AGRESIÓN EN NOCHEVIEJA
Habla uno de los sanitarios de Samur agredidos: "Fue una lluvia de golpes de uno, dos, tres minutos; se nos hizo eterno"
Dos técnicos que acudieron a una llamada el 31 de diciembre recibieron una brutal paliza por la cual siguen de baja y con miedo a tener que regresar al servicio

Archivo - Ambulancia de SAMUR Protección Civil frente al Hospital 12 de Octubre de Madrid / EMERGENCIAS MADRID - Archivo

No quiere que se sepa su nombre, pero sí su historia. Es uno de los dos técnicos sanitarios del Samur que el pasado 31 de diciembre, en Tardevieja, acudieron a una llamada en Usera por una joven que había bebido más de la cuenta y salieron de allí con un traumatismo craneoencefálico uno, y la nariz y el cruzado de una pierna rotos, el otro. Manuel (nombre falso) es el primero: sigue de baja y emocionalmente afectado por lo ocurrido, pero quiere hablar; su compañero, el que salió peor parado de la brutal agresión, prefiere guardar silencio de momento por recomendación de su abogado, ya que el caso se encuentra judicializado.
Nada parecía presagiar lo que acabó sucediendo aquella última tarde del año. "No vimos ningún riesgo", recuerda este sanitario de 44 años con más de una década de noches a la espalda. Era un grupo de gente joven, de entre 25 y 30 años, que estaban de "tardeo" antes de la cena, algo pasados de copas, pero sin apariencia de amenaza. “Si nosotros hubiéramos visto peligro… lógicamente hubiéramos pedido policía”, explica, pero no hubo esa intuición.
Sin embargo, nada más llegar, la situación empezó a complicarse. Un chico que se identificó como pareja de la joven empezó a acusarles de haber tardado demasiado en acudir. “Nos dice que hemos tardado dos horas en llegar”, recuerda, cuando no podían haber sido "más de 15-16 minutos". Intentan calmar los nervios - "bueno, lo importante es que ya hemos llegado y estamos aquí para atenderla"-, aunque sin éxito. El novio sigue insistiendo: "Es que habéis tardado 2 horas y casi se muere". A la tercera vez que lo dice, Manuel y su compañero le avisan de que si no se calma, tendrán que retirarse hasta que alguien pueda "asegurar la zona".
La advertencia surte el efecto contrario al deseado y ambos ven cómo "se empieza a poner nervioso todo el mundo", por Manuel hace un gesto y ambos comienzan a retirarse. No obstante, a medio camino, su compañero - que era su primera noche de servicio- pecó de "un poquito más de corazón" y se giró para intentar reconducir la situación y poder atender a la chica. Fue en ese momento cuando "tres o cuatro personas se abalanzaron sobre él" y empezaron a golpearle sin parar.
Manuel intenta interponerse y separarle de sus agresores, pero solo llega a ver cómo cae al suelo sangrando por la nariz antes de empezar a recibir él también. Le sueltan varios puñetazos, de los cuales dos le dan en la cara, mientras su compañero sigue encajando patadas en el suelo. "Fue una lluvia de golpes de uno, dos, tres minutos" que a ellos se les hicieron una eternidad. En un momento dado, logra zafarse y salir corriendo, con la buena fortuna de que unas decenas de metros más allá se topa con un coche patrulla de la Policía Nacional que, al verle, acude inmediatamente en su ayuda.
No recuerda si, para entonces, ya habían dejado de golpear a su compañero. Sí sabe lo que vio después: a este tirado en la calle con la cara llena de sangre y sin poder levantarse. “Pedí urgentemente una ambulancia, porque veía a mi compañero que no podía andar”, relata este sanitario. Sigue sin poder hacerlo en condiciones a día de hoy, pendiente todavía de pasar por el quirófano por partida doble por una rotura del ligamento cruzado anterior y por la fractura nasal. Manuel, por su parte, tuvo que ir al día siguiente de la paliza a Urgencias a que le "hiciesen un TAC porque estaba con mareos y vómitos y con un dolor de cabeza persistente".
El dolor le ha durado más de 10 días seguidos y continúa e con "una rectificación de las cervicales por los golpes" recibidos. Ambos siguen de baja más de un mes después, en su caso por "cervicalgia y estrés postraumático", y con mucho respeto por tener que volver a trabajar de noche. "Estamos un poquito afectados", resume. Además de al hospital, Manuel y su compañero han acudido también a la Justicia. Han denunciado a sus agresores y están a la espera de un potencial juicio.
Al margen de qué resuelvan los tribunales, el problema de fondo, según este técnico del Samur, es la desprotección que sienten por parte de la administración. "No hay presión para que se cumpla la ley ni para que se detenga a los responsables de agresiones como esta por atentado a la autoridad", se lamenta Manuel. Tampoco se ha personado el Ayuntamiento como acusación particular, como sí hace en casos de agresiones a otros empleados públicos. "Sale barato pegarnos muchas veces", resume.
Volviendo a la tarde de la agresión, cuenta que durante mucho tiempo ha estado preguntándose qué fallo aquel día, qué hizo mal. "Me preguntaba por qué he fallado en las medidas de seguridad que tomo", apunta, aunque "después de mucho debatirlo conmigo mismo he llegado a la conclusión de que era imposible valorarlo, de que no había señales de riesgo". Una certeza que acrecienta el miedo en el cuerpo por tener que regresar al servicio.
A finales de enero, decenas de trabajadores y representantes sindicales del Samur se concentraron frente a Cibeles, durante la celebración del Pleno municipal, para denunciar esta situación. Piden que se identifiquen las zonas más susceptibles de suponer una amenaza, como lugares de concentración de ocio nocturno, y que en ellas la Policía Nacional o la Municipal acompañe a sanitarios; así como que les den bodycams y se instalen cámaras 360º en las ambulancias. Sobre todo, reclaman que, cuando se produzca alguno de estos casos, el Consistorio responda por ellos personándose como acusación particular.
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