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AMENAZA DE TRUMP

Ramón y Ricardo, dos madrileños en Groenlandia: "Hay un rechazo absoluto; Estados Unidos no necesita comprar la isla para influir"

Coinciden en que la hipótesis de una compra "no es realista" y que cualquier cambio requeriría el aval de la población

Ramón y Ricardo, dos madrileños que llevan más de 25 años viviendo entre España y Groenlandia.

Ramón y Ricardo, dos madrileños que llevan más de 25 años viviendo entre España y Groenlandia. / R. Serrano

Madrid

Mientras Groenlandia vuelve al centro del tablero político internacional por la polémica propuesta de Donald Trump -una hipotética compra de la isla que el presidente estadounidense ha estimado en 700.000 millones de dólares-, Ramón y Ricardo son dos madrileños que observan la tormenta mediática desde un lugar único: el país donde decidieron empezar una nueva vida a más de 4.000 kilómetros de distancia de la capital. La isla más grande del mundo es un territorio singular situado entre el océano Atlántico y el Ártico, con el 80% de su superficie cubierta por hielo.

Hay apenas 56.000 habitantes, con una identidad mayoritariamente inuit -pueblo indígena del Ártico-. Su capital, Nuuk, cuenta con 20.000 personas censadas. Y pese a que las condiciones climáticas son "duras", con inviernos largos y fríos y veranos muy cortos y frescos, "la gente, que se dedica a la pesca, está totalmente adaptada a esta forma de vida", en un "equilibrio frágil" entre tradición y modernidad. "La caza y la pesca conviven con la administración pública, la educación superior y una juventud cada vez más conectada al mundo", apunta Ricardo López Valverde, director de Greenland Adventure, vive desde hace 27 años entre Guadarrama, Galicia, Laponia y Groenlandia.

"La calidad de vida es razonablemente alta, en gran parte porque el país recibe una subvención anual de Dinamarca de unos 500 millones de euros", explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Ramón Larramendi, de San Lorenzo de El Escorial que llegó a Groenlandia hace casi 40 años para participar en una expedición y nunca se fue. Hoy, tras más 30 años viviendo en la isla, contempla con perplejidad el interés de Estados Unidos en hacerse con el territorio.

Lo más complicado, reconoce, es el aislamiento. "No hay ninguna ciudad conectada por carreteras. En invierno, con el hielo marino y las tormentas, las comunicaciones son complicadas: se viaja en avión, helicóptero, barco, motos de nieve o trineos de perros", cuenta en una conversación telefónica.

"Marcar territorio" frente a aliados y rivales

López Valverde interpreta que el reciente ruido político en torno a Groenlandia responde también a una estrategia de comunicación. A su juicio, Trump recurre a un lenguaje "deliberadamente provocador" para subrayar la importancia estratégica del Ártico y "marcar territorio frente a aliados y rivales". Larramendi, por su parte, sí ha notado -y mucho- ese creciente interés por el Ártico. "Islandia, Noruega, Alaska, Groenlandia… Son lugares de naturaleza espectacular, seguros, sin guerras ni terrorismo. Viajar sigue siendo complejo, pero el turismo ha aumentado claramente", señala el español que más tiempo lleva establecido en el país, que forma parte del Reino de Dinamarca pero goza de amplia autonomía.

Ramon Larramendi, un madrileño que lleva más de 30 años viviendo en Groenlandia

Ramon Larramendi, un madrileño que lleva más de 30 años viviendo en Groenlandia / Cedida

Sobre las pretensiones de EE.UU., que lleva semanas amenazando que podría hacerse con Groenlandia "por las buenas o por las malas", Larramendi dice que se está viviendo con "incertidumbre y con enfado" entre la sociedad. "Groenlandia siempre ha tenido buena relación con Estados Unidos y no había ningún sentimiento antiamericano. Ahora hay un rechazo absoluto a esa idea. El 100% de la población está en contra", aclara.

"Incertidumbre" e "inquietud" con la que coincide López Valverde, quien añade que este planteamiento "rompe con décadas" de diplomacia basada en normas y que lo más preocupante no es solo la idea de comprar un territorio, sino "la normalización de un discurso que cuestiona la soberanía de pueblos pequeños frente a grandes potencias".

Una compra "no factible"

Preguntados ambos sobre las posibilidades reales de que el país cambie de status, Ramón no lo cree: "La vida cotidiana aquí no va a cambiar. Groenlandia es un lugar muy especial y muy aislado". En la misma línea, Ricardo sostiene que una compra "no es factible en términos reales": subraya que Groenlandia "no es un activo negociable", sino una entidad política con autogobierno, parlamento propio y derecho a la autodeterminación. Cualquier transferencia de soberanía, añade, requeriría el consentimiento explícito de la población, algo que hoy "no existe".

No obstante, Ramón reconoce que puede reactivarse el debate sobre la independencia. "Todos los partidos hablan de avanzar hacia la independencia, pero con distintos ritmos. El problema es que hay una subvención anual por parte de Dinamarca de 500 millones de euros". "La independencia política sin la económica es muy relativa. Hay un partido más radical que busca una ruptura más rápida, incluso explorando acuerdos con Estados Unidos, pero es minoritario", recalca Larramendi, quien en 1986 participó en la primera expedición española que cruzó Groenlandia de este a oeste con esquí. En este contexto, Ricardo apunta que la sociedad groenlandesa aspira a "más control" sobre su futuro, pero desde una posición de dignidad y autonomía, "no de subordinación" a otro Estado.

Ricardo López Valverde, quien lleva 27 años vviiendo entre Guadarrama, Galicia,  Laponia y Groenlandia.

Ricardo López Valverde, quien lleva 27 años vviiendo entre Guadarrama, Galicia, Laponia y Groenlandia. / CEDIDA

Entre la voz propia y la presión externa

En pleno escenario de presión geopolítica, Groenlandia encara un futuro de creciente protagonismo internacional. Ricardo subraya que el Ártico será "una de las regiones clave del siglo XXI" y que la isla, por su ubicación, está en el centro de esa nueva pugna. En paralelo, se reabre el debate sobre una mayor presencia y cooperación militar de países europeos en la zona como elemento de disuasión y de apoyo a sus socios.

El gran reto para Nuuk será encajar esa presión externa sin perder el control de sus decisiones internas: "Ganar margen de autonomía, mayor peso diplomático propio y gestionar una relación cada vez más compleja con Dinamarca y con las grandes potencias". Entre los riesgos, quedar reducida en el tablero de otros; entre las oportunidades, consolidarse como actor con peso en el nuevo orden ártico.