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ENTRE 159.000 CANDIDATOS

La profesora de Leganés que opta a convertirse en la mejor del mundo y ganar un millón de dólares: "Nunca quise dedicarme a esto"

Ana Hernández es profesora de dibujo y Jefa de Estudios en el instituto Julio Verne de Madrid y la creadora de Codocencia, un proyecto que ha convertido el centro en uno de los más solicitados

Ana Hernández es profesora de dibujo y Jefa de Estudios en el instituto Julio Verne de Madrid.

Ana Hernández es profesora de dibujo y Jefa de Estudios en el instituto Julio Verne de Madrid. / ALBA VIGARAY

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

En unos días, Ana Hernández (51) sabrá si ha ganado un millón de dólares. No, no ha jugado a la lotería. Tampoco se trata de una herencia. La madrileña es una de las 10 finalistas del Global Teacher Prize este año, que fallará al ganador la primera semana de febrero en Dubai. “Sé lo difícil que es. Tengo un 10% de posibilidades, pero no concibo que me pueda pasar a mí. Es una cosa tan surrealista que ni me lo imagino”, señala a la salida del IES Julio Verne de Leganés, donde es profesora de dibujo y Jefa de Estudios. El certamen, que premia a docentes de todo el mundo con proyectos innovadores, capaces de cambiar la realidad de sus centros educativos y mejorar la vida de sus alumnos, la eligió como una de las semifinalistas. “Se presentaron 159.000 maestros de 139 países diferentes. Lo que no me imaginaba es que, a mediados de diciembre, mi nombre aparecería en la lista de los 50 mejores. Pasé todas las navidades celebrando el triunfo hasta que, de repente, me llamó mi madre para decirme que estaba entre los 10 finalistas. Yo pensaba que se habían equivocado, pero no. Mi familia, que luchó para que yo tuviera estudios universitarios, está tan orgullosa como las familias del barrio”, relata. 

Aunque nació en el madrileño barrio de Villaverde, con el paso de los años siente que Leganés se ha convertido en su otra casa por la cantidad de horas que pasa con sus alumnos. “Nunca quise ser profesora, no entraba en mis planes. Soy doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense, donde también estudié Psicología. Me especialicé en fotografía y comencé a hacer mis exposiciones”, recuerda. Un día, una compañera le propuso presentarse juntas a las oposiciones para ser profesora de secundaria, pero Ana no estaba interesada. Aún así lo hizo: “No aprobé, pero pude hacer una primera sustitución en Móstoles. Nada más entrar me di cuenta de que era lo que quería hacer. Pensaba que los adolescentes serían pesados y ruidosos, pero al interesarme por sus situaciones, ellos empezaron a contarme cómo se sentían y a pedirme consejos. La distancia entre nosotros se acortó y me encontré pudiendo ser útil para el mundo. Me gusta escucharlos y, si está en mi mano, mejorar sus vidas”. Su primera experiencia en el Julio Verne fue en 2007, como interina. Meses después aprobó la oposición y, en 2012, retomó su andadura en Leganés. 

Ana Hernández es la creadora de Codocencia, un proyecto que ha convertido el centro en uno de los más solicitados.

Ana Hernández es la creadora de Codocencia, un proyecto que ha convertido el centro en uno de los más solicitados. / ALBA VIGARAY

Docencia compartida

En 2017, Hernández creó Codocencia, el proyecto por el que hoy opta a convertirse en la mejor docente del mundo y gracias a el cual los resultados en el centro han mejorado considerablemente. La tasa de graduación pasó del 71% en 2016 al 98% en 2025; el absentismo se redujo casi en su totalidad; los incidentes disciplinarios descendieron de 125 a 19 por trimestre; y los registros policiales hablan de una menor delincuencia juvenil en el barrio. “Aquel año había una sensación común entre los profesores de que no muchos alumnos de 4º de la ESO titularían. Un día, mientras explicaba a Goya, escuché a mi compañera de Historia hablar de lo que fue el diseño del Paseo del Prado. Sonó el timbre y le dije 'qué tontas somos, estábamos hablando casi de lo mismo'. Le ofrecí dar una clase conjunta al día siguiente y fue un cambio radical en la forma de aprender y educar”, sostiene. Los alumnos asistían a clase más a menudo y una gran parte de ellos consiguieron graduarse, por lo que el instituto decidió establecerlo como forma de trabajo: “No puede haber alumnos sin la ESO en España, supondría un fracaso del sistema”. 

