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EL ÉXODO MIGRATORIO

Familias venezolanas fragmentadas en dos mundos: los que se fueron y los que se quedaron

Tres hermanas, Sina, Pina y Liliana, y sus parejas tomaron caminos distintos: una se quedó en Venezuela, otra emigró a España hace más de dos décadas y la tercera logró reunirse con su hijo en Madrid años después

Concentración de venezolanos en la Puerta del Sol de Madrid para celebrar la captura de Maduro por parte de Estados Unidos

Concentración de venezolanos en la Puerta del Sol de Madrid para celebrar la captura de Maduro por parte de Estados Unidos / Agencias

Isabel Rodríguez Ramiro (Efe)

Madrid

En España residen casi 400.000 venezolanos, muchos de ellos con familiares repartidos entre distintos países, dejando hogares fragmentados y familias incompletas que mantienen la incertidumbre sobre su futuro, un mes después de la captura de Nicolás Maduro por parte de EE.UU.

Sina, quien permanece en Venezuela, describe ese sentimiento como "estar en standby, sin saber qué va a ocurrir". Pina, desde Madrid, reconoce que está "pendiente de las noticias, pero sin mucho que esperar; da tristeza". "Aun así -apostilla-, el venezolano siempre mantiene algo de esperanza".

"Casi todas las familias se han roto por la migración porque es muy difícil reagrupar a todos", apunta Beatriz Octavio, cofundadora de la fundación Código Venezuela. Una familia dividida, con una parte en un país y otra en otro, "es una familia que se rompe y cuya reparación es muy difícil", añade Sergio Contreras, presidente de la ONG Refugiados Sin Fronteras.

Tres hermanas, Sina, Pina y Liliana, y sus parejas tomaron caminos distintos: una se quedó en Venezuela, otra emigró a España hace más de dos décadas y la tercera logró reunirse con su hijo en Madrid años después.

Sina y Luis José permanecieron en Venezuela: "Aquí estamos con bajo perfil. Nadie te toca, pero no puedes emitir opinión", confiesa Sina. "Dudamos en irnos, pero gracias a Dios no lo hicimos. Creímos en que, como dice una canción de Carlos Baute que No hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo resista, pues aquí seguimos aguantando la pela (expresión venezolana referida a sobrellevar una circunstancia adversa)", señala Sina.

Empezar de nuevo lejos de casa

Pina y Jose llegaron a España en 2001, cuando la inseguridad marcaba ya la vida cotidiana en Venezuela: "No podías salir con libertad; la inseguridad personal era lo más temible", recuerda Pina, que fue atracada en varias ocasiones.

Al llegar a Madrid, el miedo la acompañó durante un tiempo: "Todavía me asustaba caminar sola por la calle; era el miedo que traía de allí, pero con el tiempo lo fui superando", confiesa. "La adaptación no fue fácil, arrancar de cero en un país nuevo es duro, pero no me arrepiento. Fue un buen paso para mis hijos", aclara Pina.

Liliana y Leonardo llegaron a Madrid en 2022, gracias al esfuerzo de uno de sus hijos, Victor, que emigró dos años antes para trabajar y "allanar" el camino a su familia. La inseguridad y el deterioro de los servicios los obligaron a dejarlo todo: "La última gota fue que nuestro hijo fue atracado a punta de pistola en el autobús. Nos dimos cuenta de que no podíamos seguir viviendo así", recuerda Liliana, con la voz entrecortada. "Abrías la despensa y estaba vacía. El agua nos llegaba cada 60 días, la electricidad se iba durante semanas… Fue muy duro", relata Leonardo.

La separación prolongada de familiares cercanos es una de las consecuencias más comunes del éxodo, con efectos emocionales y económicos que persisten incluso tras la reunificación, según demuestra un estudio de ACNUR y la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas).

Pasar de cero a cien

Victor llegó solo a Madrid hace casi seis años y para él ese paso fue como un "salto de cero a cien", de un país colapsado a uno con servicios fiables, seguridad y calidad de vida. "Traer a mis padres y a mi hermano Giovanni, fue mi mayor logro. Para ellos lo peor era subsistir allá, y venir acá fue pasar de nada a todo", asegura Victor.

Sus hermanos Giovanni y Leonel, que llegaron a España en momentos y edades diferentes, miran hacia el futuro con distintos matices. Giovanni, de 19 años, confía en la posibilidad de un cambio a largo plazo: "Hay un poco de esperanza de que en diez años Venezuela vuelva a ser como antes", aunque aclara que "no volvería allí a vivir".

Leonel, de 33 años, llegó hace un año y reconoce la dificultad de abandonar su hogar: "No es fácil dejar tu país y empezar de cero en otro lugar. Sí me gustaría volver algún día a vivir allí, pero no ahora; quiero ver una Venezuela libre".

Liliana y Leonardo coinciden en que el apego a su país es "inmenso". "Todo lo que construimos, nuestra casa, nuestra vida… Tuvimos que dejarlo todo atrás por nuestra seguridad", se lamenta Liliana. Leonardo añade que la mente "viaja al recuerdo, al pueblo, al país" y zanja: "Es muy duro, pero tenemos que seguir adelante".

Desde Madrid, Victor observa con esperanza: "Espero que en Venezuela las cosas se solucionen para que algún día cualquier persona pueda volver a abrazar a sus familiares y amigos. Es un proceso largo, pero acaba de empezar".