ENTREVISTA
Pilar Castro, actriz madrileña: "Cuando una mujer ejerce el poder se la juzga mucho más que a un hombre"
La intérprete, que transita con naturalidad entre cine, televisión y teatro, está de gira con 'Las amistades peligrosas', un clásico del siglo XVIII que dialoga con los abusos de poder del presente

La actriz Pilar Castro. / Juan Carlos Mauri
J. M. Lax Asis
Pilar Castro no cree en personajes cómodos ni en respuestas simples. Tampoco en los clásicos como piezas de museo. En Las amistades peligrosas, que llega a Murcia bajo la dirección de David Serrano, se adentra en un texto del siglo XVIII que habla -sin disimulo- de poder, deseo, abuso y desigualdad. Desde la lucidez de una marquesa tan temida como inteligente, la actriz madrileña reflexiona sobre el lugar de las mujeres y el poder, y sobre un teatro que sigue dialogando de forma incómoda con el presente.
Empezamos por lo nuevo, Las amistades peligrosas. La novela es de 1782, pero todo el equipo insiste en su vigencia. ¿Hay algo que le inquiete especialmente al comprobar que esas dinámicas de poder siguen tan presentes hoy?
Claro que me inquieta, como actriz y como persona. Esa idea de "yo puedo hacer contigo lo que quiera porque tengo más poder que tú" sigue muy viva. El poder, cuando no se cuestiona, permite eso. Es triste, pero creo que es así.
Su personaje, la marquesa de Merteuil, pertenece a una élite que juega con la reputación y la vida de los demás. ¿Cómo se construye un personaje moralmente tan incómodo sin juzgarlo ni justificarlo?
Ese es exactamente nuestro trabajo como actores. A mí me cuesta cuando me dicen: "Es muy mala, es una loca". Yo intento tener mi versión del personaje. Objetivamente puedes tener una opinión, pero subjetivamente tienes que defenderla. Somos elementos para contar la historia y, si no lo haces bien, la historia no se cuenta. Yo he construido a una mujer que, dentro de un sistema de hombres, no tiene más remedio que ponerse a su nivel para tener poder. Y además es lúcida, inteligente, incluso feminista en su deseo de estar de igual a igual. Cuando los hombres han hecho esto durante siglos no se les ha juzgado igual. Cuando lo hace una mujer, se la convierte en monstruo.Y además hay que pensar en el contexto: las mujeres o se casaban con quien les elegían o iban al convento. La libertad que ella consigue la logra con tretas, sí, pero es una mujer muy adelantada a su tiempo.
Usted ha destacado el profundo conocimiento que tenía Laclos de los personajes femeninos. ¿Qué es lo que más le sorprendió de ese retrato del deseo y la inteligencia?
Hay un monólogo maravilloso en el que ella cuenta que, cuando quedó viuda, aprovechó el año de luto para completar sus estudios: leyó a moralistas para aprender a aparentar, a filósofos para saber qué pensar y a novelistas para saber actuar. Es una mujer muy lista, mucho más que el resto. Manipula desde el conocimiento y desde la sabiduría.
La obra habla de abuso de poder, consentimiento y de cómo el dinero lo compra casi todo. ¿Cree que el teatro tiene también la responsabilidad de incomodar, además de entretener?
Sin duda. El teatro es una ventana enorme para sacarte de tu cotidianidad y hacerte reflexionar. También puede emocionarte o distraerte, pero a mí me gusta que me saque de mi zona de confort. Creo que esa es una de sus funciones principales.
David Serrano decidió no tocar prácticamente el texto de Christopher Hampton. Como actriz, ¿qué exigencia le impone trabajar con un texto tan cerrado y tan preciso?
Es un texto tan bien escrito que tocarlo sería casi un sacrilegio, por eso David ha sido tan estricto con el original. Es de los que más placer me ha dado aprender. Esta obra te genera una exigencia enorme; tienes algo muy poderoso entre manos y quieres estar a la altura.
Muchas actrices denuncian la falta de papeles a partir de cierta edad y usted reivindica para ello los clásicos. ¿Qué nos estamos perdiendo cuando dejamos de mirar a los grandes textos?
Los clásicos hablan de temas universales y el teatro ha contado mucho más con las mujeres que otros ámbitos de la ficción. Puedes construir una reina, una marquesa, personajes con una visión amplia de la sociedad. Es verdad que ahora se ha abierto una puerta, pero todavía queda muchísimo camino para estar de igual a igual.
Comparte escena con Roberto Enríquez en una relación de manipulación constante. ¿Cómo se ensaya una violencia que no siempre es explícita?
Ha sido muy placentero. Roberto es un compañero excelente. Hemos trabajado mucho el juego entre ellos: al principio es casi lúdico, pero se vuelve peligroso. Ella incluso le advierte varias veces: «te vas a quemar». Pero él, como buen narcisista, no escucha. Es una lucha de poder, con amor, con celos… un cóctel muy potente.
Más allá de esta obra, ha construido una carrera muy poco encasillada. ¿Le atraen más los personajes incómodos que los amables?
Me interesa el ser humano. He hecho personajes muy dulces y otros muy oscuros y cabrones. Me gusta indagar, profundizar, aprender. Me gustan los retos. Los personajes contenidos, por ejemplo, me cuestan más, pero cuando los consigues es un placer enorme. Es como una partitura musical.
Muchos espectadores redescubren a los actores en el teatro después de verlos en televisión. ¿Qué le da el teatro que no le da el cine?
El teatro te permite hacer estos textos maravillosos, profundizar mucho más, estudiar el contexto. Y luego está la repetición diaria: cada función es un descubrimiento. Es algo vivo. En un mundo tan tecnológico, el teatro es de las pocas cosas analógicas que quedan.El estar sentado, escuchando y recibiendo. Y yo igual, estar ahí sentada, actuando y dando. Es una comunión perfecta.
A menudo se señala más la crueldad de su personaje que la del de Roberto Enríquez. ¿Nos cuesta aceptar a mujeres poderosas si no son moralmente ejemplares?
Totalmente. Es la historia de la humanidad. A las mujeres se las ha señalado mucho más por lo malo que por lo bueno. Cuando eran brillantes, se las invisibilizaba o se las llamaba locas. Basta pensar en Juana la Loca o en cuántas artistas no hemos estudiado. El poder en una mujer sigue incomodando.
La obra termina mostrando las consecuencias de ese juego perverso. ¿Somos hoy más conscientes de nuestros actos o seguimos creyendo que todo es reversible?
Hay una frase en la obra que lo resume todo: "Si intentamos defendernos, vuestro prestigio se eleva y el nuestro se hunde".A las mujeres todavía nos queda muchísimo camino. Muchas cosas que antes se normalizaban hoy ya no se pueden mirar igual, y eso es necesario.
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