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CRIANZA SIN PANTALLAS

El pacto de las familias madrileñas para que sus hijos crezcan sin móvil: "Nos fuimos del colegio porque cambiaron los libros por tabletas"

La Asociación Libre de Móviles de Madrid (ALMMA) nació en 2024 a raíz del movimiento Adolescencia Libre de Móviles de Poblenou (Barcelona) con el fin de retrasar la entrega de un teléfono a los menores

Laura tuvo que cambiar a sus hijos de colegio porque le obligaban a sustituir los libros de texto por una tableta.

Laura tuvo que cambiar a sus hijos de colegio porque le obligaban a sustituir los libros de texto por una tableta. / Alba Vigaray

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Laura tuvo que cambiar a sus hijos de colegio porque el centro sustituyó los libros por una tablet. No fue una elección sino una imposición, dice. “No dábamos crédito y por un momento nos planteamos entrar en la rueda, por no ser raros. Pero no. Terminé empoderándome porque lo creía dañino, así que hablé con otros padres y me di cuenta de que no estaba loca. Como el centro no nos dio otra opción, nos fuimos”, relata Laura Sánchez, miembro de la Asociación Libre de Móviles de Madrid (ALMMA). Junto a su marido, trataron de iniciar una protesta, llevando a los niños a clase con libros en sus mochilas, pero no sirvió de nada: “Esto tiene un precio a nivel social que no todos llevan bien, ya que les señala como diferentes. En casa hemos tratado el tema, así que ellos lo comprenden. Aunque les hemos matriculado en dos centros diferentes nos ha compensado”. A sus 9 y 13 años, representan a la población infantil madrileña que, alejada de las pantallas, propone una crianza distinta tanto en casa como fuera de ella. 

“Siempre lo he tenido claro, pero no fui consciente hasta hace dos o tres años. Mis amigas, que fueron madres antes que yo, les compraron teléfonos a sus hijos cuando cumplieron 10 u 11, alegando que no había otra opción, pero me parecía un disparate y me negué”, añade. En su caso, la reacción no ha sido igual entre la mayor y el menor. Sin embargo, ninguno de los dos ha pedido todavía un móvil, pese a ser de los pocos niños en su clase que todavía sin él: “Es la única en su grupo de amigos. En otros son tres… Pero cuando le llegue el turno a mi hijo, estoy segura de que serán muchos más”. La ausencia de pantallas en casa, dice, les ha permitido desarrollar el sentido de la responsabilidad, sin depender de los grupos de WhatsApp para saber cuál es la tarea para el día siguiente: “Esos chats siempre echan humo. Les he enseñado a usar la agenda. Se gestionan ellos solos. No queremos que tengan ese comodín. Además, es una forma de poner en valor las amistades. Sus amigos saben que a ella la tienen que llamar por teléfono en vez de enviar un mensaje”. 

Una lucha permanente

En casa de Laura y compañía los móviles de los adultos quedan en una caja al llegar, Alexa está guardada, el despertador de toda la vida ha sustituido a la melodía del iPhone y ya no usan GPS a la hora de viajar. Cada uno con sus normas, pero todos con un objetivo común: cambiar la relación con la tecnología de las generaciones futuras. “Nos dimos cuenta de que si les dábamos un teléfono, al quitárselo se ponían súper nerviosos. Incluso presentaban conductas ansiosas. Y eso no ocurre con un juguete o un instrumento musical”, sostiene Vicky Paraja, otra de las madres bajo el paraguas de la asociación. Fue ese el punto de inflexión que hizo a la madrileña higienizar su casa de estímulos digitales: “Fuimos poco a poco, viendo como nuestros amigos viven una lucha permanente en casa con este tema. La Asociación Española de Pediatría (AEP) no para de decir que es malísimo y, llegada cierta edad, imposible de controlar”. 

09.02.2026. MADRID. ALMMA, Asociación Adolescencia Libre de Móviles Madrid. Foto: Alba Vigaray

Laura Sánchez (i) y Vicky Paraja (d), miembros de la Asociación Libre de Móviles de Madrid. / Alba Vigaray

En su caso, la tableta también llegó al centro educativo de sus hijos, de 13, 11 y 9 años. Gracias a la unión de varias familias que presentaron informes explicando los efectos que esto tendría en los alumnos, los dispositivos pasaron a ser propiedad del colegio. “Si el niño considera que la tableta es suya, cree que puede hacer lo que quiera con ella, depositando toda la responsabilidad en la familia, lo cual es inasumible. El colegio fue muy razonable después de 10 años con este sistema”, añade. Paraja asegura que, en los últimos años, los pequeños han aprendido a socializar y ahora tienen tiempo para otras cosas: “Pasamos más tiempo los cinco juntos, leyendo, jugando y pintando. Yo misma me he auto obligado a dejar el teléfono en una caja y de pronto tengo tiempo para mí. Como adultos, también tenemos que ponernos estos retos”. Su hijo mayor, que tiene un móvil “de tapa para hacer llamadas y SMS”, es el único de la clase sin smartphone. 

