QUÉ FUE DE...
Andrés Mountbatten-Windsor, el hermano del rey Carlos III de Inglaterra que fue acusado de abusos sexuales a una menor
El hoy expríncipe fue condenado al ostracismo después de que una víctima de su colega Jeffrey Epstein apareciera asegurando que la violó cuando era adolescente

Andrés Mountbatten-Windsor, hermano de rey Carlos III. / ANDY RAIN
La publicación hace unos días de un nuevo lote de papeles del millonario pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein, que se suicidó en prisión en agosto de 2019 mientras esperaba juicio, ha puesto en el disparadero a magnates tecnológicos, asesores de la Casa Blanca y millonetis británicos, y además ha permitido conocer todavía más detalles sobre el grado de intimidad que el susodicho tenía con el malogrado expríncipe Andrés de Inglaterra. En concreto han visto la luz una serie de fotos, desconocidas hasta el momento, en las que quien en su día fuera el segundo en la línea de sucesión al trono británico aparece a cuatro patas en el suelo sobre el cuerpo de una mujer joven cuyo rostro se oculta. Además, el cruce de correos entre Epstein y el hermano del rey Carlos III da a entender cómo el depredador sexual le anuncia el envío de una muchacha rusa para que el británico la conozca.
La caída en desgracia de Andrés dio comienzo cuando una chica llamada Virginia Giuffre apareció acusando a Epstein de explotarla sexualmente con sus poderosos colegas, entre ellos el entonces príncipe. En sus demandas, la muchacha aseguró que era una adolescente de 16 años que trabajaba como asistente en Mar-a-Lago, el club del presidente Donald Trump en Palm Beach (Florida), donde curraba su padre, cuando en 2000 se le acercó la novia y socia de Epstein, Ghislaine Maxwell, hoy encarcelada por recolectar menores para el interfecto. Maxwell contrató en ese momento a Virginia como masajista de Epstein, pero la pareja la convirtió en su sirvienta sexual, según denunció. A comienzos de 2001, mientras pasaban unos días en el apartamento que Epstein tenía cerca de Hyde Park, Maxwell y el depredador sexual le presentaron a Andrés, que entonces tenía 41 años y al parecer abusó de ella en esa casa.

Andrés Mountbatten-Windsor, en Berkshire. / EUROPA PRESS
Después hubo un par de encuentros sexuales más entre ambos. Uno de ellos tuvo lugar en Nueva York, en otra de las casas de Epstein, y fue allí además donde los protagonistas se hicieron una foto juntos que ha perseguido hasta nuestros días al británico. En sus memorias póstumas, tituladas Nobody´s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice, Virginia consignó por ejemplo que el británico estaba obsesionado con sus pies. “Comenzó a masajearlos y a chuparme el arco plantar”, reza el libro. “Era la primera vez que me hacían algo así y me entraron cosquillas. Me puse nerviosa pensando que querría que le hiciera lo mismo. Pero no tuve que preocuparme por eso. Tenía prisa por practicar sexo. Después, me dio las gracias con su entrecortado acento británico. En mi recuerdo, todo ocurrió en menos de media hora”.
Al menos hasta que se descubrió el pastel, Andrew Mountbatten-Windsor era el hijo favorito de Isabel II. Nacido en febrero de 1960, en una época en que la reina ejercía de madre distante y fría, todavía era un muchacho cuando se alistó en la Marina Real como piloto de helicóptero en prácticas. Después de estudiar en la Escuela Naval de Dartmouth participó en la guerra de las Malvinas, aquel conflicto entre Argentina y el Reino Unido que ocurrió en 1982, y pasó una temporada sirviendo a bordo de la fragata británica Hms. Brazen. Ya entonces tenía fama de mujeriego y mantenía numerosos romances, a veces incluso de forma simultánea, con mujeres que luego salieron criticando sus comportamientos irrespetuosos y su conducta infantil. Pero hubo una, Sarah Ferguson, que le duró más que el resto. En julio del 86, miles de personas se agolparon en las calles del centro de Londres para ver su boda con ella en la abadía de Westminster, y ese mismo día la reina lo nombró duque de York, conde de Inverness y barón de Killyleagh.
La pareja tuvo dos hijas, la princesa Beatriz y la princesa Eugenia, y protagonizó una relación tempestuosa que llegó a su fin en marzo del 92, fecha en la que los cónyuges anunciaron su separación. El divorcio se formalizó en 1996, aunque ambos siguieron manteniendo una estrecha relación. Tanto es así que Ferguson continuó conviviendo con él en la que era su residencia oficial, Royal Lodge, situada en Windsor Great Park. “No voy a dejarle caer nunca. Él me apoya tanto como yo le apoyo a él”, apuntó recientemente la londinense, que también se vio salpicada por el caso Epstein cuando salió a la luz un correo electrónico que la hoy exduquesa había intercambiado con el estadounidense —en el que, entre otras cosas, se refería a él como “un amigo fiel y supremo”—, a pesar de que por entonces ya estaba condenado por delitos sexuales. En un momento dado admitió haber aceptado dinero de Epstein para pagar sus deudas y, a raíz de todo este asunto, varias fundaciones benéficas con las que Ferguson colaboraba le retiraron los patronatos.
Detalles íntimos
Según varias fuentes, fue en 1999 cuando Andrés conoció a Epstein, entonces un exitoso banquero y gestor de inversiones, a través de una amiga en común, Ghislaine Maxwell, hija del difunto magnate de los medios de comunicación Robert Maxwell. Una fotografía de esa época que salió a la luz durante el juicio de Maxwell por tráfico sexual muestra a la interfecta y a Epstein en la residencia de la reina en Balmoral. Es evidente que durante los años siguientes a ese primer encuentro, en los que Andrés se retiró de la Marina Real como comandante, fue ascendido a contralmirante y finalmente se convirtió en vicealmirante, hubo una relación de compadreo entre los tres malhechores, y de hecho fue entonces cuando se cometieron los abusos de los que habló Virginia.

