla audiovisual y electrónica de los hermanos Pedro y Benito Jiménez, Los Voluble.

Este jueves, sobre esa balsa de color rojo, Mucha Muchacha estrena Cantar de gesta, una pieza en la que se preguntan dónde está la épica hoy y cuáles son nuestros campos de batalla, un trabajo en el que se respira ese “sentimiento de época” que contiene un presente precarizado y un futuro cancelado y en el que, además, se cuentan (y se cantan) a sí mismas a través del viaje que las ha mantenido juntas estos años con la convicción de ser una compañía, un grupo, una pequeña comunidad. “Quiero vivir hasta el día que me muera”, dirán las cuatro, y cantarán después, cuando sus cuerpos se conviertan en recuerdo y memoria: “Liberadas de heroísmo entregamos nuestros bailes al abismo, bailará mi cuerpo extinto en el aire de un futuro muy distinto”.

23.02.2026. MADRID. La compañía femenina de danza Mucha Muchacha, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

Mucha Muchacha estrena 'Cantar de gesta' en Condeduque. / ALBA VIGARAY

La pieza se estrena en el mismo lugar, Condeduque, y en el mismo mes, febrero, que sus dos obras anteriores, pero esta es la primera vez que Mucha Muchacha prescinde del acompañamiento artístico de Celso Giménez y Violeta Gil, de la compañía La Tristura. En Cantar de gesta, Rubén Alonso (Antropoloops) firma la música, Héctor Arnau (Víctimas civiles) la canción final, Benito Jiménez (Los Voluble) el diseño de luces, Marta Lofi la escenografía, Macarena Bielski el vestuario y Eva Mir, en acompañamiento del texto. Tras su paso por Madrid con tres únicas funciones y entradas agotadas desde hace días, la pieza viajará el 17 de abril al Teatre Principal de Palma, coproductor del espectáculo.

La épica del vivir

“La épica, en Cantar de gesta, tiene que ver con esa sensación colectiva de vivir sintiendo que todo es, a veces, realmente difícil. Sentir que la vida te cuesta, que te cuesta mantener tu trabajo, que te cuesta hacerle justicia a esa felicidad que deberías sentir, que no llegas a los cuidados… y, al mismo tiempo, sentir que no puedes quejarte porque en algunos aspectos eres una privilegiada. Es esa épica de la vida contemporánea en una pieza existencialista a tope en la que nos preguntamos cuáles son hoy nuestros campos de batalla y qué es realmente heroico ahora mismo”, explica Ana Botía a este diario en una conversación que reúne a toda la compañía días antes del estreno.

Los Diálogos de Platón, la poesía de Idea Vilariño y Berta García Faet, El tiempo de la promesa, de Marina Garcés, o Poema a la duración de Peter Handke son algunas de las lecturas y referencias que han nutrido una pieza que centra su búsqueda de la épica en lo pequeño, en lo cotidiano: “Cuando piensas en la épica te imaginas relatos e historias como la Odisea o la Ilíada y te das cuenta de que son grandes historias, sí, pero los sucesos son cotidianos. Al final, la épica sucede en cosas que nos resultan cercanas, no tanto en la batalla o el conflicto a gran escala, sino en lo que supone para el héroe enfrentarse a esos momentos desde un lugar emocional o existencial más que en el hecho de ganar o no”, explica Marina de Remedios.

En la historia del género épico, plagado de hazañas, guerras y batallas, el viaje del héroe será siempre el viaje de un hombre, pero en Cantar de gesta habrá en escena cuatro cuerpos de mujeres de treinta y pocos años deconstruyendo y deshaciendo el mito, esa figura que dejará de ser individual para convertirse en colectiva. ¿Cómo influye en la obra esa mirada generacional y de género sobre la épica? “Es guay que lo nombres y es curioso porque empecé a leer la edición de la Odisea que ha publicado Blackie Books, en la que se incluyen fechas, y parece que empezó un 8 de marzo. También se nombra mucho la culpa de la mujer, como si fuera la responsable de todas esas catástrofes y esas guerras”, contesta Marina de Remedios. “Yo creo que la generación y el género están ahí porque es lo que somos, pero no hemos hecho una investigación que refuerce esa idea, eso no está”, añade Botía. “Pero sí hemos pensado mucho en que no queríamos que la épica del hoy se relacionara con nada que tuviera que ver con la violencia. De hecho, es una propuesta de cercanía, de convivencia— señala Belén Martí Lluch—, ni siquiera con la imagen del héroe, que nos ha provocado conflicto porque el héroe es el que es visto, el que se presenta, y nosotras no creemos en eso”.

23.02.2026. MADRID. La compañía femenina de danza Mucha Muchacha, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

La pieza se estrena en el mismo lugar, Conde Duque, y en el mismo mes, febrero, que sus dos obras anteriores. / ALBA VIGARAY

“Hay una pregunta sobre el que narra y el que es narrado. ¿Dónde nos situamos? Se trata de no matar al héroe, de no ser necesariamente el héroe, de hacer que todos los personajes lo sean o que, finalmente, no lo sea nadie. Todo eso nos llevó a querer aunar una energía en nosotras, que somos el cuerpo, somos bailarinas, somos las que estamos bailando y nos narramos. Estamos bailando en la balsa, de la que no salimos en toda la obra, y eso es una declaración de intenciones sobre querer estar juntas. La balsa era el lugar donde se hacía el viaje y ese viaje es también la vida, con quién estás, a quién dedicas tus días, con quién bailas, con quién cantas, con quién sudas”, explican las cuatro. “Nos narramos, y el cuerpo es lo primero, pero después, cuando el cuerpo se muere y ya no está, viene la historia, el relato. Existe una relación muy bonita con ese ejercicio de búsqueda de un anonimato y ese no heroísmo en escena, aunque a la vez sea inherente. Somos Marina, Belén, Marta y Ana, pero podrían ser otras cuatro personas. Nadie es un héroe, nadie es una heroína y nadie quiere ganar. Queremos estar y permanecer, pero no hay un sentimiento de necesitar o querer ganar nada”.

