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UNA LECCIÓN EN TANZANIA

Madrid mira al Serengeti y escucha: "El enorme poder de la comunidad" para hacer relevo y sumar referentes femeninos

En la décima edición de Homeward Bound, Ana Gómez de Castro encontró en Tanzania una lección de comunidad que ahora quiere traducir en Madrid: aulas, redes y oportunidades para las que vienen detrás

Ana Gómez de Castro, a la izquierda, en su viaje a Tanzania con Homeward Bound.

Ana Gómez de Castro, a la izquierda, en su viaje a Tanzania con Homeward Bound. / CEDIDA

Marina Armas

Marina Armas

Madrid

Ana lleva grabada una imagen de su viaje a Tanzania: un grupo de veinte elefantes avanzando lentamente hacia el atardecer, en mitad del Serengeti. No es solo una escena íntima y emocionante "porque no podía parar de llorar", es también una lección silenciosa sobre estar presente, parar y mirar de verdad. Y casi sin buscarlo, esa calma revela otra idea de liderazgo: en las manadas de elefantes, la vida se organiza como una sociedad matriarcal, guiada por una elefanta líder que, con su experiencia y memoria, marca el rumbo, protege al grupo y toma decisiones clave para la supervivencia de todos.

Esa forma de avanzar juntas es la que Ana Gómez de Castro reconoce también en Homeward Bound, el programa internacional de liderazgo femenino impulsado por Acciona. Esta directora de Relaciones Públicas, Responsabilidad Social Corporativa y Educación en Live Nation España y profesora e investigadora de la URJC (Universidad Rey Juan Carlos de Madrid), ha formado parte de su décima edición junto a tres expedicionarias españolas y más de 50 mujeres de 17 nacionalidades. En enclaves como Arusha, Karatu y el Serengeti, durante dos semanas el grupo ha compartido formación y experiencia en torno a retos como el cambio climático y la defensa de los ecosistemas, y ha tejido sinergias entre mujeres científicas de distintos perfiles que refuerzan el liderazgo femenino en profesiones STEM. Un impulso que responde a un objetivo claro: que 3.000 mujeres pasen por el programa para que, en unos años, haya más mujeres en puestos de decisión y la toma de decisiones incorpore la igualdad de género. Porque, como en una manada matriarcal, cuando el liderazgo femenino se reconoce y se pone al frente, el grupo gana cohesión: "El enorme poder de la comunidad dentro del liderazgo", como ella misma resume. Un liderazgo que no solo dirige, mantiene unido al grupo y lo hace avanzar.

Ana no encaja en el estereotipo de la científica de bata y laboratorio, y justo por eso su papel en esta expedición es clave: aporta el puente entre lo que se investiga y lo que la gente vive en la calle. Su fortaleza está en traducir temas complejos como la sostenibilidad, la igualdad o la justicia social en relatos y formatos que conecten y salgan de esa "burbuja experta". Su objetivo lo resume sin rodeos: "Cómo saber compartir esto de manera comunicacional". Y lo que más le obsesiona es empujar para que los jóvenes entren en estos debates, porque la transformación también se juega en redes, aulas, conciertos y medios.

Ana Gómez de Castro, directora de Relaciones Públicas, Responsabilidad Social Corporativa y Educación en Live Nation España.

Ana Gómez de Castro, directora de Relaciones Públicas, Responsabilidad Social Corporativa y Educación en Live Nation España. / Juan Gama de Cossio

La iniciativa que impulsa Ana dentro del programa, Proyectos Horizontes, aterriza esa idea de "liderar comunicando". Junto a Beatriz Casares (bioquímica) y Elena Ceballos (ingeniera) ha creado una plataforma de divulgación que cada viernes traduce los grandes temas de Homeward Bound a un lenguaje cercano: género, salud mental, economía, agricultura, biodiversidad o sostenibilidad, siempre desde miradas complementarias. La ambición, además, va creciendo, porque tras el viaje a Tanzania, quieren que Horizontes no se quede solo en redes y evolucione hacia algo "más real", con un legado editorial que deje constancia de lo aprendido y lo ponga al alcance de más gente, especialmente de quienes aún no han encontrado esos referentes. La idea es ampliar el imaginario -poner referentes que normalmente no llegan, generar debate y despertar curiosidad- para que "las nuevas generaciones puedan verse participando, preguntando y actuando".

