UN MILLÓN OYENTES
Depresión Sonora, el joven que salió de Vallecas para conquistar Latinoamérica con sus canciones de barrio: "Soy un kamikaze"
Fue tal el revuelo que desató con su debut que se lo rifaron en el codiciado festival Coachella: acaba de lanzar 'Los perros no entienden de internet (y yo no entiendo de sentimientos', una escarpada reflexión en forma de álbum sobre la vida

Depresión Sonora es el 'alter ego' de Marcos Crespo. / ALBA VIGARAY

Jamás imaginó que las canciones que alumbró en la casa de su madre pudieran ser escuchadas. Era una utopía para un Marcos Crespo que, en 2020, aún pensando qué hacer en la vida, escribía por pura necesidad. Todo lo que Vallecas, su barrio, despertaba en él, desde discusiones con sus colegas hasta reflexiones de medianoche, quedaba registrado en ellas. Era un diario. Intimísimo. Depresión Sonora, su alter ego, estaba arrancando una carrera que hoy acumula millones de escuchas. En parte, gracias a unas letras que, sin pretenderlo, se han convertido en el mejor testimonio de una generación. Fue tal el estruendo que, rápidamente, ojo, se lo rifaron en el codiciado festival Coachella, en Estados Unidos. “Fue divertido tocar en mitad de un desierto. Cosas de americanos, supongo. Muy loco”, dice a la sombra de su último disco. En Los perros no entiende internet (y yo no entiendo de sentimientos), el segundo, tras tres epés conceptuales, se confiesa con una franqueza que escuece y reconforta a la par. Hay truenos, cristales, apósitos… Fisuras de sinceridad que han ido destapando su corazón.
“He sido bastante cabezón con terminar e incluir algunas canciones”, avisa Marcos, que tocará en La Riviera de Madrid el 5 de marzo. Identificar emociones inexploradas es un reto que fijó como base del proyecto desde el principio. Al igual que en sus anteriores trabajos, éste también ha nacido de la más absoluta soledad. En ella es dónde Marcos se siente cómodo para componer. Desde su cuarto, a sus 28 años, alejado de la sociedad que le inspira, ha sacado lustre a sentimientos que se han vuelto universales. Basta con echar un vistazo a los datos: es tendencia en México, Colombia, Perú y Chile. En total, 1.300.000 oyentes mensuales en Spotify, 423.000 suscriptores en YouTube y 287.000 seguidores en Instagram. Cifras que le colocan a la altura de otras figuras del momento. Sin embargo, él prefiere quitarles hierro. No es de los que se deja llevar por la fama. De hecho, cuando los pies de Depresión Sonora levantan un pelín el vuelo, ya está Marcos pendiente de bajarlos a tierra de nuevo.
P. ¿Sigue siendo el chico de Vallecas debutó en el 2020?
R. Sí, pero de otra manera. He notado un cambio radical porque lo he aprendido todo en este tiempo. También he sumado años, he madurado. El primer álbum lo hice cuando aún vivía en casa de mi madre. Éste, en cambio, lo he hecho en la que comparto con mi pareja.
P. ¿Aquel Marcos soñaba con la música?
R. No lo sé. Tampoco me lo permitía porque ni siquiera era una opción para mí. Uno nace donde le toca, es lo que le toca. Y, por tanto, vives con ello. Te dicen que estudies una carrera y listo. Es algo que le pasa a mucha gente.

Depresión Sonora, fotografiado en Madrid. / ALBA VIGARAY
P. ¿Hubo un punto de inflexión donde todo cambió?
R. Cuando lancé las primeras canciones. Recuerdo subirlas de risas a internet a ver qué pasaba. Me hacía gracia pensar que alguien pudiera escucharlas. No era consciente de lo que era esta industria. Sólo entonces vi el hueco y decidí apostar por ello.
P. ¿Cómo ha moldeado el barrio su forma de entender la vida?
R. ¿A quién no le condiciona su contexto? En mi caso, lo ha hecho absolutamente. Pero también la familia, la ciudad, el colegio. Vivo aquí y es de lo que me nutro. Estás influenciado culturalmente por tu entorno. Hay chavales de mi barrio que les ha ido genial como traperos. O tienen un discurso opuesto al mío. Y, sin embargo, todos partimos desde el mismo lugar.
P. ¿Su música sería otra de haber nacido en Chamberí?
R. Quizá, hubiera empezado antes. O habría ido hacia otro lado porque mis intereses fueran otros.
P. Su último elepé es bastante diferente a lo que ha venido editando. ¿Qué ha cambiado?
R. Es una evolución. Mis patas han llegado a otros sitios y, tal vez, a diferencia del anterior, no es un álbum de nicho. Aunque veo cosas del primero reflejadas en éste, hay otras herramientas presentes que me han permitido avanzar.
P. ¿El Marco del primer disco se reconocería en el segundo?
R. Le gustaría más este último, seguro. He hecho lo que he querido. En parte, porque ahora tengo los medios a mi alcance para ello. He aprendido a jugar más y reflejarlo mejor. Y, para ello, por suerte, he contado un sello que me ha pagado el trabajo y me ha permitido currar con la gente que he querido. Todo influye.
P. Guárdame este secreto y Perdedor nato destacan sobre el resto por la crudeza con la que están escritas. ¿Alguna vez ha compuesto algo tan personal que le haya dado miedo publicar?
R. Jamás me he cortado, soy un kamikaze. Si algo me gusta, tiro hacia delante. No suelo descartar temas. Nunca me he autocensurado. Es lo bonito de esta profesión.
P. ¿De dónde nace la comparación entre el mundo de los perros y el de internet que plantea?
R. Me pareció interesante contar que tengo un montón de conflictos internos y que, al mismo tiempo, me cuesta expresarme en según qué tipo de situaciones. Es fijarte en un animal que vive contigo y que no entiende nada de tu realidad, pero es honesto contigo.