Hay algo en esa balsa en escena, rodeada de un hinchable también rojo que envuelve, arropa y devora a las cuatro bailarinas, un hinchable que podría ser un castillo medieval o el sistema teatral en España, que funciona, quizá, como metáfora de la acción que enfrenta la intemperie. “Yo creo que en la pieza hay algo sobre lo bonito y valioso que es seguir juntas a pesar de ver cómo se desmorona el mundo. No insistir en esa individualidad que hay ahora, permanecer juntas en algo me parece muy valioso en estos momentos”, dice Marina de Remedios.

En ese estar juntas, Mucha Muchacha cambia la potencia del movimiento que atravesaba sus piezas anteriores por algo parecido a la serenidad. Y eso, de alguna manera, marca un punto de inflexión en su trayectoria. “En la forma que hemos decidido bailar en esta obra hay también un deseo de poder estar más tranquilas juntas, de no tener prisa, de envejecer, y hemos querido representar eso en el cuerpo, en la energía y en el tipo de trance que estamos moviendo”, explica Ana Botía. “Yo siento mucho que ese inicio y cómo conectamos con el público es totalmente distinto al del resto de obras. Hay cierta pausa, cierta serenidad que no había en las otras, y eso es muy bonito y muy gustoso desde dentro”, dice Marta Mármol. “Hemos decidido no correr porque sentimos que vamos corriendo a todas partes, pero a la vez queremos vivir intensamente, bailar intensamente”, explica Belén Martí Lluch, “y también es curioso que esta sea nuestra obra más metateatral porque, en el fondo, hacer una obra ya es épico. El simple hecho de crear en este mundo tan precario de las artes escénicas y la danza hace que nuestro día a día no sea épico sino lo siguiente”.

La épica de la creación

Además de formar parte de Mucha Muchacha, Ana Botía imparte clases de folclore en la Escuela Réplika Teatro y asume labores de gestión, producción y coordinación para festivales y otras compañías. Marta Mármol, a punto de terminar la carrera de Psicología, trabaja, además, en la compañía Ibérica de Danza. Marina de Remedios, que reside en París, baila también en compañías francesas y Belén Martí Lluch lleva años compaginando su trabajo en Mucha Muchacha con colaboraciones, en calidad de coreógrafa, para videoclips, series como La mesías o películas como La bola negra, ambas de Los Javis.

Desde su fundación hasta hoy, Mucha Muchacha asume la creación, la interpretación, la producción y la distribución de sus espectáculos. No son las únicas creadoras que lo hacen ni tampoco las únicas que lo compaginan con otros trabajos para llegar a fin de mes, y de eso habla también Cantar de gesta: de la creación, de seguir creando a pesar del hoy, a pesar de los tiempos y a pesar del sistema. Y de la decisión de mantener una compañía estable de danza cuando ya apenas quedan.

Cartel de 'Cantar de gesta', en Condeduque.

Cartel de 'Cantar de gesta', en Condeduque. / CEDIDA

Contesta Belén:“Somos una compañía en la que hablamos mucho, muchísimo, y esto que estás diciendo ha sido el centro de muchas cosas. ¿Por qué hacemos esto? Creo que hay una especie de fuerza superior y es así porque esto es lo que sabemos hacer, es nuestra manera de accionar algo frente a todo lo que pasa en el mundo. Esta es nuestra herramienta. Y para nosotras tiene sentido hacerlo juntas en un mundo que tiende al individualismo, que tiende a encerrarte, a estar solo. Hay momentos duros, de muchas dudas, de peleas, de no saber qué va a pasar, pero al final siempre encontramos motivos para continuar porque creemos que así es como se tiene que vivir, creemos que se vive estando juntas, queremos contar esto. Creíamos que no teníamos nada que decir cuando acabamos la segunda obra, pero de repente apareció esta idea sobre la mesa y dijimos: ¿La hacemos? ¿Qué sentimos? ¿Nos sentimos apeladas?”.

Termina Ana, con una reflexión individual que habla de muchas: “Yo noto que en pocos años hay muchas posibilidades de que te hayas quemado o de que te puedas quemar. Yo no me he quemado nunca, pero reconozco que he estado cerca. Lo veo también en compañeras y hay muchos grados y maneras, pero no puede ser que en ocho años yo me queme en un oficio en el que tengo mucho tiempo por delante. Entonces te das cuenta de que algo no va bien y eso a veces no depende de ti, porque de ti depende solo lo que puedes cambiar.

Y ahí estamos, decidiendo todo el rato, cambiando cosas, buscando una mejor manera de colocar el trabajo, pero es muy difícil porque el trabajo es nuestra pasión y al mismo tiempo somos mujeres y estamos en una edad en la que podrías pensar en la maternidad, cosas de nuestra generación, cosas que están cerca. Hay problemas que tienen que ver con el sector y que manejamos lo mejor que podemos, pero es complicado, y tienes que adaptarte a ese sistema porque si no, no puedes. Y luego hay muchos problemas que son totalmente transversales y una violencia burocrática que está normalizada. Yo no llevo 40 años haciendo gestión y producción, pero estoy con gente que sí y son menos capaces todavía. Uno normaliza el tiempo en el que está, pero la situación es realmente violenta y ya se está cargando y se va a seguir cargando compañías y artistas”.