ENTREVISTA
Ale Acosta, el ex Fuel Fandango que pone Madrid a tocar tambores de El Hierro y chácaras de La Gomera: "Necesitaba regresar a mis orígenes"
El artista se reivindica en solitario dos años después de poner fin al exitoso dúo que formó con Nita Manjón: este viernes, toca en La Sala del Movistar Arena

Ale Costa está adelantando las canciones de lo que será 'El Porvenir 2'. / CEDIDA

La cabeza de Ale Acosta (Lanzarote, 1980) no descansa ni un segundo. Siempre hay alguna melodía rondándole a puntito de salir disparada. Es un creador radical, innato de principios. La música ha arbitrado su vida incluso antes de causar furor con Fuel Fandango: el duó que montó junto a Nita Manjón en 2010 le dio el reconocimiento popular que, hasta entonces, ojo, ya tenía en la industria. De hecho, fue nominado a los Latin Grammy como Productor del Año en 2008 por su labor en Con otro aire, de Chambao. Está detrás del sonido de Rayden, Juancho Marqués y José Mercé, entre otros. Ahora, ya en solitario, ha puesto el foco en sí mismo por primera vez. Y, por necesidad, a sus 46 años, ha empezado a mezclar el folclore canario que tanto le marcó de niño con la electrónica. El porvenir fue su primera incursión. Hoy, mientras estrena sus nuevas canciones, se reivindica en Inverfest. Este viernes, te hará bailar en La Sala del Movistar Arena.
P. ¿Qué parte de Ale Acosta se quedaba fuera de Fuel Fandango y requería un proyecto en solitario?
R. Necesitaba regresar a mis orígenes. Quería recuperar el imaginario en el que me crié. Con Nita me adentré en el flamenco y, ahora, 15 años después, he sentido el impulso de mezclar el folclore canario con la electrónica. Estoy redescubriendo la música que escuchaba de pequeño.
P. ¿Le dio vértigo empezar de cero?
R. Sí. Para mí, la música siempre ha sido un juego en el que experimentar. Y, claro, ya en solitario, me planteaba hasta dónde podría desarrollar mi parte creativa. Me encanta componer, profundizar en la parte electrónica. Por lo que está siendo una época bonita donde me estoy reencontrando conmigo mismo.

Ale Acosta, fotografiado en su Lanzarote natal. / CEDIDA
P. ¿Le ha costado encontrar su propia voz?
R. Un poco. Cuando arrancas un proyecto, te preguntas qué quieres hacer. Pero una cosa es lo que tienes en la cabeza y otra lo que va surgiendo. Nunca das con la tecla exacta al principio. Cuando saqué mis primeras canciones me quedé bastante a gusto. Sin embargo, hoy quiero seguir tirando de la cuerda para ver qué me encuentro. Sigo investigando y afinando el lenguaje que quiero construir.
P. Su música está ligada a Lanzarote. ¿De qué forma le inspira la isla?
R. Tengo recuerdos bonitos. Y, poco a poco, estoy redescubriendo las melodías que tanto me marcaron. No sólo el folclore, también toda la música latina que se ha escuchado en Canarias siempre. También me conecta con ella su paisaje y energía. Con el paso del tiempo, el cordón umbilical que me une a ella está más fuerte que nunca.
P. Hay muchas referencias costumbristas en sus temas para lo moderno que suenan.
R. El folclore peninsular está presente a través de ritmos terciarios propios de la jota. Pero también hay influencias de Latinoamérica. Es una mezcla difícil de definir. Sobre todo porque me gusta recuperar los tambores de El Hierro y las chácaras de La Gomera, instrumentos muy poderosos que casan bien con la electrónica.
P. ¿Es fácil juntar dos mundos tan diferentes?
R. Me guío por la intuición. En La plaza del Carmen, por ejemplo, aparece una batucada que me retrotrae a nuestro Carnaval. Me encantaba verlas cuando era un pibito. Entonces, me planteé: ¿por qué no meterle un poco de house?
P. ¿Le interesa más preservar la cultura canaria o reimaginarla?
R. Reimaginarla. Cada uno hace lo que puede para conservar su folclore. Adoro escuchar la instrumentación canaria, el timple, por ejemplo, en otros contextos. Hay una generación que está llevando esta música a otros lugares. Y, oye, por qué no, es fantástico. De lo contrario, quedaría reducida a una pieza de museo.

Ale Acosta tocará en La Sala del Movistar Arena este viernes. / CEDIDA
P. En Valentina homenajea a Valentina Hernández, figura clave en las tamborradas de El Hierro. ¿Por qué ella?
R. Es un icono. Ella se esforzó mucho por proteger su cultura. Recuerdo que, un día, en el programa Tenderete, la mencionaron. Me quedé embobado. Y, cuando empecé a documentarme para el álbum, recordé aquella grabación. Sentí que debía hacer algo. Y empecé a trastear.
P. Ha producido a Buika, Enrique Morente y Juancho Marqués, entre otros. ¿Cambia la manera de hacerlo cuando lo hace para sí mismo?
R. Es distinto. Cuando me llaman otros artistas, me adentro en la visión que ellos tienen de la música. Intento entender lo que necesitan en cada momento. En cambio, mi proyecto artístico se ha convertido en mi espacio de recreo. Aquí no hay límites ni reglas. Estoy muy emocionado con esta etapa. Estoy poniendo en práctica todo lo que rondaba mi cabeza. Por suerte, ahora tengo el tiempo y el espacio suficiente para hacerlo.
P. La ceniza, junto a Valeria Castro, ganó el premio a Mejor Canción de Electrónica en los Premios de la Música Española 2024 y fue nominada al Latin Grammy. ¿Qué tenía para conectar tanto?
R. El día que nos conocimos ya tuvimos el primer boceto. Sin embargo, estuvo guardada durante tres años porque sucedió lo del volcán de La Palma. Parecía algo premonitorio. Refleja a la perfección el mundo de Valeria y el mío, perfectamente equilibrados. Hay mucha verdad en ella.
P. Tomando el título de una de sus primeras canciones, A dónde vas, niño, ¿a dónde vas, Alex?
R. Me lo pregunto a diario. Y, bueno, no tengo una respuesta clara. A veces, uno no elige hacia dónde va. Tengo la fortuna de poder seguir haciendo canciones y tocándolas. Me apasiona.
P. ¿Qué le gustaría que sintiera alguien que no le conoce en el concierto de este viernes?
R. Me fascina ver a la gente con los ojos cerrados mientras baila. Hago electrónica con este objetivo, precisamente. Si consigo que se emocione, estaré más que feliz.