EMPRENDIMIENTO
El boom del chef privado en Madrid: ¿se gana más que en un restaurante?
Cuatro cocineros cuentan cómo funciona el emprendimiento en el sector de la hostelería en Madrid: precios de 60 a 90 euros por persona en grupos, costes de producto del 40 % al 50 % y la promesa de trabajar con más control y menos estructura fija

Laura Rosero, colombiana afincada en Madrid forma parte de la plantilla de cocineros de 'Take a Chef'. / Cedida

Madrid hierve. En fogones y en cifras. La hostelería de la Comunidad cerró 2024 con 244.472 trabajadores, de los cuales 216.588 son afiliados a la Seguridad Social y 27.884 autónomos. Solo ese año se firmaron 219.662 nuevos contratos de camareros y cocineros, según Hostelería Madrid a partir de los datos del Servicio Regional de Empleo; 37.991 fueron para cocineros, con picos claros en septiembre y octubre y una temporada baja marcada en agosto.
Pero el pulso nacional introduce un matiz: según Randstad, con datos del SEPE, en 2025 la contratación en hostelería cayó ligeramente frente a 2024. No es un frenazo, es un ajuste en un sector que sigue girando a toda velocidad —con alta rotación y demanda constante de perfiles como camareros, cocineros o recepción— y que, como subraya la propia Randstad, atraviesa una transformación: más contratación directa y regularización laboral, menos economía sumergida.
El sector no deja de generar empleo, pero el reverso del plato es conocido: jornadas interminables, presión constante, márgenes ajustados y una conciliación casi inexistente. En ese contexto, un número creciente de cocineros madrileños ha optado por no salir del oficio, sino por cambiar el modelo. Cocinar en casas ajenas, por cuenta propia, apoyados en una plataforma digital. Una de las más extendidas: Take a Chef.
Cuatro chefs que trabajan mayoritariamente en Madrid cuentan, en primera persona, cómo es emprender como chef a domicilio, qué números hay detrás y si realmente es una vía viable para sobrevivir, y vivir mejor, en la capital.
"Buscar otra forma de seguir cocinando"
Félix Galán del Castillo no llegó al chef a domicilio por vocación emprendedora, sino por pura necesidad. "Empecé porque con la pandemia me quedé sin trabajo, fue un recurso de emergencia". Era finales de 2020. Probó, alternó con otros empleos y, cuando vio que funcionaba, dio el salto definitivo. Hoy se dedica "solo a esto".

Félix Galán del Castillo, cocinero en 'Take a Chef'. / Cedida
El caso de Hugo Brihuega tiene otro punto de partida, pero una conclusión similar. Tras años como cocinero y propietario de su propio restaurante en Fuencarral-Pueblo, el desgaste era evidente. "Gestionar mi tiempo y organizar mi vida" se convirtió en prioridad. Pero, además del cansancio, estaba el factor económico: levantar un restaurante propio no es solo cocinar, es sostener una estructura fija cada mes. Alquiler, suministros, personal, impuestos, imprevistos. Un engranaje que, en cuanto llega una crisis, se vuelve asfixiante.
Hugo lo explica comparando números y modelo: en un restaurante, dice, la cuenta está más o menos escrita de antemano —"30 % materia prima, 30 % gastos generales, 30 % personal/alquiler y un 10 % de beneficio"—. Y esa última parte, la del beneficio, muchas veces ni llega. En su caso, el cierre tras una crisis económica fue la prueba de que el margen era demasiado frágil. Por eso valora el cambio como un giro financiero, no solo vital: asegura que ahora ingresa “por lo menos el doble” que en la hostelería tradicional, con menos horas y sin cargar con esos gastos fijos. La materia prima puede subir —hasta el 40 %—, pero sin alquiler ni plantilla estable, el equilibrio cambia. Y, sobre todo, ya no depende de llenar una sala cada día para que los números salgan.

