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ARTE ENTRE SEPULTURAS

Recorre los cementerios de Madrid en busca de las tumbas más extrañas: "He llegado a ver chupetes y ecografías encima de una lápida"

Lorena, fotógrafa de profesión, es quien se encuentra detrás de ‘Caminando entre tumbas’, un proyecto autogestionado que retrata la realidad de los camposantos en la capital

Lorena es la protagonista de un proyecto que retrata la realidad de los cementerios en la capital.

Lorena es la protagonista de un proyecto que retrata la realidad de los cementerios en la capital. / Alba Vigaray

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Era la típica lata de galletas. Azul, de metal, la que todo el mundo tenía en algún lugar de casa llena de agujas, bobinas de hilo y algún que otro dedal. En su casa, en cambio, aquella caja contenía las fotografías que su abuelo materno hizo a lo largo de su vida, hasta poco antes de morir. Ella nunca le conoció, así que los pocos recuerdos que guarda de sus abuelos están en esa lata. Con ellos creció y entendió que aquellas imágenes eran la vida de su abuela a través de los ojos de su marido. “Todavía guardo la cámara con la que las hizo. Es precioso ver cómo documentaba cada verano, cada viaje. A los ocho años mis padres me regalaron una Polaroid, con la que empecé a jugar hasta que, años después, me comprara mi primera reflex analógica”, relata Lorena Ferreira (49) mientras pasea por el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, en Madrid. Desde hace años fotografía los cementerios de la Comunidad de Madrid y el resto de España en un intento de cambiar la perspectiva que la población tiene de estos espacios: “He descubierto que pueden ser lugares agradables. Obviamente estar delante de un difunto al que queremos es algo triste, pero a base de publicar lo que yo veo he conseguido cambiar la mentalidad de más de una persona. Ahora mis amigos también curiosean cuando entran”. 

Lorena recorre los cementerios de toda España para fotografiar los elementos más extraños y curiosos que encuentra.

Lorena recorre los cementerios de toda España para fotografiar los elementos más extraños y curiosos que encuentra. / Alba Vigaray

Aunque nació en Castellón, vive desde hace siete años en Madrid, donde se mudó por consecuencia del trabajo de su marido: “Le ofrecieron un puesto aquí y nos vinimos sin pensarlo. Siempre me ha gustado mucho la ciudad y, hasta entonces, había sido la típica turista navideña. Cuando llegué, me enamoré de sus calles”. Nada más llegar, cursó un grado superior de Fotografía y comenzó a trabajar para una tienda online recién pasada la pandemia. Desde entonces no ha parado, aunque su inquietud alrededor de las necrópolis viene de años atrás, cuando leyó por primera vez La Restauradora, donde una mujer que reparaba viejas sepulturas explicaba “todo lo que pueden contar estas construcciones, pues contienen símbolos que significan cosas”. “En ese momento cambió mi visión, así que decidí apuntarme a una ruta teatralizada en el cementerio civil. Al salir pensé que sería interesante intentar pedir una autorización para hacer fotos allí durante un fin de semana", añade. Se puso en contacto con Servicios Funerarios de Madrid, la empresa que lo gestiona y, desde aquel día, no ha dejado de fotografiar los rincones más curiosos e insólitos de los camposantos que visita. Su favorito es el de Villanueva de la Cañada, emplazado en una rotonda. 

Caminando entre tumbas

De Parla a Getafe. También Avilés, Santander, Zaragoza, Valencia o Montjuic. Lorena los colecciona como si de cromos se tratase. “En el Cementerio de Bilbao se encuentra la Cripta de la Memoria, con restos de víctimas de la Guerra Civil. Cuando entré noté que me costaba dar los primeros pasos. Enseguida entendí que no éramos bienvenidos y empecé a sentir una presión en el pecho, así que me fui. Lo intenté en dos ocasiones más y nada. No sé qué fue lo que pasó, pero no lo he vuelto a experimentar”, asegura. Tras aquella primera ruta entre nichos, la idea de crear un proyecto germinó en su mente y, poco después, nació Caminando entre tumbas, una iniciativa que pretende desestigmatizar los cementerios a través de la fotografía: “El nombre surgió porque, a pesar de que todos tienen sus caminos pavimentados, recorriéndolos me di cuenta de que no veía nada, entonces literalmente empecé a caminar entre las tumbas. Si veo a alguien intento alejarme, no molestar. Nunca nadie me ha llamado la atención, aunque se quedan mirando. Al revés, se alegran cuando ven el epitafio de su ser querido en mis redes sociales”. Empezó a venir sola y a investigar aquello que no entendía. Con el tiempo ha descubierto que un cementerio es mucho más que un lugar en el que llorar las pérdidas. 

