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AUTOSERVICIO

Las lavanderías madrileñas hacen su "agosto" por las lluvias interminables: "Es imposible que la ropa se seque en casa"

Ante las intensas lluvias de estas semanas, los vecinos de Madrid buscan soluciones para secar la ropa, recurriendo a lavanderías autoservicio, que ofrecen un servicio económico ante la imposibilidad de tender en casa

Las lavanderías madrileñas se llenan por las intensas lluvias de estas semanas: "Es la única forma de secar la ropa"

Raquel Serrano

Madrid

88,6 litros por metro cuadrado. Es la lluvia acumulada en la ciudad de Madrid durante el pasado mes de enero. Fue uno de los inicios de año más lluviosos, según los datos del ayuntamiento. La media habitual para este mes es de 36,8 litros por metro cuadrado, por lo que la cifra registrada este año supera con creces lo normal. Y febrero parece que va en camino, aunque la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) es que este viernes sea el último día -de momento- marcado por las intensas lluvias que llevamos sufriendo semanas en la capital.

Las precipitaciones abundantes no solo tienen consecuencias en la salud, que se traducen en mayor tristeza, apatía o cansancio, sino que obligan a los madrileños a buscar alternativas para secar la ropa en casa, que durante estos días se convierte en "misión imposible", como explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Óscar, vecino del barrio de Tetuán.

Son las 18 horas de la tarde, después de una mañana de prácticas, este joven estudiante de Enfermería se ve obligado a recurrir a la lavandería autoservicio -hay casi un centenar repartido por los barrios de Madrid- que está al lado de su casa. Va cargado con una bolsa de un conocido supermercado llena de ropa, sobre todo, vaqueros y sudaderas. No tiene secadora en su piso de alquiler y "la ropa se queda días completamente mojada".

Óscar reconoce que antes prefería tenderla en casa, aunque tuviera que esperar varios días a que estuviera seca. Sin embargo, después de tantas semanas lloviendo, no ha tenido más remedio que encontrar una solución. Confiesa que, aunque no forma parte de su rutina semanal, cada vez ve a más personas en estos establecimientos, especialmente en temporadas de mal tiempo. "Ves a familias, estudiantes y gente que trabaja... Es la única manera de que la ropa no huela fatal, a humedad". Y es que, su económico precio también es un incentivo. "En menos de media hora, y por solo cuatro euros tengo toda la ropa seca, no merece la pena comprar una secadora".

Una tarea que repite una joven madre primeriza en un local en el barrio madrileño de Argüelles. Elena espera, mientras entretiene a su bebé de seis meses Martina, a que termine su secadora de ocho kilos de ropa. "Entre bodies, baberos y cambios de ropa, esta es mi única salvación", cuenta quien vive en un pequeño piso de 60 metros cuadrados con su pequeña y su pareja. Hoy ha venido con cuatro bolsas de ropa para lavar y con un pelín de paciencia: "Cuando vine a las cuatro de la tarde había cinco personas delante de mí y ahora que son casi las seis ya me toca".

Al principio, hacer la colada era para Elena un auténtico quebradero de cabeza: entre el espacio justo del piso y la falta de opciones, cada lavado se convertía en una pequeña odisea. La solución le llegó casi por casualidad, una noche cualquiera, durante una cena con amigas. "Una amiga me comentó la posibilidad de venir a una lavandería con secadoras… y aquí estoy", comenta mientras mira de reojo el tiempo restante en las máquinas. Desde entonces, ya es una rutina: lleva un par de semanas viniendo a menudo, encadenando lavados sin complicarse. "No tengo una casa más grande y no sé dónde meterla en este piso", explica, refiriéndose a la secadora que, de tener sitio, habría comprado sin dudar. Pero mientras el metro cuadrado manda, el autoservicio se ha convertido en su plan b… y, de momento, en el más práctico.

Familias y deporte: el bombo nunca se vacía

A su lado, Carlota, madre de tres varones de 4, 6 y 9 años, se ha acostumbrado a hacer la colada casi como quien sigue el calendario de extraescolares. Entre el fútbol, tenis y baloncesto que practican y las manchas que traen del colegio, asegura que "no tiene otra opción". En casa suele tender en un tendedero exterior, pero con estos días lluviosos les resulta imposible, y dentro no tiene espacio "ni la ropa se saca con la misma rapidez". Cuenta que a veces llega y no encuentra ni una máquina libre. Pero hoy tiene suerte y ha pillado lavadora y secadora "a la primera". Es su plan de tarde, no es capricho: cuando se le acumula el bombo de ropa, no le queda otra que venir a secar aquí. Y, en el fondo, le compensa: "Me gusta porque puedo meter la ropa de todos a la vez; tiene capacidad para siete u ocho kilos, o hasta 12 algunas… en casa tenía que poner varias lavadoras".

Al final de la tarde, Paco entra con un saco repleto, "llevo 5 o 6 días sin poder subir a tender... no se seca o se la lleva el viento", se queja. Viene de probar suerte en otra lavandería, pero que allí la cola "era aún mayor". "Estoy deseando que aparezca un día con un rayito de sol", remata con esperanza mientras busca una máquina libre.