Durante este tipo de sesiones, todos los profesores de un mismo curso se congregan en el aula con el fin de abordar un momento de la historia desde las diferentes materias y sus perspectivas. “Utilizamos al compañero de Historia como eje vertebrador. Desde Inglés, Lengua, Matemáticas, Física, Química, Dibujo y Música vamos aportando qué ocurría en nuestras áreas en aquella época. Así, los alumnos ven que todo está relacionado entre sí y quedan alucinados. Dicen que les cuesta menos estudiar, aunque la realidad es que, como lo han interiorizado y comprendido, ya no hay que memorizarlo”, dice. En Codocencia, los profesores se evalúan entre sí. Los alumnos también. Un alumnado que, según Ana, es la viva representación de la sociedad: “Al ser un centro público, tienen orígenes y situaciones socioeconómicas muy diversas. Los hay en situación de vulnerabilidad, otros con necesidades especiales… Lo que buscamos es reducir esa brecha entre alumnos con una vida buena y otros que lo tienen más difícil. Algunos llegan incluso sin conocer el idioma”. Estos mismos adolescentes fueron quienes presentaron la candidatura de la madrileña al certamen de Mejor Docente de España, donde no llegó a la semifinal. 

La madrileña es una de las 10 finalistas del Global Teacher Prize este año, que fallará al ganador en Dubai.

La madrileña es una de las 10 finalistas del Global Teacher Prize este año, que fallará al ganador en Dubai. / ALBA VIGARAY

Explica Goya con Rosalía

“Me había pasado todo el verano preparando la documentación necesaria y, tras escuchar que se ampliaba el plazo de inscripción para Global Teacher Prize, lo eché. Me parecía un disparate, algo que no era para mí, sino para súper maestros de todo el mundo. Al final, sólo soy una profe de barrio que hace lo que puede con lo que tiene”, defiende. La sensación de vértigo le acompaña desde hace varios días a todos lados. Si bien está orgullosa del impacto generado en el barrio, cree que otros tantos compañeros también serían merecedores de un reconocimiento como este. “Lo que me diferencia es el dibujo, una asignatura que nunca ha sido considerada importante. Están muy bien las vocaciones de carácter científico, pero qué pasa con el fomento de las humanidades y el arte. No hay asignaturas más relevantes que otras. El universo simbólico de Goya les resulta complejo a mis estudiantes. A mí también, a pesar de haberlo estudiado toda la vida. Hablamos de 1814, pero está claro que si escuchas a Rosalía o ves un capítulo de Stranger Things, la conexión es rápida. Enseguida notan que entre el lenguaje pictórico, el audiovisual y el musical, no existen diferencias. Son formas diferentes de atacar las mismas situaciones o emociones”, apunta. 

La popularidad de Ana en el barrio no ha dejado de crecer y, en la actualidad, el Julio Verne se ha convertido en el centro de Leganés con más lista de espera para los alumnos que entran de sexto de Primaria: “Ese es el premio, que las familias depositen en nosotros la confianza para la educación de sus hijos. Conseguir que los chavales vengan a clase y se involucren es muy difícil, pero lo estamos consiguiendo”. Pese a no conocer al resto de finalistas, procedentes de India, Estados Unidos, Polonia, Colombia, Italia, Argentina, Nigeria y Australia, Hernández pasará con ellos varias jornadas de trabajo en Dubai durante la Cumbre Mundial de Gobiernos. Es la primera vez que un docente de nuestro país alcanza el top 10 de la clasificación y Hernández. “Qué responsabilidad”, dice. En caso de ganar el millón de dólares, tiene claro en qué lo invertiría -al menos, parte de ello-. “Compraría sillas y mesas para todo el centro. A día de hoy seguimos con sillas de pala, las más incómodas. Es incoherente para un aula en la que se trabaja en equipo, pero no tenemos dinero para comprar mobiliario modular, que es carísimo. Quiero que haya conciencia entre lo que veo y lo que hago”, zanja.