El último álbum de Depresión Sonora es 'Los perros no entiende internet (y yo no entiendo de sentimientos)'. / ALBA VIGARAY
P. Habrá tenido que investigarlo profundamente.
R. Así ha sido. Estuve estudiando antes de ponerme a escribir: leí reportajes, recopilé sonidos, escuche música… Hay samples de Agallas, el perro cobarde. Incluso de Animal Crossing. Todo ello mezclado con percusiones. Ha sido un proceso interesante que me ha llevado un año. Ha sido rápido.
P. ¿Dónde se siente más cómodo: en lo real o lo virtual?
R. Pregunta complicada. Depende. Vivimos una época en la que cuesta demasiado desconectar. La mitad de mi vida está en las redes sociales, por lo que me cuesta verlo como una cosa ajena a mí. Existe otro yo que no es físico y está en la nube. Me gusta pensar que cada vez soy más del mundo tangible, que es el que más disfruto a fin de cuentas. El otro es un complemento. Intento ser consciente de lo que sucede a mi alrededor para estar presente.
P. ¿Le da miedo que el virtual acabe comiéndose el real?
R. Ya hay muchas personas viviendo a través del teléfono. Y lo que me transmite es pena. Pero, bueno, las cosas pasarán.
P. ¿Hay algún lugar de Madrid que haya sido clave para alumbrar estas canciones?
R. La casa de mierda de 40 metros cuadrados carísima en la que vivo. Ha sido el lugar más especial. Allí tengo una pequeña habitación donde he compuesto la mayoría.
P. ¿En qué momento vital le pilló?
R. Agobiado, la verdad. Conmigo mismo y con lo que uno quiere ser en la vida. Ahora bien, he sacado ganas de donde no había. Han sido años intensos con gran cantidad de cambios.
P. ¿Ha sido terapéutico?
R. Hacerlo sí, escucharlo no.
P. ¿Suele hacerlo?
R. Qué va, salvo cuando me toca subir un vídeo a TikTok. Una vez lo sacas ya no tienes nada que hacer con él. Me sé todas las canciones de memoria al detalle. Las tengo en mi cabeza.

Depresión Sonora tocará en Madrid el 5 de marzo. / ALBA VIGARAY
P. “Nunca he soportado sentirme insuficiente”, escribió en la nota que acompaña al álbum. ¿En qué sentido?
R. Hay mucho fondo ahí. Por la familia que tengo y la educación que recibí, tengo muy inculcada una cultura del esfuerzo casi psicópata en determinados momentos. Hay veces en las que he empezado algo por hobby y he acabado dejándolo por no salirme bien. No soporto sentirme insuficiente para las altas y duras expectativas que tengo.
P. ¿Ha sufrido algún bloqueo creativo en alguna ocasión?
R. Sí. Y, claramente, esa situación provoca que te cierres aún más. Lo mejor es no preocuparse. No estás roto, pasará. Ya lo has superado antes.
P. ¿La industria ha condicionado su manera de escribir?
R. No. De hecho, pienso que hay cosas que son una puta mierda porque nadie ha metido la mano ahí. No es mi caso.
P. ¿La inmediatez de las plataformas ha cambiado el modo de escuchar discos al completo?
R. Sin duda. También ha provocado que los proyectos exploten más rápido. Tiene su parte buena y mala. A nivel laboral, además, ha vuelto todo más complejo y precarizado. Sin embargo, Depresión Sonora no existiría sin TikTok.
P. ¿Qué le diría al algoritmo de Spotify si pudiera hablar con él cara a cara?
R. Que me enseñara más y me pagara el alquiler.
P. ¿Todo lo que representa Marcos está depositado en Depresión Sonora?
R. Cada vez más.
P. Si tu música fuera un perro, ¿qué raza sería?
R. Un chucho callejero. Duerme, descansa, juega, muerde… Lo demás da igual.