El liderazgo femenino y colectivo

La importancia de ese liderazgo colectivo fue, de hecho, uno de los aprendizajes centrales del viaje. En esta edición -la primera fuera de la Antártida- el cambio de escenario no fue solo geográfico: fue casi una declaración de intenciones. Tanzania se convirtió en un mensaje. Frente al aislamiento, el programa puso el foco en la comunidad, en la idea de que nadie llega lejos del todo por su cuenta. "Hemos visto que al final todos los que nos dedicamos a algo de manera individual llegamos mucho menos lejos que si lo hacemos de manera compartida", explica Ana. Y lo dice después de conocer de cerca a las comunidades masáis y su forma de convivir, respetando la tierra, la biodiversidad y a los animales.

Ese aprendizaje insiste, no tiene nada de eslogan: "No es un lema marketiniano, es una realidad". Y también funciona como espejo para Occidente, donde prima el impulso de hacerlo todo rápido, con menos gente, con menos escucha. De allí, en cambio, Ana se lleva otro ritmo, el de "pararse y escuchar, también a los demás".

Ana Gómez de Castro, 3º por la izquierda, junto a las otras tres españolas de la expedición.

Ana Gómez de Castro, 3º por la izquierda, junto a las otras tres españolas de la expedición. / CEDIDA

El choque de prejuicios sobre África

Al llegar a Tanzania, cuenta ese "golpe de realidad" que te desmonta cualquier idea previa: "Crees que sabes algo de África y, en cuanto pisas el lugar, te das cuenta de lo ignorante que eras". Lo que le choca no es solo lo que ve, sino lo que no suele aparecer en el relato mediático europeo, que llega "mínimo y global", reducido a pobreza y desigualdad. En cambio, Ana se encuentra un país riquísimo en biodiversidad y en conocimiento del medio: el Serengeti, animales que solo había visto en películas, y esa emoción de mirar sin prisa para dejar que el silencio también te enseñe.

Y cuando cree que ya lo ha entendido, aparece un segundo choque: el de la contradicción que lo complica todo. En Pastoral Women’s Council, una comunidad masái donde hombres y mujeres trabajan juntos para que las niñas accedan a colegios y universidades (y aprendan economía), Ana se ve reflejada: en España, reconoce, los foros de género suelen estar muy feminizados; allí, en cambio, ve a hombres implicados activamente. Se lleva una idea clara: "Aquí a quienes tenemos que llegar es a hombres", porque la igualdad es cosa de todos. No romantiza ni simplifica, porque hay prácticas culturales que pueden chocar desde Occidente, pero conviven con avances reales. Y lo que le queda es una llamada a abrir la mirada, escuchar más y aceptar que también tenemos mucho que aprender.

Las mujeres participantes en la 10º edición de Homeward Bound, impulsado por Acciona.

Las mujeres participantes en la 10º edición de Homeward Bound, impulsado por Acciona. / CEDIDA

Nuevas generaciones: ganas de cambiar, falta de referentes

Y ese liderazgo, y avance real, también exige saber contarlo y hacer relevo. "Aunque somos líderes, tenemos que saber comunicar", señala Ana. Y enseguida lanza la pregunta que le ronda todo el tiempo: cómo atraer a las nuevas generaciones a estas mesas de debate, porque "son ellos los que tienen ahora mismo el pulso". Como aquella manada hacia el atardecer, el liderazgo, cuando es compartido y consciente, no empuja, sino que conecta, cuida y abre camino.

Ana quiere poner el foco en un vacío que pesa más de lo que parece: los referentes que llegan a los jóvenes no siempre son diversos ni "de calidad" y eso acaba marcando qué se imaginan posible. Por eso no compra el tópico de que "a los jóvenes no les interesa". Les interesa, asegura, lo que pasa es que hay que saber llegar y "acercarles contenidos atractivos, sobre todo con ejemplos reales". Y ahí aparece su crítica, suave pero contundente. Si en educación y en los medios seguimos enseñando los mismos modelos, a menudo masculinos, repetidos, previsibles, lo que hacemos es estrechar el horizonte y obligar a muchos a "buscar por su cuenta" lo que debería estar al alcance de cualquiera.

Su propuesta es sencilla y muy de aula: repensar la educación para que el impacto social sea una herramienta de aprendizaje, abrir debates reales en el aula y llevar referentes a escuelas y universidades, no solo a las redes. El problema no es que falten mujeres con trayectorias potentes, y voces distintas, es que muchas veces no están llegando a los lugares donde se fabrican las miradas. Ahí es donde se decide qué caminos parecen "para ti" y cuáles ni siquiera se consideran.

De vuelta a Madrid, Ana intenta convertir ahora esta expedición a Tanzania en algo más concreto. Más divulgación con Horizontes, más referentes en las aulas y más redes para sostener el liderazgo femenino. Porque si Tanzania le dejó una imagen imborrable, también le dejó una convicción. Y es que los grandes retos no se ganan en solitario, se avanzan mejor cuando se camina en comunidad.