ENTREVISTA
De las verbenas de Chamberí a los 106 años, Pepita lo tiene claro: "Hay que bailar mucho para ser feliz"
Nacida en el Madrid de 1920, esta antigua sastra de la calle Carretas celebra un siglo de vida independiente, marcado por la unión familiar y una filosofía basada en recibir lo que venga "con educación y respeto"

Lucía Feijoo Viera
Hace unos días se produjo un encuentro extraordinario: 17 centenarios de toda España se reunieron en una videollamada, cada uno representando a su comunidad autónoma, sumando una media de 103 años. La llamada, organizada por la empresa de telefonía Maximiliana, fue un homenaje a toda una generación con recuerdos de infancia, anécdotas divertidas y la evocación de bailes y verbenas de antaño.
Quedó patente entonces que nunca es tarde para compartir historias, risas y recuerdos. Entre los representantes estaba Marta Josefa Esteban Agudo, Pepita, nacida en 1920 en el barrio de Chamberí. A un día de cumplir 106 años —este lunes 23 de febrero es su cumpleaños—, habla con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA desde la residencia Rosalba (Sevilla la Nueva) sobre su vida, sus recuerdos y su ciudad.
El Chamberí de Pepita
Pepita llegó al mundo en un Madrid que bullía de modernidad. El Chamberí de 1920 era un distrito consolidado, pero en plena transformación: un año antes de su nacimiento, se había inaugurado la primera línea del Metro (Puerta del Sol-Cuatro Caminos), con la estación de Iglesia conectando su barrio con el corazón de la capital.
En aquel entonces, Madrid superaba por primera vez el millón de habitantes y Chamberí mezclaba su esencia más castiza con la vanguardia de nuevas construcciones en Trafalgar y Almagro, o hitos educativos como la sede de la Institución Libre de Enseñanza. Era un barrio de ambiente residencial y tranquilo, donde las verbenas convivían con el progreso de las vagonetas subterráneas y la expansión hacia la glorieta de Quevedo.
Tal y como cuenta con la ayuda de Irene, trabajadora en la residencia, los recuerdos más felices de Pepita están vertebrados por tres elementos: su barrio, el baile y sus amigas. "¿En Chamberí? ¡Qué disfrute! En junio me iba a bailar, me paseaba... mi madre me decía: 'Pero hija, ¿otra vez al baile?' y yo le respondía: 'Mamá, me voy a disfrutar de la gran verbena de Chamberí'".

Pepita / CEDIDA
Recuerda con precisión las calles de su juventud: "Iba por la calle Fontarrubía, bajaba por la calle Luchana hasta Trafalgar... y si había fiesta en San Antonio, nos íbamos, o a la verbena de La Florida, aunque allí lo bueno era la verbena por la noche". Aunque disfruta mucho del baile y la música tiene tal importancia en su vida que aprovecha la entrevista para entonar una zarzuela, Llévame a la verbena de San Antonio, que por ser la primera no hay que faltar... Pepita trabajó como sastra.
"Hacía pantalones y chaquetas para caballeros. El taller estaba en la calle Carretas, entrando por Montera, justo en la esquina de la Gobernación. Entraba a las nueve de la mañana hasta la una, y luego de tres a siete de la tarde. Me daban de sueldo dos pesetas a la semana y el metro de tela costaba 10 céntimos, el tranvía 5", recuerda con una memoria prodigiosa para las cifras.
Al preguntarle sobre si disfrutaba de ese trabajo, explica con pragmatismo que "había que comer". También trabajaba para "colaborar en casa" y presume del respeto que había antes en las familias, algo que, según ella, se ha perdido: "Todos teníamos mucho respeto. Ahora ya no". "Mi familia ha estado unida, con respeto y con cariño", apunta con orgullo.
No era la única que se dedicaba a la aguja en casa, pues su hermana Teresa también trabajaba en este ámbito "como una gran modista". Sin embargo, fue con su otra hermana, Águeda, con quien compartió su vida hasta que ambas fueron trasladadas a la residencia. "Vivíamos juntas y nos trajeron aquí. Mi hermana estaba un poquito peor que yo cuando ingresamos, yo estaba muy bien", relata Pepita, recordando cómo se cuidaban mutuamente.

Pepita participó en una videollamada centenaria / MAXIMILIANA
Uno de los aspectos más llamativos de la entrevistada, sobre todo por la época que le tocó vivir, es que ni se casó ni tuvo hijos. "Nunca me he enamorado", afirma con solemnidad. Para ella, su libertad, su familia y sus amigas —con las que iba a la Gran Vía a bailar con orquesta hasta las siete de la tarde, al cine a ver películas "muy bonitas" y al teatro— fueron suficiente motor vital.
Sobre el secreto para llegar a los 106 años con tanta alegría y carácter, dice que "no hay secretos". Su filosofía es sencilla pero profunda: "Como te va viniendo el mundo, le vas recibiendo, nada más". Eso sí, añade que la clave es ir afrontando las cosas con "mucho respeto y educación".
Cada vez más centenarias
La cifra de Pepita es encomiable, pero el de los centenarios (y, sobre todo, centenarias) es un fenómeno que va a más: España destaca por su longevidad, con un récord histórico de centenarios que alcanzaron casi las 16.000 personas en 2024, de las cuales el 80% son mujeres.
Estos datos provienen del estudio Perfil de las personas mayores en España 2025, elaborado por el CSIC. La investigación subraya que España avanza hacia una sociedad más envejecida: actualmente, el 20,4% de la población tiene más de 65 años, cifra que podría llegar al 29,2% en 2045.
Sin embargo, el caso de Pepita es más que digno de celebración por su estado. Las trabajadoras de la residencia cuentan que lleva una vida activa dentro de su tranquilidad. "Hace rehabilitación porque se rompió la cadera hace poco, pero también baja a la peluquería, va a la cafetería a tomarse su cervecita a veces y le encanta pasear por el jardín cuando sale el sol", explican.
Pepita sigue siendo "muy cantarina" y, aunque ya no pisa las verbenas de Luchana, no se pierde ninguna actuación musical que organizan en el centro, demostrando que, a sus casi 106 años, el mundo sigue siendo algo digno de ser recibido con una sonrisa, en especial cuando acude a visitarla su sobrino. "No se lo creen, pero estoy perfecta", concluye.
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