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URBANISMO

Peatonalizar la calle Mayor, ¿sueño o realidad futura?

Expertos y vecinos abogan por terminar de cerrar al tráfico la vía y crear un eje peatonal desde Sol, aunque por el momento no entra en los planes del Ayuntamiento

Recreación de la calle Mayor peatonalizada.

Recreación de la calle Mayor peatonalizada. / X | Antonio Giraldo

Héctor González

Héctor González

Madrid

Nunca ha llegado a estar plenamente sobre la mesa, pero la ha rondado en más de una ocasión. La posibilidad de peatonalizar por completo la Calle Mayor vuelve periódicamente al debate público madrileño, impulsada tanto por propuestas ciudadanas como por el precedente de las intervenciones recientes en el entorno de la Puerta del Sol. El cierre al tráfico de la plaza en 2020, aparejado al de varias vías del entorno, incluyendo algunos tramos de la calle Mayor, dio alas a la conversación pública sobre la conveniencia o no de completar la peatonalización de todo el eje.

Desde entonces, las asociaciones vecinales han señalado en diversas ocasiones la calle como un eje especialmente sensible por su intensidad de paso peatonal y su valor histórico. En el portal Decide Madrid llegó a registrarse en 2022 una petición explícita para hacerla “toda peatonal”,  denunciando que sus aceras estrechas hacen "intransitable" una vía por la que pasan alrededor de 5 millones de personas al año. "En cualquier capital europea una calle emblemática como nuestra calle Mayor sería una joya cuidada y peatonalizada", recogía la propuesta.

Uno de los grandes defensores del proyecto es Antonio Giraldo, el portavoz de Urbanismo del PSOE en la capital, tanto por puesta en valor del patrimonio como por razones de seguridad. En su opinión, la calle ya presenta un problema evidente de convivencia entre coches y peatones, con algunos tramos de "aceras muy estrechas" y una gran afluencia de turistas que hace que "a veces se vea a gente invadiendo la calzada". Por ello, si no es una peatonalización completa, considera que, al menos, se deberá afrontar una reducción del asfalto.

A favor de la medida, sostiene, juegan varios factores: que el tramo final hacia Sol ya es peatonal desde hace varios, por lo que supondría una continuación y una transformación desde cero; y que Mayor no tiene líneas de autobús que tendrían que redirigirse. Tan solo habría que "hacer una reorganización del tráfico de la zona", apunta, que en su mayoría está compuesto por VTC y vehículos turísticos. Eso sí, con el matiz de cómo afectará a los edificios de oficinas, hospedajes y otros negocios de la zona que utilizan la calle como vía de acceso y salida.

En la misma línea, Alejandro Parejo, arquitecto y urbanista especializado en procesos participativos y ciudad, considera la peatonalización de la calle Mayor como una intervención viable y, en principio, positiva, porque partiría de un centro que ya funciona con restricciones de tráfico. Considera igualmente que el impacto sobre la movilidad no sería "demasiado importante", ya que, como en el resto de calles del centro peatonalizadas, podrían seguir accediendo residentes y transportistas. Además, señala, el Consistorio cuenta actualmente con "las capacidades y la tecnología" para medir y conocer "con certeza" el impacto que tendría cerrar la calle al tráfico no residencial.

Desde el punto de vista urbanístico, además de eliminar el tráfico, para Parejo la actuación permitiría terminar de convertir la calle Mayor en un "verdadero eje vertebrador", capaz de conectar la ciudad desde la Puerta del Sol hasta el Campo del Moro, pasando por el Palacio Real y la Catedral de La Almudena. "Lo más interesante desde el punto de vista urbanístico, a mi modo de ver, sería esa conexión con el Campo del Moro", asegura, "que podría llegar a conectar con un itinerario saludable o los dos espacios". Como punto negativo, reconoce que existen "condicionantes a nivel de patrimonio" que habría que tener en cuenta para poder llevar a cabo esta intervención en la zona, aunque "para eso están los paisajistas y los estudios de paisaje".

Entre los residentes de la zona el apoyo también es mayoritario, aunque con un gran pero: el miedo a que el espacio ganado a los coches acabe en manos de la hostelería. "Nosotros estamos muy a favor de que hay que pacificar el tráfico del centro en general", indica Casilda Rivilla, presidenta de la Asociación Vecinal de Sol y Letras, especialmente pensando en "las pocas vecinas que van quedando por la calle Mayor", aunque el problema es "el modelo" que viene después de este tipo de operaciones. Les encantaría que la calle se vuelva peatonal para que resulte "más vivible", pero no para que "se llene de terrazas".

Si se convierte en "otro espacio público privatizado para el negocio de unos pocos, no lo queremos", subraya esta portavoz vecinal, antes de resumir su postura: "¿Estamos en contra de la peatonalización? No; ¿estamos a favor? Pues tampoco". Por lo que sí aboga sin ambages Rivilla es por “una nueva forma de urbanismo más vecinal, más social y más relacional” que deje de expulsar a los vecinos de toda la vida.

Prácticamente, los mismos argumentos que esgrime Ricardo Bustos, presidente de la asociación Residentes de la Plaza Mayor y Aledaños: "Estamos totalmente de acuerdo" con la peatonalización, siempre que no se convierta en un pretexto para ampliar terrazas y usos de ocio. "El centro está ya muy sobrecargado de turistas y ocio", lamenta, por lo que el quid de la cuestión está en "si va a ser realmente para el peatón o va a servir para otra cosa". Según este vecino desde hace 15 años de la calle Mayor, lo que debería implantarse es "un mejor plan de usos" que reordene el espacio, con más vegetación, fuentes y bancos, "que hacen mucha falta".

Si bien es cierto que este tipo de actuaciones de regeneración urbana, especialmente en zonas tan sensibles como la almendra central de Madrid, "tienen una afección muy significativa en niveles de gentrificación", apunta Parejo, la respuesta no debe ser renunciar a “obra pública o espacios públicos de calidad”, sino actuar por otras vías (alquileres, inversión, expulsión vecinal). "Es importante que se desvincule la transformación del espacio público del uso privativo del mismo", añade Giraldo, pues este es "una decisión política" para la que existen alternativas. "Es posible llevar a cabo una peatonalización sin que se autoricen terrazas", subraya.

Ni el Ayuntamiento, consultado por este periódico, se plantea por el momento esta operación ni el PSOE-M contempla proponerlo todavía - antes quieren dar prioridad a reclamar la peatonalización completa de Fuencarral, aprobada y olvidada desde hace una década-, pero el concejal socialista se atreve incluso a deslizar un horizonte temporal: teniendo en cuenta que la calle Mayor es el último gran eje del centro "que queda" por peatonalizar, "yo creo que de aquí a 20 años debería estar en obras", vaticina Giraldo.