QUÉ FUE DE
Ana Villa, la discreta anticuaria que se casó con Antonio Flores y tuvo una hija con él
La madre de Alba Flores se ha mantenido siempre en un discreto segundo plano y hace unos años decidió reorientar su carrera profesional

Alba Flores (izda), con su madre Ana Villa durante la presentación del documental 'Flores para Antonio'. / Juanjo Martín - EFE
El pasado mes de noviembre, la figura de Antonio Flores volvía a la primera plana amén del estreno en salas de cine de Flores para Antonio, el documental de Isaki Lacuesta y Elena Molina sobre el músico, fallecido por una sobredosis accidental el 30 de mayo de 1995, solo quince días después de que lo hiciera su madre, Lola Flores, devorada por un cáncer que durante años le hizo pasar las de Caín. En la mencionada cinta, Alba Flores, hija de Antonio, entrevista a familiares y amigos de su padre para intentar llegar a comprender quién era el homenajeado y cuáles fueron sus inseguridades y flaquezas. La actriz tenía solo ocho años cuando quedó huérfana de padre. Al poco de esto, un compañero de colegio le dijo que el músico era un "yonqui" para hacerle daño y, como ella no tenía ni idea de lo que eso significaba, preguntó por el tema a su madre, Ana Villa, quien, lejos de hacerse la sueca, resolvió darle una explicación. "Mi madre es una grandísima persona y una mujer inteligentísima, y ella lo abordó de una manera muy desestigmatizante", ha contado Alba. "Recuerdo su explicación. Ella me dijo: ‘En la vida hay una cosa que son las drogas. Están ahí, se pueden usar para la medicina, para divertirte y, en ocasiones, también dan problemas. Depende de cómo las uses son una herramienta, como un cuchillo, que lo puedes usar para cocinar o para matar a alguien. Esto es lo mismo, pero hay gente que lo ve muy mal porque también dan problemas’. Mi madre me apaciguó".
Cuando Ana Villa cruzó sus pasos con los de Antonio, este ya llevaba una vida agitada. De pequeño estudió en el Liceo Anglo Español (LAE), de donde lo expulsaron por intentar mangar los resultados de los exámenes finales, y aprendió a tocar la guitarra de la mano de su padre, Antonio González, El Pescaílla, creador de la rumba española. Entonces parecía que Antonio apuntaba maneras como futbolista, una profesión que acabaría dando de comer a su primo Quique Sánchez Flores, de quien estos días se habla mucho por su noviazgo con la actriz y modelo Blanca Romero. Pero Antonio se decantó finalmente por la música y, cuando contaba 18 años, lanzó su primer disco, en el que se incluía el famosísimo No dudaría. "Yo surgí en una época en la que estaban de moda los cantantes guapos y rubios (Iván, Pedro Marín, etc.). Y llegué yo. Con melena y con una nariz de espanto (la mía: no tengo otra). Y eso chocó y creyeron que pasaba de todo. Pero lo cierto es que yo nunca pasé ni paso de las cosas que son importantes, de las cosas que me afectan a mí, a los míos, a mi país…", contaba entonces el artista, que grabó varios álbumes más —Al caer el sol (1981), Gran Vía (1988) y Cosas mías (1994)—, y apareció en películas como Colegas (1982), de Eloy de la Iglesia, coprotagonizada por su hermana Rosario —cuyas primeras canciones firmó también— y el malogrado José Luis Manzano.
Su coqueteo con la heroína dio comienzo en 1979, en una época en la que andaba saliendo con Catarina, una chica argentina que aseguraba ser fotógrafa. Según contaba Pepe Vaquero, representante de Lola, fue aquella quien introdujo a Antonio en el mundo de las drogas. "Cuando a él lo llamaron a la mili, que le tocó cumplirla en Segovia, alquilaron allí un piso, que compartían cuando Antonio tenía pase de pernocta", contaba el popular mánager. "Le oí decir un día a Lola que la madre de aquella chica estaba grave, en Buenos Aires. Entonces urdimos un plan: le sacamos un billete de avión, de ida y vuelta, para que no se mosqueara, aunque sin ponerle la fecha del regreso, ya que a los dos días de haberse ido a la Argentina, anulé la vuelta. Y así es como nos la quitamos de encima y Lola respiró un tiempo. Supimos más tarde que tal joven terminó su vida en Brasil con una hermana, las dos drogadictas, las dos muertas”. Sea esto cierto o no, es un hecho que la heroína destrozó la vida de Antonio durante algo más de una década. Mientras ejercía de adicto estuvo saliendo con Amparo Muñoz, la actriz malagueña que en verano del 74 se convirtió en Miss Universo, a quien las drogas llevaron a caer al negro pozo del ostracismo profesional.
