Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

LEGADO MANIERISTA

El cuadro de El Greco que Felipe II rechazó recupera su luz: restauran 'El martirio de San Mauricio'

Rafael Alonso dirige en la Galería de las Colecciones Reales la limpieza de un lienzo de 800 ducados que traslada su mística y sus dimensiones monumentales desde El Escorial a Madrid

Así trasladaron un cuadro de El Greco de cuatro metros de altura para su restauración

Lucía Feijoo Viera

El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ha despedido temporalmente a uno de sus huéspedes más ilustres y, paradójicamente, más incomprendidos. El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, la obra con la que Domenico Theotocopoulos, El Greco, pretendió conquistar la corte de Felipe II, ha viajado a Madrid para someterse a una restauración histórica.

Este traslado no es un mero trámite logístico, sino el inicio de un proceso de rescate técnico que permitirá limpiar los siglos de barnices oxidados que hoy velan la mirada del santo y la vibrante paleta de colores ácidos que definen el genio del cretense.

Un operativo de precisión para un gigante del manierismo

El traslado desde las Salas Capitulares de El Escorial hasta la Galería de las Colecciones Reales ha exigido un despliegue de ingeniería y delicadeza. Con casi cuatro metros y medio de altura y tres de ancho, el lienzo es un gigante que requiere la intervención de más de diez profesionales especializados.

La obra será intervenida por Rafael Alonso, restaurador de referencia que ha devuelto la vida a más de 90 piezas de El Greco. El objetivo es ambicioso: eliminar los repintes ajenos y, sobre todo, retirar el óxido de los barnices que actualmente restan profundidad a la composición y apagan esos amarillos, azules y rosas que parecen emanar una luz eléctrica propia.

Desencuentro entre el genio y el Monarca Prudente

Para entender la importancia de esta obra, debemos viajar a 1580. Según recoge Patrimonio Nacional, Felipe II, inmerso en la construcción de su "octava maravilla", encargó este cuadro para la basílica de El Escorial. El Greco, recién llegado de Toledo, vio en este encargo la oportunidad de su vida: convertirse en el pintor de cámara del hombre más poderoso del mundo.

Sin embargo, su interpretación del martirio de la legión tebana chocó frontalmente con la mentalidad de la Contrarreforma. Mientras el rey pedía una imagen que incitara al fervor y mostrase el sacrificio con claridad arqueológica, El Greco entregó una composición intelectual y metafísica.

'El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana'

'El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana' / PATRIMONIO NACIONAL

Lo que más perturbó a Felipe II fue la estructura narrativa de la pieza. El Greco decidió desplazar el momento de la decapitación de San Mauricio a un segundo plano, casi anecdótico. En su lugar, situó en el primer término una conversación serena y solemne entre el santo y sus oficiales.

El cuadro no habla de la muerte, sino de la convicción; no muestra el dolor, sino el instante en que el santo exhorta a sus compañeros a permanecer fieles a Cristo frente a las órdenes del emperador Maximiano. Esta "serenidad inapropiada", sumada a un estilo pictórico que ya rozaba la abstracción, hizo que el rey rechazara la obra para la basílica, sustituyéndola por una versión más convencional del florentino Rómulo Cincinato.

A pesar del rechazo inicial, Felipe II reconoció la calidad suprema de la pintura al tasarla en 800 ducados, una cifra astronómica que dignificaba al artista aunque lo alejara de la corte. Hoy, esa misma excelencia es la que motiva el apoyo del Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales, impulsado por la Fundación Callia.

El retorno de los colores eléctricos al Escorial

La restauración se prolongará hasta el verano de 2026, momento en que el cuadro se expondrá temporalmente en Madrid antes de su regreso definitivo a la sierra. Cuando el lienzo vuelva a sus muros escurialenses, los visitantes podrán redescubrir detalles que el tiempo había difuminado, como los retratos de altos dignatarios cortesanos que el pintor incluyó para congraciarse con el monarca.

En cualquier caso, la restauración promete devolvernos al El Greco más puro: aquel que, aun a riesgo de perder el favor real, no quiso renunciar a su libertad creativa ni a su personalísima forma de entender la luz y la espiritualidad.