“Tiene la sensación de ser raro porque sus amigos tienen grupos de Whatsapp desde sexto de primaria. Han pasado cosas tan terribles en esos chats, que me alegro muchísimo de que ni mi hijo ni yo hayamos estado en ellos. Ellos saben que hasta los 18 años no lo van a tener”, suma, alegando al mismo tiempo que su día a día es mucho más saludable que el del resto sin necesidad de vivir aislados: “Van por la calle, pueden ver la televisión los fines de semana, van a casa de amigos o abuelos… Llegará un momento en el que lo más cool será estar desconectado y nuestros hijos serán punta de lanza. Criarse rodeado de pantallas provoca que, el día que llegues a tu primer trabajo, no sepas relacionarte o hablar en público. El teléfono frena el crecimiento. Ya no hay trileros en la calle, ahora son estafadores y pederastas en Roblox, TikTok o Fornite”. ALMMA nació en 2024 a raíz del movimiento en Poblenou que apostaba por retrasar la entrega de móviles a los menores. “Surge de la necesidad de poner orden y tener incidencia política de forma sencilla, divulgando a nivel social y acompañando a las familias”, cuenta María Gijón, presidenta de la asociación. 

Acceso a redes sociales

“Somos madres preocupadas y ocupadas”, bromea. El 95% de los progenitores madrileños que plantan cara a las tecnológicas son mujeres y, aunque la asociación cuente con un centenar de miembros, aseguran contar con el apoyo de entre 5.000 y 10.000 personas más. “Hemos comparecido en la Asamblea de Madrid, hemos hecho alegaciones a todos los decretos nacionales y autonómicos que tengan que ver con este asunto, y también generamos recursos para ayudar a las familias. Les explicamos cómo implementar nuestro pacto de familias en un colegio o cómo reclamar la eliminación de tabletas”, apunta. Son documentos que ellas mismas han creado para que cada padre o madre interesado lo edite. El Pacto de las Familias del que habla Gijón es una medida “eficaz” e “inmediata” mientras llega la ley: “Se trata de acordar con el círculo del menor para no comprarles un teléfono. Si ninguno de sus amigos lo tiene, se acabó la presión social”. 

09.02.2026. MADRID. ALMMA, Asociación Adolescencia Libre de Móviles Madrid. Foto: Alba Vigaray

María Gijón, presidenta de la Asociación Libre de Móviles de Madrid. / Alba Vigaray / EPC

Pedro Sánchez anunciaba hace unos días que España prohibirá el acceso a redes sociales a menores de 16 años. “Apoyamos la medida, pero es algo que ya estaba planteado en el anteproyecto de ley de protección de menores, no es nada nuevo. Reivindicamos que se obligue a las plataformas a implantar el sistema de verificación de edad y que se habilite una institución española para sancionar a quien no lo haga”, insiste. Comparándolo con los espacios libres de humo presentes en nuestra sociedad desde hace años, la madrileña cree necesaria la habilitación de espacios educativos y polideportivos libres de móviles, teniendo en cuenta las recomendaciones de la AEP. La presidenta cree que el problema principal emana de la edad de consentimiento de datos: “Deberían subirla a 16, ya que actualmente está en 14 y 13, con consentimiento paterno. No sólo en redes sociales, sino en cualquier aplicación. A día de hoy hay niños de 10 años con acceso al juego y el porno porque no hay un sistema de verificación de edad y sus familias lo permiten”. 

Las secuelas de un uso de móviles y acceso a redes sociales a edades tempranas, pueden ser muchas y muy variadas. “Elige qué quieres que le toque a tu hijo o hija. A nivel cognitivo, puede desembocar en un déficit de atención, menor capacidad de memoria o empobrecimiento del lenguaje. A nivel personal, no saben relacionarse, pierden la empatía y no saben gestionar la frustración. También promueve el sedentarismo, la obesidad y los problemas de sueño. La salud mental también se ve perjudicada por la comparación constante, la exposición a violencia y la facilidad que hay para acosar y ser acosado”. María concluye asegurando que deberían ser las grandes empresas tecnológicas quienes den un paso al frente y regulen sus políticas. “Si atacar la infancia y adolescencia amplía su cuota de mercado, no lo harán. El castigo debe ser ejemplar. Nos han hecho creer que nuestros hijos son nativos digitales, que tienen derecho a estar en el entorno digital y que se puede hacer un uso responsable, pero es todo mentira”, zanja.