Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

VECINOS OCTOGENARIOS

Esto no es una residencia de ancianos, es un 'coliving' de lujo en La Moraleja: "Tenemos manicurista, spa y una capilla propia"

En Las Arcadias El Encinar, un complejo de viviendas con asistencia las 24 horas del día ubicado al noreste de la capital, el alquiler mensual oscila entre los 3.000 y los 5.000 euros

Félix lleva dos años viviendo en El Encinar, un 'coliving' sénior de lujo en La Moraleja, Madrid.

Félix lleva dos años viviendo en El Encinar, un 'coliving' sénior de lujo en La Moraleja, Madrid. / Alba Vigaray

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

“Bajar vosotras al restaurante, que ahora llego yo”, le dice Félix (90) a su nieta mientras cuelga el teléfono. Es martes, está lloviendo y ha quedado con su familia para comer. Todavía no ha salido de casa, pero no importa, ya que el comedor se encuentra unos metros más allá. Desde hace dos años, Félix vive en Las Arcadias El Encinar, un coliving sénior de lujo ubicado en La Moraleja, al noreste de la capital: “Uno de mis hijos encontró este lugar, que no tiene nada que ver con una residencia de la tercera edad. Llevo 15 años viudo y el piso de Chamberí en el que vivía se me estaba quedando grande. Aquí puedo seguir teniendo mi propia casa, pero con todos los servicios necesarios cerca para ser completamente independiente”. Nacido en el barrio de Arguelles, el madrileño trabajó en la directiva de Repsol tanto en España como en el extranjero. Ahora, recién cumplidos los 90, asegura estar “de vuelta en la vida”. “Estoy aquí para descansar los años que me queden. Tenemos gimnasio, enfermería y hasta un spa. Hablo con el resto de vecinos y recibo a mis conocidos como hacía en casa. De hecho, me esperan para comer”, bromea. 

Aunque le gusta cocinar, baja todos los mediodías al restaurante del edificio, cuya carta cambia cada día y ofrece platos “a precio de coste”. “Hemos creado una comunidad de vecinos muy bien avenida y con la característica de que todos somos de la misma edad y nivel social. La mayoría son antiguos universitarios y el ambiente es muy favorable. Todas las tardes juego una partida de dominó con mis amigos. También salgo, me muevo, bajo a Madrid… Tengo el tipo de vida que necesito. No es la misma que cuando me jubilé, ni la que quería cuando tenía 30 años. Quiero disfrutar de la vida sin preocupaciones”, sostiene mientras señala a su alrededor. Justo en ese momento, María José (74) sale del ascensor junto a Milú, su mascota. “¡Hola, Félix! Vamos a dar un paseo, luego nos vemos”, dice. El cachorro, que sabe perfectamente a dónde se dirige, tira incansablemente de la correa, haciendo que su dueña no pueda detenerse más de 20 segundos. “Llegué aquí con otro perro, un Yorkshire de 16 años que murió al poco de mudarme. Lloré mucho y decidí que necesitaba otro perro. Aquí hay otros perros y gatos, él también tiene amigos. En otro sitio no hubiera podido acceder con mi mascota. Me ayuda mucho”, confiesa. 

28.01.2026. MADRID. Imágenes del co-living de lujo Las Arcadias, en el Encinar de los Reyes, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

María José tiene 74 años y es una de las 70 residentes de El Encinar, donde vive junto a su perro Milú. / Alba Vigaray

28.01.2026. MADRID. Imágenes del co-living de lujo Las Arcadias, en el Encinar de los Reyes, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

El Encinar cuenta con una sala de masajes y un spa en sus instalaciones en La Moraleja. / Alba Vigaray

Trabajó como funcionaria del Estado en Madrid. También en Bruselas, para la Comunidad Europea, donde puso fin a su recorrido profesional: “Cuando volví decidí vender mi piso en el barrio Salamanca y venirme aquí para que me lo dieran todo hecho. En Bélgica y Holanda vi muchos sitios como este y pensé que el día de mañana no quería ir a una residencia normal y corriente, rodeada de gente deteriorada, que me causara depresión”. Para sus amistades, dice, no fue fácil aceptar un cambio de vida tan drástico hace ya un año y medio. “No querían que viniera aquí por lo lejos que estaba del barrio, pero creo que hay una calidad de vida necesaria para los últimos años de vida. Y a la vista está que estoy mejor. Acabo de volver de mi antiguo dentista y, nada más verme, me ha dicho que me ha cambiado hasta la cara”, suma. La madrileña, que asegura no tener preocupaciones más allá de las habituales en cualquier ser humano, vive tranquila sabiendo que en su edificio hay una enfermera las 24 horas del día. “Los mayores tendemos a aferrarnos a lo que tenemos y yo no quería morir en aquel piso. He pasado del ruido al silencio, del gentío a la calma y de la contaminación a un entorno verde”, zanja. 

