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DEBATE SOCIAL

La comunidad islámica en Madrid se pronuncia sobre el veto del burka en espacios públicos: "Estas mujeres no representan una amenaza para nadie"

Tras ver tumbada la propuesta de Vox en el Congreso, el Partido Popular registraba este jueves su propia iniciativa para limitar cualquier vestimenta que oculte “total o parcialmente” el rostro en estos espacios

Imagen de archivo de varias mujeres con niqab.

Imagen de archivo de varias mujeres con niqab. / REMKO DE WAAL / EFE

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Apenas unos días después de que el Congreso tumbara la proposición de ley de Vox para prohibir el uso del niqab y del burka en espacios públicos, el Partido Popular registraba la suya propia este jueves. Se trataría de una limitación genérica de “cualquier tipo de vestimenta, prenda, accesorio u otros elementos que oculten total o parcialmente el rostro en espacios públicos o de acceso público”, según señalaba el texto. En él se daban a conocer las sanciones previstas, que oscilaban entre los 100 y 600 euros. Actualmente, más de 320.000 ciudadanos musulamnes residen en la Comunidad de Madrid, según el último Estudio Demográfico de Población Musulmana emitido por el Observatorio Andalusí. Creen que se trata de una vulneración de los derechos humanos y la libertad religiosa, amparada por la Constitución española. “La extrema derecha tiene una fijación con los musulmanes de este país. Esta es una medida que aviva aún más el sentimiento de odio de algunos sectores. Yo mismo, personalmente, no estoy a favor del uso del niqab en España”, señala Hicham Oulad, delegado en la Comunidad de Madrid de la Unión de Comunidades Islámicas. 

“No lo veo como una obligación religiosa ni considero que sea lo más idóneo. Sin embargo, debemos defender el derecho de las mujeres a llevar lo que a ellas les dé la gana. No se puede coaccionar a una persona a hacer una cosa o la otra. Esto vulnera la libertad religiosa y es anticonstitucional”, añade. Oulad estudió Filología Islámica, Filología Árabe y Estudios Islámicos en la Universidad de Salamanca y es uno de los referentes nacionales en cuestiones relativas a la educación islámica. Tras 22 años en España, tiene claro que apenas existe el uso del burka en España: “Hay que dejar claras las diferencias. El hiyab es una prenda que cubre el cabello y cuello de la mujer, mientras que el niqab es otra prenda, complementaria al hiyab, que cubre la cara. El burka, por último, es mucho más grande y cubre cara, cuerpo y cabello. En España no se ve. En cambio, en Irak, Irán o Afganistán sí”. El niqab, en cambio, cuenta con una mayor presencia en las calles de Madrid y el resto del mapa. “Aún así, su uso no es extendido. Habrá unas pocas decenas de mujeres que lo usen en la capital. Entonces, legislar una ley orgánica para algo prácticamente inexistente es un indicador de que sólo sirve para levantar una cortina de humo”, suma. 

MADRID 18/07/2011 SOCIEDAD  una mujer vestida con el niqab  esta en la Plaza de Castilla de Madrid imagen David Castro

Una mujer vestida con el niqab pasea por la Plaza de Castilla de Madrid. / DAVID CASTRO

La comunidad musulmana madrileña se concentra mayoritariamente en la zona sur de la región. “No hablamos de inmigrantes, ya que la mayoría son ciudadanos españoles que aportan a la vida económica, cultural y social”, dice. Este debate aterrizó en la Comunidad en el mes de junio, cuando tres institutos públicos de Parla prohibieron el uso del hiyab a sus estudiantes. “Participé en las negociaciones por petición del Ayuntamiento, que puso una mesa de diálogo para solucionar el problema. Sin embargo, los centros no cedieron. Las alumnas estaban muy afectadas. Han nacido allí y verse rechazadas por su propio instituto por su propia identidad es muy duro. El instituto no ha cedido y el caso se encuentra judicializado tras la denuncia de las familias. Será la justicia quien lo decida”, sostiene. Pese a todo, cree que se trata de casos puntuales y que la integración es cada día mayor. Sin embargo, discursos como el de Vox podrían ser la antesala a prohibiciones mayores, como el uso del hiyab: “Eso sí sería problemático, ya que son muchas las mujeres que lo usan en nuestro país. Lejos de favorecer su inclusión, estas propuestas las aíslan aún más, dificultando su acceso a la educación, empleo y a una vida plena”. 

Problema de identificación

“Es difícil argumentar cuál es el beneficio de esta ley, de obstaculizar los estamentos públicos con un debate que no beneficia a la ciudadanía. No creo haber visto en toda mi vida mujeres con burka en España. Con el niqab unas pocas, pero el debate no es ese. Sea una o sean cientos, están dentro del amparo de la ley”, señala Maysoun Douas, exconcejala de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid y actual presidenta de la asociación Entierro Digno. Douas destaca que una mujer con burka “no representa una amenaza para nadie” y que limitar los servicios públicos a parte de la sociedad “es algo que nos debería llamar a la reflexión a todos”. La comunidad islámica se encuentra “una vez más, frustrada y decepcionada” por cuestiones que “vuelven a vulnerar una de nuestras libertades fundamentales, como es la religiosa”. Va más allá de un colectivo, dice. El debate ha adquirido una dimensión de género, con la mujer en el punto de mira: “Volvemos a fiscalizarlas por lo que visten o dejan de vestir. No creo que a día de hoy exista un problema de identificación. Todos entendemos que acceden a ciertos espacios para ser atendidas de alguna forma y para eso hay que identificarse con el DNI. No entiendo la norma”. 

