165 AÑOS DE HISTORIA
Dentro del hotel madrileño donde se dan las campanadas de Nochevieja: cerró por pandemia y hoy reabre con el nombre original
Se trata de La Fonda de los Príncipes, un edificio histórico fundado en 1861 y declarado Bien de Interés Cultural que hoy recupera el kilómetro cero en la capital

La Fonda de los Príncipes, un hotel fundado en 1861 y declarado Bien de Interés Cultural. / ALBA VIGARAY

No hace ni un mes desde que Chenoa, Estopa, Cristina Pedroche y Alberto Chicote dieron las campanadas en la Puerta del Sol. Los cuatro lo hicieron desde el mismo edificio, aquel que todo paseante admira nada más llegar al kilómetro cero. Y no es sólo por su majestuosidad, sino también por el mítico letrero que corona su azotea con el nombre del Tío Pepe. “Lo retiraron en 2011 del edificio de Apple, a escasos metros de donde estamos. Y no fue hasta 2014 cuando regresó a la plaza, esta vez a la parte alta de este edificio. Desde entonces sigue aquí”, explica Antonio Vidosa, director de La Fonda de los Príncipes, el hotel que, tras seis años clausurado, reabrió sus puertas el pasado 5 de enero. Fue en el año 2024 cuando el fundador de Civitatis, Alberto Gutiérrez, adquirió el hotel con idea de reformarlo. Una obra que ha durado más de un año y medio: “Queríamos inaugurarlo el pasado 1 de octubre, coincidiendo con su apertura inicial en 1861. Sin embargo, las remodelaciones nos obligaron a posponerlo y, dado que no queríamos hacerlo en un día cualquiera, pensamos en la noche más mágica del año”.
“Además, como el hotel estuvo ocupado por las cadenas de televisión, preferimos esperar para ofrecer las mejores habitaciones desde el primer día”, añade Marta Pedraza, miembro de la dirección del hotel. Mano derecha del propietario, ha contribuido a la transformación del espacio sin perder la esencia original. “La historia de este edificio está muy ligada a la plaza. Cuando se reformó, alrededor de 1857, se construyeron varios edificios similares, entre los cuales había tres hoteles y este era uno de ellos. Aunque nació bajo el nombre de La Fonda de los Príncipes, con el paso del tiempo lo empezaron a llamar Hotel de los Príncipes, ya que la palabra hotel comenzó a tomar relevancia en la sociedad. Fue un cambio orgánico, nadie lo decidió”, relata. En pocos meses se convirtió en el alojamiento más lujoso de la ciudad y, según asegura Pedraza, hay constancia de que los clientes encontraban cosas “súper extrañas”, como baños en las habitaciones o restaurante con carta dentro del hospedaje.
Bien de Interés Cultural
“Llegó la Primera Guerra Mundial y cambió su nombre al Hotel Americano que, tras la Guerra Civil, se vio obligado a bajar de categoría a Pensión Americana. El edificio se vio muy afectado y tuvieron que reformarlo. Por aquel entonces, en la Puerta del Sol sólo quedaban en pie este y el Hotel de París, donde hoy se encuentra Apple. Tras su reconstrucción y debido a la crisis, dividieron el espacio y crearon otros comercios en las primeras plantas, reduciendo el hotel al tercer y cuarto piso. Tomó el nombre de Hostal Americano, con el que duró hasta 2020”, explica. Cerró sus puertas en 2020, tras el comienzo de la pandemia y no fue hasta cuatro años después cuando Gutiérrez se hizo con el espacio: “Le devolvió el nombre original para honrar su historia y esencia. Entre tanto, el Hotel París desapareció en 2006 y Apple tomó el relevo, por lo que este es el único que queda de esa época. Varios escritores, como Jorge Luis Borges, Hans Christian Andersen y Henry Blackburn han pasado por estas habitaciones y han escrito su obra mirando a la plaza”.
Vidosa asegura que la reforma del inmueble ha sido más delicada de lo que hubieran imaginado, pues el edificio está protegido por Patrimonio Nacional. “Está calificado como Bien de Interés Cultural y se ha tenido que recrear el hotel original en la mayoría de aspectos. Las escaleras exteriores e interiores, ventanas, contraventanas y fraileras son réplicas de lo que fueron en 1861. Además, el cartel de Tío Pepe también cuenta con esta protección. Sólo este y el de Schweppes gozan de este privilegio en Madrid, por lo que nos da mucha notoriedad en la zona”, suma. El director aprovecha para desvelar la futura demolición del segundo piso, ocupado hasta hace unos meses por otra empresa: “Había una academia, pero ya ha cerrado, así que hemos empezado a trabajar para que, en el momento en que nos concedan la licencia, iniciar la reconstrucción de la planta y añadir otras 25 o 30 habitaciones a La Fonda de los Príncipes, que actualmente cuenta con 39”. Del total, sólo 13 cuentan con vistas a la Puerta del Sol. El resto, a las calles de Preciados, de Tetuán y del Carmen.
Público internacional
“Desde cualquiera de ellas se ve el bullicio de gente, que es bonito de presenciar”, considera. Aunque todavía es pronto para determinar qué tipo de clientes se hospedarán en el número 11 de la plaza, su director sabe que el cliente principal será internacional, “sobre todo por la ubicación en la que nos encontramos”. “Lo que buscan es la comodidad y tener cerca la oferta de ocio y entretenimiento de la ciudad. No olvidemos que esto es un centro neurálgico, estamos en el kilómetro cero y con el gabinete de presidencia de la Comunidad de Madrid delante. Hotel más céntrico que este no lo hay y queremos convertirnos en un referente de la ciudad. Lo más llamativo es que pueda seguir existiendo en esta ubicación. Y más ahora, con lo complicado que es conseguir una licencia en la zona. Todo está lleno de comercios y grandes marcas que no van a desaparecer”, sostiene.
Marta, mano derecha de Gutiérrez, asegura que él siempre quiso que los clientes pudieran disfrutar de las vistas: “Casi todos los edificios que lo rodean están cerrados, por eso hay tantos ventanales en las zonas comunes”. Los icónicos balcones de Nochevieja son ahora parte de La Fonda de los Príncipes y, al igual que ha ocurrido este año, estarán ocupados la última noche del año por las televisiones. “Se retransmiten desde aquí desde hace años y, este último, Telemadrid, Antena 3 y Televisión Española alquilaron el espacio para dar las uvas aquella noche. Ellos son expertos y lo tienen todo automatizado, así que nosotros no tuvimos que intervenir para nada. Antes empleaban otras plantas del edificio, así que los trámites y gestiones ya las conocen. En el momento en que Alberto adquirió el edificio, fueron ellos quienes se pusieron en contacto con nosotros”, concluye.