CONSULTAS ACCESIBLES
La ginecóloga madrileña que aprendió lengua de signos para tratar a pacientes sordas: "Es la primera vez que un médico habla con ellas"
Irene Coronado es la mente detrás del proyecto AMIGA, acrónimo de Atención Médica Individualizada Ginecológica Accesible, en el que ya ha realizado más de 20 consultas a mujeres sordas y sordociegas

Irene Coronado ya ha realizado más de 20 consultas a mujeres sordas y sordociegas. / CEDIDA

¿Imagina ir al hospital y no poder comunicarse con el médico que le atiende? No hace falta que lo imagine, pues es la realidad de miles de personas en nuestro país. “Un día, en urgencias, atendí a una mujer que venía con un aborto. La acompañaba su tía, que empezó a hablar conmigo. Rápidamente leí en su historial que tenía discapacidad auditiva, así que empecé a comunicarme con ella a través de las manos. Su cara fue de asombro total. Pasamos toda la consulta hablando entre nosotras y salieron cosas muy importantes para su historial clínico, tanto médicas como sociales, que había que tratar”, relata Irene Coronado (32), doctora en el Hospital Infanta Cristina de Parla y creadora del proyecto Atención Médica Individualizada Ginecológica Accesible (AMIGA), que ofrece consultas de ginecología accesibles para mujeres sordas y sordociegas.
Aquel día, la paciente abandonó la consulta sintiéndose comprendida: “Me confesó que era la primera vez que un médico hablaba con ella y me dejó muy impactada porque tenía 30 años. Había estado relegada a un segundo plano, completamente infantilizada, toda su vida. Y realmente era una persona completamente autónoma”. Graduada en Medicina y especializada en Ginecología y Obstetricia, la madrileña se topó con una campaña de sensibilización con apenas 19 años, cuando aún estudiaba: “Empecé haciendo algún curso de manera esporádica, los viernes, que no estudiaba Anatomía, Bioquímica o Farmacología. Me acercaba a alguna asociación de mi barrio, donde impartían clases. Lo fui compaginando hasta que la universidad y el MIR ocuparon todo mi tiempo”.

Irene Coronado junto a una paciente en la consulta accesible de ginecología del Hospital Universitario Infanta Cristina de Parla, Madrid. / CEDIDA
Aprobado el examen y escogida la especialidad, Irene decidió matricularse en el grado en Lengua de Signos Española y Comunidad Sorda en la URJC, donde a falta de un TFG relacionado con la implantación de estos servicios, está a punto de finalizar. “Seguía teniendo el gusanillo, así que entré en contacto con mucha más gente sorda y me sensibilicé con la comunidad. Con el tiempo entendí todas las necesidades que quedan por cubrir para facilitar la vida a personas con dificultades en la comunicación verbal. No tienen acceso a recursos que, para el resto de la población, son básicos, como contactar con un profesional de la salud de manera directa. Sobre todo en una rama tan sensible como es la ginecología, con exploraciones delicadas y todavía muchos tabúes que incomoda hablar delante de una tercera persona”, relata.
20 consultas
Hace algo más de dos años y tras esa consulta que cambió su percepción, sintió que era el momento de poner en marcha algo que sólo ella podía ofrecer. “No era un capricho, sino una necesidad de atención médica de calidad, tanto física como psicológica o social. Empecé a pensar cómo podía implantar la lengua de signos en mi trabajo y se me ocurrió hacer consultas accesibles, que es por donde hemos empezado. La idea, de cara a un futuro cercano, es ampliarlo a la atención al parto, a la zona de paritorios y también a la atención posparto. Incluso que se den talleres de educación sanitaria y prevención de enfermedades, a los que sólo los oyentes tenemos acceso a día de hoy”, suma.
La primera cita médica del proyecto AMIGA tuvo lugar en mayo de 2025 y, desde entonces, Irene ha tratado a más de 10 pacientes en 20 consultas diferentes. “La idea llevaba en mi cabeza dos años, pero he necesitado la aprobación de muchos jefes para ponerla en marcha. Todos dieron el visto bueno y lo entendieron desde el principio como una necesidad real y urgente, así que formalizamos el proyecto. Hasta que no hicimos las primeras consultas no decidimos publicitarlo, pero en la actualidad ya está abierto a cualquier paciente que lo desee”, suma. Coronado no está sola en esto. Ha formado un equipo de profesionales que, como ella hizo, están aprendiendo lengua de signos para trasladarlo al ámbito sanitario.

Irene Coronado ofrece consultas de ginecología accesible a mujeres sordas y sordociegas en el Hospital Universitario Infanta Cristina de Parla. / COMUNIDAD DE MADRID
“Contamos con lengua de signos, lengua de signos apoyada y también dactilológica, que es uno de los sistemas de comunicación que utilizan las personas sordociegas. También disponemos de un atlas de anatomía con imágenes, tanto en físico como en versión electrónica. Sin embargo, no es suficiente. Estamos pidiendo más recursos, sobre todo visuales, como maquetas o un bucle magnético, un apoyo tecnológico que ayuda a la audición de pacientes con implante o audífono”, resalta. La respuesta por parte de las pacientes siempre es positiva, dice. Todas ellas abandonan la consulta agradecidas de poder tener contacto directo con la ginecóloga y de poder explicarse sin requerir la presencia de terceras personas que actúen como intérpretes.
Dosis de autonomía
AMIGA aporta autonomía a estas mujeres, que pueden acudir al médico solas y sin miedo a sentirse incomprendidas. “Al quitar el intermediario en este contexto, una consulta ginecológica, sienten que tienen más privacidad, preguntan todas las dudas que les surgen y se explican mejor. Además, los médicos podemos cerciorarnos de que ellas han entendido lo que les está pasando, médicamente hablando”, apunta. El objetivo final de esta iniciativa es mejorar la relación entre médico y paciente para que, así, mejoren también los tratamientos, se entiendan los diagnósticos y se puedan abordar otras situaciones que vayan surgiendo por el camino. Por ahora, Irene es pionera en accesibilidad. Sin embargo, cree que este modelo podría trasladarse a otras especialidades.
“Estamos abiertas a que otras áreas lo copien. A veces no es tan importante saber lengua de signos y tener un nivel alto, sino entender cómo funcionan estas personas y estar sensibilizados con sus necesidades. Para que AMIGA se consolide, necesitamos más recursos humanos, más formación de profesionales y más campañas de sensibilización. Sin olvidar, por supuesto, los recursos táctiles y visuales, que son insuficientes”, zanja.