ADICCIONES
Pablo Llama, psicólogo de Proyecto Hombre Madrid: "El alcohol en mujeres ha estado estigmatizado; ahora están pidiendo ayuda antes o con más facilidad"
"Una adicción no es 'vicio', es un trastorno. Nadie se levanta por la mañana queriendo destrozar su vida y la de su familia", explica este psicólogo

Pablo Llama, psicólogo de Proyecto Hombre Madrid. / Alba Vigaray / EPE

En España, país productor de vino y cerveza, el alcohol está tan integrado en la cultura y en la vida social que a menudo se normaliza su consumo, pero esa aceptación también dificulta ver cuándo se convierte en una adicción y pedir ayuda a tiempo. En EL PERIÓDICO DE ESPAÑA hablamos con Pablo Llama, psicólogo de Proyecto Hombre Madrid, una organización sin ánimo de lucro con más de 40 años de experiencia en prevención, tratamiento y rehabilitación de adicciones, para analizar cómo evoluciona el consumo problemático de alcohol, así como de otras sustancias, y qué perfiles están llegando a consulta. Proyecto Hombre Madrid atendió solo en 2024 a 6.539 personas.
¿Cómo ha cambiado el consumo de las drogas en todo este tiempo en la Comunidad de Madrid?
En estos casi 42 años el perfil, la atención y el tratamiento han cambiado muchísimo. En el 84 cuando nace el Proyecto Hombre Madrid, se está viviendo casi una epidemia con el problema de la heroína, apenas existían tratamientos específicos y muchas personas acababan en urgencias sin una respuesta adecuada. Hoy en Proyecto Hombre Madrid trabajamos con muchos programas distintos: adicciones, salud mental, patología dual, riesgo de exclusión y menores con medidas judiciales. Desde un enfoque biopsicosocial y con una atención integral e individualizada de la persona, apoyados en equipos multidisciplinares. Ya no es un problema ligado a una sola sustancia: ahora vemos casos más complejos, con adicción y otros trastornos a la vez, que requieren un abordaje especializado.
En ciudades como Madrid, en los 80, la droga parece que estaba más vinculada a la marginalidad o a determinados ambientes de la sociedad u orientaciones sexuales. Ahora, ¿es más transversal?
Es verdad que antes la adicción a la droga estaba más estigmatizado y vinculada a la marginalidad y a determinados ambientes de la sociedad. Pero hoy en día está presente en cualquier ámbito de la sociedad. Pensar que el adicto solo es alguien que vive en un barrio y que está desestructurado y pidiendo por la calle es un gran error. Esos casos son una minoría.
¿Qué provoca que una persona se vuelva adicta al alcohol, a la cocaína...?
Nos equivocamos si buscamos una sola causa. En las adicciones influyen muchos factores personales, pero también familiares, sociales y contextuales. Lo importante es entender que casi cualquiera puede desarrollar una adicción en determinadas circunstancias. Aunque una persona tenga recursos personales muy positivos, si atraviesa un contexto muy difícil o un hecho traumático, y encuentra en una sustancia algo que le alivia, es fácil que se genere una relación problemática.
Pero para entender es importante desestigmatizarlo. Una adicción no es "vicio", es un trastorno. Un adicto no se levanta por la mañana queriendo destrozar su vida y la de su familia.
El alcohol es legal, accesible y cultural: eso complica la prevención y el tratamiento
¿Cómo describiría la situación actual del consumo problemático de alcohol?
El alcohol sigue siendo un problema muy presente. Y que tiene una particularidad: es una sustancia con un gran poder adictivo y que está muy normalizada porque está integrada culturalmente y además es legal. Eso complica mucho las cosa porque cuesta más detectar cuándo hay un problema, se tiende a minimizarlo y, cuando se plantea un tratamiento, a veces la persona y el entorno tardan más en asumir la gravedad.
Y lo vemos en todas las edades, desde adolescentes hasta personas adultas, y en ambos sexos. Es un consumo que puede acabar impactando en todas las áreas de la vida: salud, familia, trabajo y relaciones.
¿Ese consumidor de alcohol ahora es más joven?
Los jóvenes llevan empezando muy pronto a beber alcohol desde hace muchísimos años. No es una cuestión de las generaciones de ahora. La edad media de inicio del consumo de alcohol es muy baja, entre 13 y 14 años ahora, pero también lo era en los 90 o los 2000.
Es importante que a nivel social nos planteemos que relación tenemos los adultos con el alcohol. Al fin y al cabo, los adolescentes de alguna manera copian muchas veces los modelos que ven a diario. Si sistemáticamente los adultos estamos vendiéndoles un patrón de consumo en el que el alcohol es parte de las celebraciones, que es algo que nos ayuda a estar más contentos, a socializar...es probable que ellos también intenten hacerse adultos un poquito antes de tiempo. Yo no pondría tanto el foco en qué les pasa a los adolescentes, sino más bien en qué nos pasa a la sociedad que toleramos o vendemos el alcohol como algo muy normalizado.
En el último estudio de Proyecto Hombre Madrid, el consumo de alcohol baja ligeramente en general, pero en mujeres jóvenes aparece un repunte. ¿A qué lo atribuís?
Lo que hemos detectado este último año es, sobre todo, un aumento de la demanda de tratamiento en mujeres jóvenes: llegan más casos a nuestros recursos. Eso no prueba por sí solo que haya aumentado el consumo en toda la población, aunque puede apuntar en esa dirección.
Aquí influyen dos variables importantes. Primero, históricamente a las mujeres les ha costado más pedir ayuda en problemas de adicción, también con el alcohol. Una mujer ha estado más estigmatizada si ha desarrollado un trastorno adictivo que si lo hace un hombre. Muchas veces el consumo femenino ha tendido a ser más a escondidas (en casa, a solas y en privado), lo que dificulta tanto que el entorno lo detecte como que la propia persona dé el paso. Por eso, que haya más mujeres llegando a tratamiento no tiene por qué ser una mala noticia: también puede indicar que se está rompiendo esa barrera de estigmatización y que se está pidiendo ayuda antes o con más facilidad. Es una tendencia que está cambiando.
Y, si miramos encuestas poblacionales amplias (como las de adolescentes), sí se ve una tendencia relevante: en la franja de 14 a 18 años cada vez más chicas declaran haber consumido alcohol alguna vez, e incluso superan a los chicos en algunos indicadores. Eso sugiere que en las generaciones más jóvenes el consumo se está igualando o incluso desplazando hacia arriba en chicas, y que el estigma de "ellas no beben" pesa menos que antes.