Andrés Mountbatten-Windsor, en el castillo de Windsor, en abril de 2025. / ANDY RAIN
El biógrafo real Andrew Lownie comentó que el hijo díscolo de la reina llegó a invitar a Epstein y a su cómplice a diferentes eventos celebrados en varias de las residencias reales. “[Andrés y Epstein] se hicieron muy cercanos”, contó. “Eran verdaderos mejores amigos. Había siete números diferentes para Andrés en el pequeño libro negro de Epstein. Tenía los detalles más íntimos de la vida de Andrés. Epstein dijo: ‘Solo hay una persona a la que le gusta el sexo más que a mí, y esa es Andrés’”. Cuando finalmente salió a la luz la red de abusos sexuales de Epstein, Virginia decidió presentar una demanda bajo el seudónimo Jane Doe 102 contra aquel y Maxwell, acusándolos de tráfico sexual cuando era menor de edad. Al final llegaron a un acuerdo, que incluía una cláusula de confidencialidad, pero tiempo después, tras ver publicada una foto del príncipe paseando con Epstein por Central Park en 2010, se atrevió a compartir con el mundo que ella era Jane Doe 102, creó una fundación Victims Refuse Silence (Las víctimas rechazan el silencio) para ayudar a supervivientes de abuso sexual a contar su historia e interpuso una demanda contra el príncipe en un tribunal de Nueva York.
Su versión de los hechos
Andrés siempre ha negado tajantemente la acusación de abusos sexuales pero en noviembre de 2019, seguramente para tratar de minimizar los efectos negativos que esa historia pudiera aportar a la imagen de la monarquía británica, accedió a ofrecer su versión de los hechos. Durante una charla con la periodista de la BBC Emily Maitlis, reconoció su amistad con Epstein y pasó de expresar el menor remordimiento por ello. También dijo que no recordaba cómo se hizo aquella foto en la que sale posando con Virginia y llegó a insinuar que la imagen podía haber sido retocada. Tras su desastrosa entrevista, que a ojos de muchos acrecentó las sospechas de que en realidad no era trigo limpio, Andrés fue condenado al ostracismo familiar y tuvo que ver cómo su madre le retiraba los títulos militares y le ordenaba apartarse de la vida pública. Ya en febrero de 2022, el interfecto cerró un acuerdo multimillonario extrajudicial con Virginia para zanjar la demanda.

Andrés Mountbatten-Windsor, con uniforme militar en 2019. / JULIEN WARNAND
La prensa británica habló de 14 millones de euros, aunque nunca se hizo pública la cantidad exacta, y se dijo que buena parte de ese dinero había salido del patrimonio personal de la reina Isabel II, que murió en septiembre de 2022. Tres años después, Virginia se suicidó. En cuanto a Andrés, sus supuestas fechorías dañaron las relaciones con su hermano el rey Carlos III, hoy enfermo de cáncer, que el pasado otoño le quitó el título de príncipe y ahora acaba de forzar su salida de la mansión que disfrutaba desde hacía décadas en el complejo del castillo de Windsor. Seguro que está al tanto de lo mucho que todo este lío ha menoscabado la imagen y popularidad de la familia real británica, cuyo apoyo popular ha caído por debajo del 50%, según una encuesta reciente. ¿Estaremos quizás ante el principio del fin de una de las monarquías más antiguas del mundo? Veremos.
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