Hugo Brihuega, cocinero a domicilio en Take a Chef. / Cedida
Laura Rosero, colombiana afincada en Madrid, formada en Le Cordon Bleu y con experiencia en restaurantes y hoteles en Colombia y en España, pone palabras a una sensación compartida por muchos profesionales: "No tienes ese equilibrio de vida". Habla de turnos largos, "de al menos 10 a 12 horas", y de una rutina que, más que cocinar, acaba siendo sobrevivir dentro de una maquinaria donde el trabajo se fragmenta y la persona se diluye. En la cocina tradicional, explica, "no vives el proceso 360": entras a una partida, ejecutas tu parte y te vas, sin ver el plato terminarse, sin escuchar al comensal, sin entender qué ha funcionado y qué no. Esa desconexión con el resultado final —con la experiencia real— le pesaba tanto como el cansancio físico.
Por eso, cuando descubrió el chef a domicilio primero como clienta, se enganchó a la idea de una cocina completa, con principio y final, y se hizo la pregunta que le cambió el rumbo: "¿Por qué no ser esta persona?", expresa. En su modelo actual, el trabajo no es solo cocinar: es pensar el menú desde cero, ajustarlo a gustos y presupuestos ("se ajusta al bolsillo"), diseñarlo para que apetezca ("crear un menú que venda, que atraiga") y acompañar al cliente para que la cena sea algo más que comida. "Hago una labor de coaching", dice, porque muchas veces también asesora en detalles, sorpresas y atmósfera. Su objetivo es que la gente "se olvide del mundo" durante esas dos o tres horas de experiencia —unas cuatro contando preparación— y que ella, a diferencia del restaurante, sí pueda ver el impacto completo de su trabajo: del primer mensaje al último plato.

Laura Rosero, colombiana afincada en Madrid forma parte de la plantilla de cocineros de 'Take a Chef'. / Cedida
Álvaro Ruiz Domínguez, con más de 15 años de experiencia y seis dedicado en exclusiva al chef privado, es más tajante al resumir su decisión sin rodeos: "Es la única plataforma que te ofrece esta oportunidad". Venía del catering y encontró un formato que le permitía mantener ese nivel de organización y exigencia, pero en un servicio mucho más íntimo, con trato directo y a medida. Su apuesta pasa por menús de degustación cerrados y una puesta en escena muy cuidada: lleva su propio material —incluso vajilla y cubertería— para que la experiencia no dependa de lo que haya en la casa. Y añade un componente de show cooking con humo y fuego controlado: "Apagamos la luz y le damos fuego al sushi", explica, siempre con técnicas pensadas para evitar riesgos en el domicilio. Trabajar consiguiendo a sus clientes de manera online hace que su metodología sea "híbrida", explica. "Es un servicio de chef privado utilizando la infraestructura del catering", es decir, no se trata solo de cocinar en casa ajena; se trata de trasladar un estándar de alto nivel —orden, material, montaje, control de tiempos— a un formato íntimo, con una experiencia más exclusiva.

Álvaro Ruiz Domínguez, cocinero a domicilio en 'Take a Chef'. / Cedida
Cuatro trayectorias distintas, un mismo punto de llegada: seguir siendo cocineros, pero en otras condiciones. No se trata de abandonar el oficio, sino de romper con un modelo que durante años ha normalizado el desgaste, la precariedad encubierta y la falta de control sobre la propia vida. En todos los casos hay una decisión consciente: dejar de medir el éxito solo por el volumen, la visibilidad o el número de servicios, y empezar a medirlo por tiempo, autonomía y sostenibilidad personal.
Cómo se trabaja: del primer mensaje al último plato
El esquema se repite en casi todos los casos. El cliente lanza una solicitud, el chef responde con propuestas y, a partir de ahí, todo se adapta. "Estoy a tu disposición para cambiar cualquier cosa", resume Félix. No existe un único formato. Hay menús cerrados y degustaciones largas, cocina tradicional española, fusión, experiencias muy sensoriales o servicios más funcionales. Hugo ofrece nueve menús: desde uno gastronómico de 15 pases hasta cocina japonesa, mediterránea o tapas. Laura trabaja con tres niveles de precio por menú, pensados para adaptarse a distintos bolsillos. Álvaro apuesta por menús de degustación cerrados, con una puesta en escena casi de catering de alto nivel: lleva su propio menaje, cubertería y material de cocina.
Los precios varían según formato y número de comensales, pero en Madrid las cifras se mueven, según los propios chefs, en estos rangos:
- Entre 60 y 90 euros por persona en grupos medianos.
- En parejas, el cubierto sube y puede llegar a 150 euros en experiencias muy trabajadas.
- En la mayoría de los casos, todo está incluido: comida, mano de obra, servicio y limpieza.
"Todo incluido, claro", zanja Félix. El servicio no acaba con el postre. Los chefs compran el producto, preparan parte antes, cocinan en la vivienda, emplatan, sirven y dejan la cocina limpia. "Te dejo la cocina perfectamente limpia", repite Félix como uno de los valores diferenciales frente a un restaurante.