60% de ocupación

Milú tira de ella y la pareja desaparece. Son las dos de la tarde y, como Félix, la mayoría de vecinos se encuentran comiendo. En Las Arcadias El Encinar viven alrededor de 70 personas, aunque la capacidad total es de algo más del doble. Desde su apertura, hace ya dos años y medio, Marta trabaja en el bienestar de una comunidad improvisada a la que ya considera familia. “Esto alarga la vida. Aquí hay gente con cáncer y no se van a morir porque ellos mismos quieren vivir. Si estuvieran en casa se dejarían, ya que su vida se reduciría a ir a quimioterapia y esperar. Aquí, quienes están en tratamiento, llegan y hacen mil actividades. Sesión de cartas por la tarde, gimnasia o han quedado para cenar. Al estar tan activos, todo lo demás se les olvida”, señala Marta Torrontera, directora del proyecto en La Moraleja. El Encinar pertenece a una red de colivings repartidos entre Barcelona, Mallorca y, ahora, la capital: “Allí hay lista de espera. Es una forma de vida más arraigada. La gente revive aquí, literalmente. No se dan cuenta de que están solos hasta que ya es, prácticamente, irreversible. Se jubilan, van perdiendo amistades, sus hijos están lejos y quedan completamente aislados. No pueden vivir esperando la llamada de cada tarde”. 

28.01.2026. MADRID. Imágenes del co-living de lujo Las Arcadias, en el Encinar de los Reyes, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

Marta Torrontera, directora del 'coliving' El Encinar, en La Moraleja. / Alba Vigaray

28.01.2026. MADRID. Imágenes del co-living de lujo Las Arcadias, en el Encinar de los Reyes, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

El precio por vivir de alquiler aquí oscila entre los 3.000 y los 5.000 euros mensuales. / Alba Vigaray

El precio por vivir de alquiler aquí oscila entre los 3.000 y los 5.000 euros mensuales. “Los áticos con terraza mirando a Valdebebas son los más caros. Nos hubiera encantado hacerlo en Serrano, pero los precios del suelo no lo permiten. Tendríamos que poner los apartamentos a un precio imposible”, dice. Marta, quien trata de alejarse de las residencias de ancianos convencionales, define este espacio como un “coliving sénior de lujo”: “Es un edificio de viviendas cualquiera, pero además de un portero, tienen gimnasio, peluquería, restaurante, spa, salas de masajes, piscina, enfermería, sala de juegos, club de lectura, capilla propia, misa los domingos, un bar abierto de 09:00 a 21:00 y un transfer que hace el mismo circuito durante todo el día. Pasa por el centro comercial, el Mercadona, El Corte Inglés, Sanitas y Plaza Castilla. Es como su propia línea de autobús. Es complicado describir este lugar. Viven mejor sus últimos años de vida que de los 40 a los 65. Comienzan saludando a la conserje y, poco a poco, sin darse cuenta, están integrados y se arropan”. Actualmente están ocupadas el 60% de las viviendas por residentes españoles en su mayoría. Sin embargo, los hay también estadounidenses, mexicanos, alemanes o suizos. 

Entre 61 y 95 años

“La media es de unos 75 años, aunque tenemos gente de 61 y también una persona de 95 años. Se les han quedado grandes, son viudos o solteros y sus hijos se han ido de casa. Muchos vivían en chalets enormes con gastos brutales. Algunos han tenido carreras profesionales muy importantes, pero también viven aquí amas de casa que no han trabajado nunca. El abanico es amplio”, describe la directora. Los apartamentos están sin amueblar, permitiendo a cada nuevo residente traer sus propios enseres y decoración a esta urbanización: “La mayoría acaba de vender su propiedad y les resulta agradable poder seguir con sus muebles. Si a alguien no le apetece, se lo hacemos nosotros”. Marta, que admite que no todo el mundo puede permitirse vivir en Las Arcadias, no cree que sea tan cara la estancia, teniendo en cuenta todos los servicios que incluye: “En Madrid, un piso en alquiler de una habitación, no baja de los 1.200 euros. A eso súmale el agua, el gas, Netflix, el gimnasio… No es tanto. Además, los vecinos de Las Arcadias cuentan con pensiones superiores a los 2.000 euros, por lo que están pagando unos 1.500 euros adicionales”. 

28.01.2026. MADRID. Imágenes del co-living de lujo Las Arcadias, en el Encinar de los Reyes, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

Una de las salas de juegos en El Encinar, un 'coliving' de lujo en La Moraleja, Madrid. / Alba Vigaray

28.01.2026. MADRID. Imágenes del co-living de lujo Las Arcadias, en el Encinar de los Reyes, en Madrid. Foto: Alba Vigaray

En El Encinar, la edad de los residentes oscila entre los 61 y los 95 años. / Alba Vigaray

Como si de un hada madrina se tratase, Torrontera cumple los deseos de este grupo de mayores. Cualquier petición puede hacerse realidad. “Si lo piden, se lo conseguimos, siempre y cuando exista, claro. El otro día, un residente nos pidió un modisto para hacerse un traje a medida”, relata. Antes de su apertura, pasaron un año trabajando en el diseño de los apartamentos: “Creamos un showroom en Madrid centro y exhibimos una réplica exacta de la vivienda, con sus habitaciones, baño, cocina, jardín y terraza. Así nos dimos a conocer. Fue un proceso difícil encontrar los primeros clientes, pero luego fue rodado gracias al boca a boca”. Esta forma de envejecer, dice, es el futuro: “En 15 años será contemplado como una de las principales opciones. Son modelos contrastados que llevan años funcionando en Estados Unidos y Europa”. Quienes viven aquí, firman un contrato de por vida. Sin fecha de salida: “No nos regimos por el contrato de alquiler convencional. No podemos echarlos. Los precios se actualizan con el IPC, pero son ellos quienes deciden cuándo quieren marcharse”.