Pablo Llama, psicólogo de Proyecto Hombre Madrid. / Alba Vigaray / EPE
¿Cuál es la señal de alarma para que un joven o adulto que bebe no se convierta en un adicto?
No existe un punto de inflexión claro, no hay un momento. Las personas normalmente suelen darse cuenta a raíz de que les ha pasado algo grave, han perdido algo que realmente querían o ha habido algún tipo de consecuencia. Pero normalmente el trastorno adictivo está presente mucho antes. Muchas veces las personas solas por sí mismas va a ser complicado que lo detecten, entonces es importante escuchar un poco a las personas que nos rodean y nos quieren. Nuestro entorno que nos van a decir: "Oye, mira, igual tienes un problema con esto". La adicción no tiene una línea roja, es un proceso que va a depender de cada persona.
Una de las situaciones que nos llama más la atención en Proyecto Hombre Madrid cuando tratamos el alcoholismo, por ejemplo, es que las personas adultas que acuden a tratamiento, con una media de edad entre 35 y 40 años, analizar su línea de vida, te das cuenta de que llevan 15 o 20 años adictos al alcohol. Tras tantos años ahora es cuando piden ayuda. Por eso es muy importante trabajar en la medida de lo posible con adolescentes y desde un punto de vista más preventivo. Aunque todavía no hayan desarrollado un trastorno adictivo, si se detectan factores de riesgo en cuanto al tipo de consumo que están teniendo y a la normalización de ciertas conductas, ahí se puede prevenir.
¿La sociedad cada vez es más consciente de las graves consecuencias que deja una adicción?
La percepción de riesgo con el alcohol, en concreto, sigue siendo bastante baja debido a la normalización. Con otras drogas es bastante mayor, como por ejemplo con el tabaco, cuyo consumo ha bajado notablemente en los últimos años.
¿Cómo se puede cambiar esta percepción?
Al final es un problema de la sociedad en conjunto. Por ejemplo, sería positivo que como adultos individualmente pudiésemos analizar de manera crítica cuál es nuestra relación con el alcohol. Y cómo nos relacionamos, de qué manera un poco lo consumimos y como vendemos ese modelo. Probablemente, se nos ocurriría algunas situaciones que podamos ir cambiando de alguna manera.
Aunque desgraciadamente nos va a seguir tocando trabajar con personas que desarrollan un problema adictivo relacionado con el alcohol. Queda mucho trabajo. La sociedad todavía no ve no el alcohol como una droga, como si lo hacen con el cannabis o la cocaína, por ejemplo.
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