QUÉ FUE DE...
Victoria Vera, la primera actriz española que actuó en un escenario con los pechos al aire
La madrileña, que pasó varias décadas trabajando en teatro, cine y televisión, se siente una afortunada y está satisfecha con su carrera

Victoria Vera, fotografiada en Madrid en 2015. / MARISCAL
La Biznaga de Plata Ciudad del Paraíso recaerá este 2026 en la actriz Victoria Vera por toda su carrera. El Festival de Málaga rinde homenaje de este modo a una de las profesionales del sector más deseadas en las décadas de los 70 y 80, que además puede presumir de haber sido la primera intérprete española que actuó en un escenario con los pechos al aire. Esto último sucedió a raíz de que le ofrecieran el papel de Nausica en ¿Por qué corres, Ulises?, una comedia de Antonio Gala estrenada en el Teatro Reina Victoria de Madrid en octubre de 1975, días antes de que Franco estirara la pata. “En principio el personaje tenía que aparecer desnudo, pero no teníamos permiso para hacerlo así”, contó ella. “Entonces nos enteramos de que en el teatro de al lado habían conseguido permiso para el desnudo, y eso me indignó. Si a otras actrices les era permitido hacer el desnudo, ¿por qué no podía yo representar a Nausica desnuda, cuando la autenticidad y la magia de Nausica exigían que así fuera? Planteé la cuestión y el empresario, Antonio Redondo, me dijo ‘dejo la decisión en tus manos’. Y decidí salir al escenario a representar mi papel como había que hacerlo”.
Ese alto sentido de la justicia y respeto a la autenticidad han estado muy presentes siempre en la vida de Vera, que nació en 1953 en Madrid, en el seno de una familia formada por una madre pintora y un padre médico. A los cuatro años comenzó a estudiar ballet clásico en la academia de Karen Taft y siendo todavía pequeña la expulsaron de un colegio de monjas. “Fue todo un disgusto familiar. La carta que mandaron a casa decía que era por un exceso de sensibilidad. La verdad que yo hacía muchas preguntas y eso no les debía hacer ninguna gracia. Mi padre me mandó al Instituto Lope de Vega y ahí precisamente comenzó mi inquietud por el teatro”, dijo una vez la madrileña, que contaba 13 años cuando ingresó en el Laboratorio William Layton, la primera escuela privada de interpretación que se creó en España. Al poco de esto se incorporó a la compañía Teatro Experimental Independiente (TEI) y debutó sobre las tablas con el montaje Terror y miseria del Tercer Reich, de Brecht.

Manuel Galiana y Victoria Vera, durante un pase de 'La decente', en 2008. / VICTOR LERENA
Según comentó a una revista, abandonó el TEI cuando a los quince le ofrecieron un papel protagonista en El diario de Ana Frank. “Me he criado en un hogar muy liberal y he hecho siempre lo que he querido. Pero me encontré con problemas de libertad tan pronto estuve dentro de un grupo de teatro independiente que no podía hacer las funciones que quería. De ahí vino mi primer choque con la realidad que me rodeaba. Cuando amas la libertad, y la atmósfera que te rodea es contraria a la libertad, se pasa mal, se pasa muy mal”. Fue después de El diario de Ana Frank cuando Vera dejó entrever sus encantos en aquella obra de Gala por la que el dramaturgo fue abucheado y a ella le mandaron cartas con explosivos. Claro que desde entonces ya no le faltó trabajo.
Durante los años de la transición a la democracia lució su sensual melena suelta y rizada en varias películas del destape. Enseguida se erigió en mito erótico femenino de gente de a pie e intelectuales como Paco Umbral, que entonces escribió de ella que “tiene una belleza elizabethiana, un poco antigua, delicada, y hay en su nariz un pequeño Cyrano femenino, una inteligencia respingona que quiere quedar siempre encima”. El autor de Mortal y rosa le hizo en esa época una entrevista en la que se le preguntaba cómo llevaba el hecho de que las feministas tradicionales criticaran duramente sus desnudos continuos en las revistas. “Me da igual”, respondió ella. “Me da risa. Yo hago eso porque creo que no importa hacerlo. Y me parece que otras, que hacen otra clase de desnudos, también tienen derecho a ello. Quiero decir que lo mío es diferente, yo siempre trato de expresar algo, de comunicarme, cuando hago unas fotos desnuda. No es enseñar la teta por enseñar la teta”.

Victoria Vera, en 2002. / DAVID CASTRO
En televisión, la llamada musa de la transición dio vida a personajes como la Neleta de Cañas y barro, que fue el segundo programa más visto de 1978, solo por detrás de El hombre y la tierra de Félix Rodríguez de la Fuente, y la Ninette de la divertida Ninette y un señor de Murcia (1984), por las que además recibió varios premios. También la hemos visto en cintas como Asignatura aprobada (1987), por la que Garci fue nominado a un Óscar, y en obras de teatro como Lorenzaccio de Musset, que protagonizó y produjo, y otras muchas de autores como Fernando Arrabal o Miguel Mihura, su dramaturgo amuleto, de quien ha dicho que le atrae “lo que llaman su carpintería teatral, su manera de desarrollar los personajes a través de un diálogo muy divertido”.
Posados en 'Interviú'
Vera vislumbraba los 60 cuando volvió a posar desnuda para Interviú en 2011, coincidiendo con el 35º aniversario de la revista. En la entrevista que acompañaba las fotos comentó que ya no trabajaba en televisión ni cine por problemas con empresarios y productores. "Me niego a pensar en listas negras, pero sí te digo que los de las maniobras y calumnias sí tendrán su sanmartín", contaba una actriz que aquel mismo año participó en un corto de Paco Pérez titulado Muñecas, su último proyecto audiovisual hasta la fecha. Desde entonces la hemos podido ver actuando en alguna que otra obra de teatro como Salomé, de Oscar Wilde, dirigida por Jaime Chávarri, y concediendo entrevistas a periodistas interesados en aspectos como su ideología política o su desconocida vida privada. Sobre lo primero ha repetido que se considera "conservadora en los asuntos económicos, pero en general liberal y progresista". Sobre lo segundo, apenas sabemos que tuvo algunos novios que le salieron rana y que nunca encontró al hombre con quien atreverse a dar el paso de casarse y tener hijos.
“El sentarse a contar cosas personales para lucrarse lo puedo respetar, pero yo no me veo capaz de hacer eso, me resulta muy incómodo”, aseguró en declaraciones a Vanity Fair. “No es un juicio de valor, entiendo que alguien pueda estar pasando un momento económico horrible y acceda a ese tipo de confesión, pero no va conmigo. Y eso que pagan estupendamente. En su momento me llamaron para ir a Tómbola y yo, sintiéndolo mucho, lo rechacé. Curiosamente de aquella negación salió al final la oportunidad de presentar un programa de entrevistas en la misma cadena que pude hacer a mi gusto”. En una reciente visita al plató del programa Y ahora Sonsoles, la intérprete de 73 años comentó que se siente una afortunada y que está más que satisfecha con su carrera, aunque hoy se encuentra feliz alejada de los focos que tantas satisfacciones le dieron en su momento.
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