Chef a domicilio. / Cedida
Los números reales: costes, márgenes y rentabilidad
Aquí se desmonta uno de los grandes mitos. No hay magia. Hay estructura. Todos coinciden en que la materia prima se lleva una parte importante del precio final: "Estamos en torno a un 40-50 %", explican Félix y Álvaro. Incluso más que en un restaurante.
La diferencia está en lo que no se paga: alquiler, sala, personal fijo, suministros constantes. Álvaro lo resume así: "Nuestros costes fijos son prácticamente cero". El resultado, cuando hay volumen de trabajo, es claro. Hugo lo expresa sin rodeos: "Por lo menos el doble" de ingresos que en la hostelería tradicional, trabajando menos horas y para sí mismo. Álvaro concreta el margen final tras impuestos: "Entre un 30 y un 40 %". Eso sí, no todo va al bolsillo. Parte se reinvierte en material, producto y experiencia para el cliente.
El modelo también tiene sus contras. La carga administrativa es elevada. "Ayer estuve seis u ocho horas hablando con clientes", reconoce Félix en momentos de alta demanda. No hay red si enfermas y los festivos suelen ser días de trabajo. "Llevo cuatro años sin estar en casa ni en Nochebuena ni en Nochevieja", admite.
Libertad creativa, trato directo y discreción
Más allá del dinero, hay algo que todos subrayan: mandar sobre su propia cocina. "Haces lo que tú quieres, no lo que te dicen", resume Hugo. Laura disfruta especialmente de la parte creativa y comunicativa: "Crear un menú que venda, que atraiga". Habla incluso de acompañamiento emocional al cliente. Álvaro lleva la experiencia al límite con show cooking en mesa, humo y fuego controlado: "Apagamos la luz y le damos fuego al sushi". Todo pensado para sorprender sin comprometer la seguridad.
Hay otra dimensión menos visible pero clave: la discreción. Muchos clientes buscan privacidad absoluta. Empresarios, perfiles conocidos o simplemente personas que no quieren exposición. "Es superimportante ser muy discreto", insiste Félix. La calidad y el trato son exactamente los mismos para todos: "Voy igual de preparado si me llamas tú que si me llama un famoso".
Quién contrata y cuándo: la demanda en Madrid
Los picos de trabajo coinciden bastante con los datos de contratación del sector. Septiembre, noviembre y diciembre son los meses fuertes. Navidad y Nochevieja, prácticamente completos. "Noviembre y diciembre son los meses por excelencia", explica Félix.
El perfil de cliente se ha diversificado. Hay muchos extranjeros —americanos y británicos, especialmente—, pero cada vez más madrileños. "Cada vez más gente de aquí lo usa", confirma Hugo. Familias con niños, parejas que prefieren quedarse en casa, celebraciones privadas, cumpleaños, despedidas de soltero o incluso graduaciones de estudiantes extranjeros.
Laura lo resume en una frase: "Que se olviden del mundo". Además, crece otro formato: personal chef y comida preparada semanal, impulsado por la falta de tiempo en las grandes ciudades. Cocinar en casa deja de ser una opción para muchos.
La plataforma como soporte del autónomo
Take a Chef funciona sin cuota fija y a comisión. El fundador y CEO, Galder Kabiketa Arrazola, define la plataforma como una alternativa para chefs "que buscan una salida a un modelo que exige muchas horas y ofrece poco beneficio". Desde 2014, opera en más de 100 países, con más de 70.000 chefs registrados. En Madrid hay más de 800. La plataforma gestiona la web, la visibilidad, el sistema de reservas, el pago y una política de cancelación pensada para proteger al profesional. Actúa, en palabras de su CEO, como un "sistema operativo" del negocio del cocinero.
Según el CEO, entre los clientes hay perfiles conocidos que buscan discreción, y la plataforma permite a los chefs trabajar para ellos con la misma transparencia y garantías que con cualquier otro servicio. Y lo ilustra con un guiño muy gráfico: "Si un día te sale una cena en la Casa Blanca, se cocina igual: la profesionalidad no cambia por quién esté sentado a la mesa".

Chef a domicilio. / Cedida
Los testimonios no venden humo. Hablan de más responsabilidad, más autogestión y menos red. Pero también de algo escaso en la hostelería tradicional: control. "Trabajas para ti mismo", concluye Félix. "Lo decides tú", añade Álvaro. "Compensa ser freelance en Madrid, 100 %", subraya Laura.
En una ciudad con sueldos ajustados, alquileres altos y una presión constante sobre el sector, el chef a domicilio no es una moda pasajera. Es una vía real de emprendimiento para quien tiene oficio, criterio y capacidad de gestión. No es más fácil. Es distinto. Y para muchos cocineros madrileños, por ahora, es la forma de seguir cocinando sin dejarse la vida en ello.
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