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ARTE

El artista que convirtió la calle en museo: el Reina Sofía reivindica el 'arte vivo' de Alberto Greco en una gran retrospectiva

La exposición muestra más de 200 obras y documentos que testimonian tanto sus trabajos literarios y en artes plásticas como sus acciones en el espacio público

'Soldadito español', (1964). Colección Brodersohn, Buenos Aires.

'Soldadito español', (1964). Colección Brodersohn, Buenos Aires. / COLECCIÓN DE ALBERTO GRECO

Madrid

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha presentado la exposición Alberto Greco. Viva el arte vivo, una retrospectiva dedicada al creador argentino Alberto Greco (Buenos Aires, 1931 – Barcelona, 1965). La muestra podrá visitarse del 11 de febrero al 8 de junio de 2026 en la Planta 0 del Edificio Sabatini y reúne más de 200 obras y documentos entre trabajos literarios, piezas de artes plásticas y materiales vinculados a sus intervenciones en el espacio público.

La presentación ha contado con la participación del director del museo, Manuel Segade; la delegada del Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, institución que colabora en el proyecto; y el comisario de la exposición, Fernando Davis. El recorrido propone una lectura cronológica y conceptual de la trayectoria de Greco, situándolo en el marco de las vanguardias de su época y conectando sus propuestas con debates actuales sobre creación y espacio público.

Alberto Greco en Piedralaves, 1963.

Alberto Greco en Piedralaves, 1963. / MONTSERRAT SANTAMARÍA

Uno de los ejes de la exposición es la formulación del “arte vivo”, término que Greco funda en 1962 para sostener una idea central: el artista no debía limitarse a presentar un cuadro, sino señalar y activar lo que ocurre en la calle. Esa concepción, que más tarde denomina vivo-dito (dedo vivo), atraviesa buena parte de las salas mediante documentación de acciones y proyectos, junto a dibujos, escritos y collages. La muestra incluye también referencias a intervenciones como las realizadas en Piedralaves (Ávila) y Lavapiés (Madrid), además de sus objets vivants, actuaciones en directo con modelos reales.

Ocho salas

La exposición se organiza en ocho salas que cubren el periodo entre finales de los años 40 y 1965. La Sala 1 funciona como prólogo y reúne textos tempranos —poemas y cuentos— como Criatura humana (1949), Fiesta (1950) y Ni tonto ni holgazán (1956), además de materiales vinculados a su primer viaje a París (1954–1956).

'Alberto Greco, ¡qué grande sos!' (1961).

'Alberto Greco, ¡qué grande sos!' (1961). / SAMEER MAKARIUS

La Sala 2 se sitúa en Buenos Aires (1959), cuando Greco trabaja un informalismo en el que el cuadro se entiende como un organismo y los materiales se llevan al límite. La Sala 3 aborda el giro entre 1961 y 1963: desde los carteles con mensajes como “¡¡QUÉ GRANDE SOS!!” y “El pintor informalista más importante de América” hasta la proclamación del arte vivo en su segundo viaje a París. En ese periodo se documenta también su primera exposición callejera —un círculo trazado con tiza que declara una acción como obra— y la redacción en Génova del Manifesto Dito dell’Arte Vivo. En 1963, tras la representación de la pieza experimental Cristo 63. Omaggio a James Joyce, se ve obligado a abandonar Italia.

Encuentro de la vanguardia

Las Salas 4, 5 y 6 se centran en su llegada a España y su actividad entre Madrid y Piedralaves, localidad que rebautiza como Grequissimo Piedralaves y en la que declara al pueblo y a sus habitantes como parte de una acción de arte vivo. En este bloque se presenta el Gran manifiesto-rollo arte vivo-dito, una tira de papel intervenida de casi 300 metros, de la que se muestran dos fragmentos. En Madrid se recogen acciones como el viaje colectivo en metro de Sol a Lavapiés, que culmina con la quema de una gran tela pintada de forma conjunta, así como la presentación de sus primeros objets vivants en la Galería Juana Mordó. También se aborda la creación de su Galería Privada, concebida como taller, sala de exposiciones y punto de encuentro de la vanguardia, y sus colaboraciones con artistas como Manolo Millares y Antonio Saura.

'Yo también me he cambiado a Greco (Greco d’aujourd’hui)' (1964.).

'Yo también me he cambiado a Greco (Greco d’aujourd’hui)' (1964.). / COLECCIÓN PARTICULAR

La Sala 7 recorre el tramo final, entre 1964 y 1965, marcado por estancias en Buenos Aires, Nueva York, Madrid, Ibiza y Barcelona. De 1964 son los collages de autopropaganda, intervenciones sobre anuncios de revistas. En 1965, en Ibiza, inicia la novela Besos brujos, cuyo título toma de la película de 1937 de José Agustín Ferreyra y que incorpora dibujos, anotaciones y materiales diversos como parte de un dispositivo narrativo tratado como pieza de arte vivo. La última sala presenta Todo de todo, un collage concebido como acumulación autorreferencial vinculada a la idea de un arte dirigido “a todo el mundo”.