Dos mujeres en la ciudad de Mazar-i-Sharif, tomada por los talibanes, vestidas con un Burka. Kabul (Afghanistan), 14/08/2021.- Internally displaced families from northern provinces, who fled from their homes due to the fighting between Taliban and Afghan security forces, take shelter in a public park in Kabul, Afghanistan, 14 August (issued 15 August). The Taliban captured Mazar-i-Sharif, the country's fourth-largest city and the government's last major stronghold in the north on 14 August, as they tightened their grip on the country and closed in on Kabul. Most of the remote districts of the provinces have already fallen to the Taliban in the past three months. (Afganistán) EFE/EPA/HEDAYATULLAH AMID

Dos mujeres en la ciudad de Mazar-i-Sharif, tomada por los talibanes, vestidas con un Burka. / HEDAYATULLAH AMID / EFE

Douas apuesta por poner el foco en iniciativas que aborden la precariedad laboral, la falta de acceso a la vivienda y otros temas que “de verdad afectan a la población”. No hay miedo, asegura: “Lo que hay es una vulneración de los derechos. Igual que hoy se debate el acceso a servicios públicos a estas mujeres por ser quienes son, también ocurre con la educación, la alimentación y con ser enterrado en según qué lugares”. Ángeles Ramírez, especialista en comunidades musulmanas y autora de La trampa del velo, considera que más allá de atentar contra un estilo de vida, lo que hacen estas iniciativas es “poner en práctica el racismo islamófobo y machista a partir de la restricción de los derechos de la ciudadanía y la estigmatización de las personas musulmanas”. “Obviamente, ni el niqab ni el burka son un problema social en España. Eso lo puede decir cualquiera. En 2010 se empezó a prohibir el niqab en algunos municipios catalanes y malagueños donde ni siquiera había mujeres que los llevasen. El objetivo era señalizar a un grupo, a los inmigrantes marroquíes, penalizar a las musulmanas”, insiste. 

Cuestión de racismo

Ramírez lo tiene claro: a Vox y PP les dan igual las mujeres musulmanas “como el resto de mujeres”. “La población musulmana es la que más racismo sufre, según los estudios. El racismo les adjudica características negativas: son incultos, violentos, sucios, fanáticos y esto justifica la opresión y explotación. Han conseguido que les apoyen movimientos que no son de derechas, por eso hay que pararlo. La extrema derecha está jugando la batalla cultural. Si sale adelante esta penalización, incidirá en el aislamiento de las escasísimas mujeres que lo llevan, puesto que optarían por no salir de casa para no exponerse a multas o penas de prisión para ellas y sus familias. Muchas de las mujeres que llevan niqab no son musulmanas de origen inmigrante, sino turistas a las que se las puede ver paseando por la calle Serrano, donde están las grandes tiendas”, apunta. Una comparación similar, dice, sería prohibir a las monjas españolas portar el hábito religioso: “Ellas han decidido servir a Dios y, para ello, viven en comunidades, no tienen relaciones sexuales y rezan todo el día. Además, no tienen poder en la jerarquía eclesiástica y van tapadas”. 

Madrid. 15.06.10. Una mujer con velo camina por el barrio de Lavapies. FOTO: JOSE LUIS ROCAMUJER  MUSULMANA  MUJERES MUSULMANAS VELO ISLAMICO POLEMICA CON BURKA BURCA NIQAB NIKAB PAÑUELO  PAÑUELOS

Madrid. 15.06.10. Una mujer con velo camina por el barrio de Lavapies. FOTO: JOSE LUIS ROCAMUJER MUSULMANA MUJERES MUSULMANAS VELO ISLAMICO POLEMICA CON BURKA BURCA NIQAB NIKAB PAÑUELO PAÑUELOS / Delegaciones

“A nadie se le ha ocurrido prohibir el hábito en espacios públicos. Se considera que pueden hacer lo que quieran con su cuerpo y sus vidas, que ellas lo han elegido. A nadie se le ocurre que nos puedan contagiar valores retrógrados y antidemocráticos. Tampoco nadie piensa que podrían estar obligadas por sus padres o por el cura. Otra cosa distinta es que, en contextos en los que no es obligatorio hacerlo, como España, se tapen. Esto tiene que ver con sus redes religiosas, con las comunidades a las que pertenecen, con el prestigio social que suponga o no hacerlo. En ocasiones lo hacen contra el criterio de la familia e incluso del marido. Pensar que las musulmanas, cuando toman decisiones que no se ajustan a lo que nosotros pensamos, lo hacen porque están obligadas, es considerar que millones de personas no tienen capacidad de decisión. Es como pensar que todas las monjas han sido obligadas a llevar esa vida que les hace perderse el sexo, la libertad o ponerse una falda corta. Y como no lo entendemos, lo prohibimos. El uso del niqab, el hiyab y el burka está vinculado a la vivencia de la religión, pero las condiciones dependen del contexto. A todo esto hay que atender. Y, sobre todo, hay que preguntarles a ellas”, zanja.