Lorena Ferreira, la mente detrás de 'Caminando entre tumbas', en el cementerio de La Almudena de Madrid.

Lorena Ferreira, la mente detrás de 'Caminando entre tumbas', en el cementerio de La Almudena de Madrid. / Alba Vigaray

“Tienen mucha historia, no sólo de la ciudad. Cada lápida tiene la suya propia. Este, en concreto, cuenta con un patrimonio artístico riquísimo, desde esculturas a panteones. Entiendo que, como ciudadano, no es el mejor sitio para pasar la tarde en Madrid, pero considero que es un buen enclave para pensar, reflexionar y estar tranquilo. O simplemente un museo gratuito al aire libre”, apunta Ferreira, que se detiene para observar una tumba de cerca que dice “Estoy bien, gracias”. “Esta de aquí me encanta, es de mis favoritas. Me parece bonito que alguien conserve el sentido del humor incluso después de fallecer”, suma. Ha dado tantas vueltas por este y otros camposantos que ha visto cosas que jamás hubiera imaginado: “Una botella de cerveza abierta y un paquete de tabaco a medio fumar encima de una lápida. También una ecografía de una mujer embarazada, algún chupete… o incluso chapas de cerveza en la sepultura del fundador de Mahou, aquí enterrado”. Los símbolos y curiosidades no dejan de sucederse en este lugar, que alberga más de cinco millones de difuntos en sus 120 hectáreas de extensión: “Los símbolos de Alfa y Omega son la primera y última letra del alfabeto griego y simbolizan el principio y el fin, como la muerte. En otras hay un reloj de arena con alas que significa Tempus fugit o ‘el tiempo vuela’”.

"Me dan miedo los vivos"

Para Lorena los cementerios son lo que Antonio Vega describía en su canción El sitio de mi recreo, sostiene ella misma. “Es donde me siento cómoda y desarrollo lo que más me gusta. Suelo venir sin ideas, me dejo llevar y camino pensando en cómo ha ido mi vida. No me detengo hasta que algo me llama la atención. Nunca he sentido miedo. Y eso que, en invierno, a las seis de la tarde ya es de noche y todo el mundo desaparece. Menos yo. Se me agudizan muchísimo los oídos y empiezo a escuchar los sonidos característicos de este lugar cuando el sol se pone y los animales salen a corretear. Me dan miedo los vivos, los que se quedan dentro y aprovechan para robar”, narra. No se entierra igual a los difuntos en Madrid centro que en Zamora o Albacete. Y eso es algo que ha descubierto gracias al turismo fúnebre que, desde hace años, practica junto a su marido: “Aquí somos más gente y se necesita más espacio, por eso hay tantos nichos en vertical. En Guadalajara, por ejemplo, todo el mundo está enterrado en el suelo. Y eso dice mucho de la situación en la que se encuentra la capital”. Ferreiro, quien vaticina que algunos cementerios desaparecerán en apenas unas décadas, nada a contracorriente en una sociedad en la que el primero de noviembre va perdiendo significado

Lorena heredó una cámara de su abuelo y, desde entonces, no ha dejado de fotografiar cosas.

Lorena heredó una cámara de su abuelo y, desde entonces, no ha dejado de fotografiar cosas. / Alba Vigaray

“A las personas hay que seguir enterrándolas, pero el espacio es limitado. Los jóvenes no prestan atención a estas cosas. Creo que se les ha protegido mucho en este sentido y por eso no visitan estos lugares, por la tristeza que conlleva”, señala mientras critica que nadie prepara a las nuevas generaciones para la muerte de un ser querido: “Es un rollo. Estás llorando y tienes que elegir qué tipo de madera quieres comprar, si pondrás unas flores u otras… Es raro y extraño al mismo tiempo. Me tocó vivirlo hace poco y me di cuenta de que no quiero acabar encerrada en una caja. Prefiero que me incineren y repartan mis cenizas entre Madrid y Castellón”. Además de en sus redes sociales y en su página web, Lorena colabora con algunas de las empresas gestoras de cementerios como el de La Almudena: “Siempre les mando las fotos que hago y este año las han publicado en un libro que han sacado recientemente. No quiero sacar dinero ni venderlas en páginas de stock”. Entre sus metas destaca la idea de exponer sus imágenes más populares y especiales en las inmediaciones de la necrópolis más grande de la ciudad: “Quiero acercar mi arte a los madrileños”.