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RUIDO NOCTURNO

El ocio nocturno madrileño pide revisar la normativa tras la reducción de ruido registrada por el Ayuntamiento

El sector considera que "ha llegado el momento de un cambio de modelo" en la gestión municipal del ruido de bares y discotecas

Jóvenes frente a un local de ocio nocturno.

Jóvenes frente a un local de ocio nocturno. / Archivo

Héctor González

Héctor González

Madrid

La Plataforma por el Ocio, la Hostelería, la Cultura y el Turismo de Madrid ha reclamado este jueves una revisión del modelo de las Zonas de Protección Acústica Especial (ZPAE) para flexibilizar la normativa actual, ya que consideran que "dificulta la actividad" del sector y no se adapta a la nueva realidad acústica de la capital.

La petición llega dos días después de que el Ayuntamiento madrileño presentara el martes el nuevo plan de acción contra el ruido que, entre otros datos, cifra en un 77,7% la reducción de los niveles de ruido nocturno desde 2006 y situó en el 4% la población afectada por niveles excesivos, frente al 20% de hace dos décadas.

En un comunicado difundido este jueves, la plataforma valora “positivamente” los datos municipales y los interpreta como una prueba de la “mejora sustancial” de Madrid en convivencia y calidad ambiental. Sin embargo, sostiene que esos resultados obligan ahora a abrir un debate sobre el enfoque seguido hasta la fecha en la lucha contra el ruido y, en particular, sobre el papel de las ZPAE.

Según el sector, el fenómeno del ruido urbano requiere cada vez un planteamiento más transversal en el que adquieran mayor peso factores como el tráfico y la movilidad, los servicios municipales de limpieza, las tiendas 24 horas, los protocolos de desalojo de locales, el retroceso del botellón o la presión de los pisos turísticos.

En este sentido, los empresarios nocturnos defienden que las ZPAE suponen mayormente un instrumento de restricción para la hostelería, con limitaciones horarias, a las terrazas o a la inversión; y con restricciones de aforo basadas en criterios ambientales que, en su opinión, deberían ajustarse a criterios estrictamente de seguridad.

La nota recuerda también que el propio sector ha impulsado en los últimos años campañas de concienciación y protocolos para el desalojo ordenado de los locales, la gestión de las terrazas y el control de los flujos de público en la vía pública, las cuales "han contribuido a la evolución positiva de la problemática de la contaminación acústica". Reiterando este compromiso por mejorar la convivencia, la entidad subraya que "ha llegado el momento de un cambio de modelo".

Las líneas maestras del Plan de Acción contra el ruido

El Plan de Acción en materia de contaminación acústica del Ayuntamiento de Madrid 2025 es la hoja de ruta con la que el Gobierno municipal pretende dar cumplimiento a las exigencias europeas sobre planificación ambiental del ruido. Su objetivo declarado es reducir la exposición de la población a niveles sonoros superiores a los valores seguros y avanzar hacia una ciudad “más saludable y habitable”. El documento identifica como principales focos de ruido el tráfico rodado, el transporte ferroviario, las actividades de ocio nocturno y determinadas infraestructuras industriales y de servicios urbanos.

Entre sus líneas de acción prioritarias, el plan incluye la renovación del mapa estratégico de ruido, la implantación de pavimentos fonoabsorbentes en tramos de la M-30 y principales avenidas, y la instalación de pantallas acústicas en zonas de alta densidad residencial próximas a grandes viales, como los corredores de la A-5, la Castellana y la M-30 a la altura de Ventas. Además, propone reforzar la inspección y control acústico de actividades mediante sensores y campañas de medición, actualizar las zonas de protección acústica especial (ZPAE) y elaborar un nuevo protocolo de evaluación ambiental del ruido en obras y actividades.

El plan contempla asimismo medidas en materia de movilidad sostenible, aunque sin compromisos concretos: promueve la renovación de flotas hacia vehículos eléctricos o menos ruidosos, la mejora del transporte público y el fomento de los modos activos (caminar o pedalear). También prevé campañas de sensibilización ciudadana sobre el impacto del ruido y la creación de un observatorio acústico municipal que centralice datos y coordine las distintas áreas implicadas.