TERCERA GENERACIÓN
La familia madrileña que quiere salvar la Cuesta de Moyano de su extinción: "No sé si habrá una cuarta generación"
Carolina mantiene la caseta familiar que su abuelo cogió en 1946 y, desde entonces, pese a los altibajos del oficio, hace todo lo posible para asegurar su supervivencia

Carolina, en su caseta en la Cuesta de Moyano. / ALBA VIGARAY

Le encantaba ver cómo su abuelo despachaba libros en Moyano. Lo hacía con desparpajo y entusiasmo. Adoraba su trabajo. Siempre tenía una buena recomendación bajo el brazo. Carolina, su nieta, igual de atenta, ha heredado su talante. Vive entre libros. Y, claro, como hacía su antepasado, habla del oficio que tantas alegrías les ha dado con una pasión desmedida. "Él empezó cambiando novelas en Gran Vía. Iba con su carrito y se colocaba allí a la espera de clientes. Al poco, abrió una librería en Lavapiés. Le iba bien, pero se enteró de que iba a quedarse libre una caseta en la Cuesta. Y no lo dudó", relata Carolina. Desde 1946, su familia se ha hecho cargo de uno de los puestos que lucha por sobrevivir en esta feria. No lo han tenido fácil. Pero es tal su amor que, por ahora, ya veremos en el futuro, el desafío les compensa.
"Recuerdo que me daba un cuento cada vez que venía a verle. Todos sus compañeros sabían que era mi abuelo y me regalaban caramelos mientras cotilleaba sus cómics. Cuando mi padre tomó los mandos, yo tenía 16 años. Y, entonces, para ganarme un dinerillo, entré a ayudarle en el tablero de fuera. Antiguamente, como había más público, se necesitaban a dos personas controlándolo", prosigue Carolina. Es la tercera generación de libreros en la Cuesta y, aunque hoy la época sea otra, con sus respectivos retos, no abandonaría jamás el legado familiar. Ama este lugar. Aún sigue dándoles muy buenas noticias. Esta semana, por ejemplo, la Comunidad la ha declarado Bien de Interés Cultural. Y, poco antes, recibió la Medalla de Madrid.

Carolina ha heredado la caseta que su abuelo consiguió en 1946. / ALBA VIGARAY
La de Moyano es, junto a los Bouquinistes de París, la única feria de libros al aire libre de Europa. Y, por tanto, dicha protección asegurará su supervivencia en el corto plazo: "Antes teníamos mucha más clientela. De hecho, era difícil pasar entre las casetas por la cantidad que había. Por ello, a veces, para no perder el tiempo, nos tirábamos los tomos de un lado para otro. En la actualidad, tristemente, ya no ocurre. Han cambiado nuestro hábitos. Ya no interesan los libros de minerales, planetas y animales, salvo que se trate de ediciones especiales con ilustraciones. Todos hemos evolucionado". En 2025, la Cuesta cumplió 100 años de servicio a Madrid. En total, 30 garitas dedicadas a vender todos los géneros y formatos existentes: novedades, primeras ediciones, incunables, tebeos... Siempre bajo el criterio de sus dueños.

La caseta de Carolina por dentro. / ALBA VIGARAY
"Intentamos diferenciarnos entre nosotros. Hay un puesto de poesía, otro de grabados. Y así. En el mío, no tengo tanto libro antiguo. Me centro en opciones más actuales, con distintas ofertas. Si te gusta leer, de aquí te vas con una bolsa entera", dice entre risas. Su stand, el número 30, es el más cercana a El Retiro y, por tanto, la puerta de entrada a un oasis cultural poco habitual en las grandes urbes europeas. Juanjo, Fernando y Paco también llevan toda la vida en esta calle. Sin embargo, poco a poco, ha empezado a entrar una nueva hornada de libreros que busca revitalizar el proyecto. Algo que Carolina ha acogido con fervor. Serán el futuro de Moyano.
Casetas a concurso
La Junta Municipal de Retiro adjudicó las últimas cuatro casetas en noviembre. De tal modo que, así, por primera vez, todas están en funcionamiento: "Alguno se están haciendo mayores. Carmen se jubiló el año pasado. La amábamos, era un icono. Pero sabíamos que no iba a estar aquí eternamente. Está bien que los puestos salgan a concurso y entren jóvenes con ganas de trabajar". Demanda hay: según el último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España, el porcentaje de población que lee habitualmente supera el 65%. En época de cierres, proyectos así arrojan luz a un sector siempre pendiente de un hilo. Sin embargo, la realidad es oscura: en la Comunidad de Madrid hay 129 municipios sin librerías, el 72% del total. Una cifra que, según advirtieron sus propietarios a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, cada vez más ahogados, podría aumentar en los próximos años.

Carolina atiende a un cliente en la Cuesta de Moyano. / ALBA VIGARAY
"Sobre todo, vienen mayores. Aunque estamos notando un incremento de las nuevas generaciones. Los fines de semana se ha convertido en un plan familiar. Algún turista también cae, pero no son nuestro cliente potencial. Buscan alguna edición que les haga gracia, como El Principito. O, si son hispanohablantes, títulos que aún no se hayan lanzado en sus respectivos países. Es una profesión apasionante. No obstante, en ocasiones, el trato que recibimos no es el mejor. Hay quien no nos considera libreros, sino feriantes. Y te intentan regatear de mala manera. Sin olvidar que nunca son buenos tiempos para el papel", concluye Carolina. Está a punto de abrir su caseta.
P. ¿Habrá cuarta generación?
R. No lo sé. Mis hijos han tirado por otros derroteros. El mayor está estudiando para ser abogado. Y al pequeño le interesan las nuevas tecnologías. Nunca se sabe. A mí, me encantaría. Guardo la esperanza.