Luego conoció a Ana Villa, una veinteañera que según las revistas trabajaba en un anticuario, siguiendo la tradición familiar de su padre. Cuando Antonio y Ana empezaron a salir juntos, el interfecto dejó de consumir por un tiempo. La pareja se casó por lo civil en marzo de 1986, en una ceremonia íntima a la que asistieron únicamente los padres del novio, sus dos hermanas y su cuñado Guillermo, su tía Carmen y la familia de la novia. "Me casé porque estoy enamorada, no porque esté embarazada", apuntó poco después aquella. "En nuestro caso no hubo ni flechazo ni declaración: pasamos de la amistad al amor casi sin darnos cuenta. Soy feliz porque Antonio y yo hemos encontrado un equilibrio que nos hace sentirnos siempre bien el uno junto al otro". Pero todo volvió a torcerse para el músico al cabo de unos pocos meses. "El mismo día que nació mi hija, algo incomprensible sucedió en mi cabeza y volví a tomar caballo", confesaría un Antonio que volvió al nido familiar cuando su matrimonio tocó fondo a finales del 89.

Ana Villa, en el centro, con sus cuñadas Rosario (izda.) y Lolita Flores en 2002. / CHEMA MOYA
Fue entonces cuando Lola Flores se volcó en su hijo, su ojito derecho, quien a su vez adoraba a su madre, hasta el punto de que algunos opinan que nunca consiguió superar cierto complejo de Edipo. Durante la mencionada etapa, Lola le mandó construir una cabaña en el jardín de El Lerele, la casa familiar en la que vivían su marido y ella, para que fuera independiente y por tenerlo cerca. "Llegué al extremo de querer tomarme un tubo de pastillas o tirarme por la ventana", confesó luego la artista a Carmen Rigalt en una entrevista publicada en el Magazine de El Mundo en 1994. "No podía más, había agotado la capacidad de sufrimiento. Mi hijo ha estado como siete veces al borde de la muerte, ha tenido todos los accidentes de coche habidos y por haber. Y luego, con la droga, prácticamente lo daban por muerto en Buenos Aires, que me llamó Lolita y me lo dijo: 'Mi hermano se muere, se muere…'. Y yo arrastrándome por la casa que teníamos alquilada en Pintor Juan Gris, arrastrándome de dolor y de impotencia".
Cabe resaltar que, tras su separación, Antonio siguió manteniendo una buena relación con Ana, sobre todo por el bien de su hija. Después de que el artista falleciera, su ex mujer se afanó por que a Alba no le faltara nada. "A mí se me ha muerto mucho más que el padre de mi hija: Antonio era el único hombre con el que he compartido mi vida. Claro que seguía enamorada de Antonio. Le quería por encima de todo. Nunca dejé de quererle. Y ahora le quiero más todavía", comentó luego la anticuaria, que siempre estuvo arropada por los Flores. Después de cumplir su sueño de regentar su propia tienda de antigüedades, Ana reorientó su carrera profesional hacia el mundo de la producción teatral. Hoy día trabaja para Lazona, una productora de artes audiovisuales y escénicas que desde 2003 ha producido películas tan taquilleras como No habrá paz para los malvados u Ocho apellidos vascos. Y, pese a su deseo de mantenerse en un discreto segundo plano, aparece en Flores para Antonio, que también ayudó a promocionar. "Sin ella no soy nada", contaba su hija Alba a El País. "Siento que la tengo que cuidar, creo que a ella la peli le duele más que a mí. Desde el principio tuve claro que este documental tenía que ser también un homenaje a mi madre, que se conociera su punto de vista. ¿Y sabes qué me ha pasado? Que me he enamorado de ellos como pareja. O sea, cuando los veo juntos digo, qué guapos, qué sexis, qué interesantes".
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