CONCIERTO
El milagro de Milo J, el joven prodigio que hace trap como si fueran boleros: revienta el Movistar Arena con sólo 19 años
El artista de Argentina es uno de los fenómenos urbanos más efervescentes de la década: en su tercera visita a Madrid, se ha reivindicado ante 15.000 personas

Milo J, en el Movistar Arena de Madrid. / RICARDO RUBIO

Es curiosa la forma en la que Milo J canta a la vida. Tiene sólo 19 años, pero le habla al mundo con una profundidad despampanante. Hay tanta lírica en sus canciones que, por momentos, denle un par de minutos, parece más un artista de boleros que de urbano. Ha logrado casar tan bien ambos universos que su propuesta es única. Aquellos ritmos que escuchaba a sus padres en Argentina han dado al trap que enarbola una nueva dimensión. Y, claro, entre tanto rapero infundado, su música se ha vuelto un oasis donde quedarse a vivir. Anoche, en un Movistar Arena hasta los topes, el pequeño Camilo logró que 15.000 almas contuviesen la respiración mientras él reflexionaba. No es una cuestión de edad, sino de corazón. Y él, ojo, pese a su juventud, lo tiene bien entrenado.
Que no les despiste su aire chulesco. Milo J, en el fondo, no le tengan en cuenta su flequillo a cuchillo, es todo un romántico. A la primera soltó: “Luz, ¿dónde estabas? Te andaba buscando. Un alma pasa, me estoy manifestando”. Un verso de Bajo de la piel que confirmó el milagro que lleva protagonizando desde 2021: tema que edita, tema que rompe listas. En tiempo récord ha logrado una nominación a los Grammy Latinos, un dúo con Bizarrap, dos premios Gardel y 15 millones de oyentes mensuales. Un hito tras otro que, sin embargo, he aquí la clave, no ha borrado al niño que empezó a componer con su hermana por puro placer. Sigue haciéndolo, sin pensar en algoritmos ni tendencias. Por ello, resulta tan tan tan auténtico.

Milo J debutó en 2021 con 'Tus vueltas'. / RICARDO RUBIO
“Son conscientes de lo que está pasando, ¿no? Es la primera vez que lo llenamos. Démosle más”, gritó escueto. Apenas pudo contener la emoción un instante. Mientras desmenuzaba La vida era más corta, su tercer álbum, sus palabras se transformaban en imágenes: amores, pérdidas, barrios, anhelos, abuelos… Y, entonces, sólo entonces, uno comprendía por qué lo suyo está más cerca de la canción de autor que de otra cosa: aborda el paso del tiempo con un dolor irreconocible en su generación, paladeando lo que otros apenas consiguen identificar. Ama el verso escrito, con identidad. Sin el recargo del futuro. A veces, incluso, suena demasiado clásico para el 2026. Y, oye, qué gusto.

Es la primera vez que Milo J llena el Movistar Arena de Madrid. / RICARDO RUBIO
Desató la locura con Buen día portación de rostro, Rara vez, No soy eterno y Olimpo, cuatro cortes que ponen en valor su herencia emocional. Un mar de raíces que no idealiza el pasado, pero añade la dosis justa de nostalgia que tan bien le sienta. De hecho, es tal su afán por tender puentes que en su último elepé ha colaborado con Silvio Rodríguez en Luciérnagas y ha recuperado a Mercedes Sosa en Jangadero. En directo, arropado por una banda de altura, con gran trabajo de las guitarras y baterías, se acercó al folclore, defendió el rock, tonteó con el soul… Era la tercera vez que Milo J pisaba Madrid y se notó: más cercano, más suelto que en aquel Palacio de Vistalegre cuando aún estaba despuntando en España. Ahora, está en otra liga.
Camisetas de Argentina
Su voz, tan grave y volcánica, salpicada de colores, guió una velada donde no faltaron los suspiros ni los aplausos. La manejó con rotundidad, haciendo gala de un instrumento poco común en su género. A veces, lo apuraba. Otras, lo rasgaba. Pero siempre en favor de la música. “Esta se la dedico a ustedes”, repitió dinámico. No paró quieto en toda la noche. Se movió de un lado para otro avivando a una multitud que vistió para la ocasión camisetas de la selección de fútbol argentina. Cosas que pasan. La diversidad siempre es bienvenida en un concierto de Milo J. En todas sus facetas. Él mismo fue el primero en reivindicarla.

El último disco de Milo J es 'La vida era más corta'. / RICARDO RUBIO
No hubo tregua ni un segundo. Fue enlazando trallazos hasta que, de repente, exhausto, miró al frente y se dejó querer por la multitud. Abrumado por la acogida, agradeció una y otra vez el cariño que recibió durante el tiempo que estuvo sobre las tablas: si bien lleva un par de temporadas en la cresta de la ola, mantiene la humildad de los inicios. Por suerte, además, a diferencia de otros compañeros que ponen tanto ahínco en la escenografía, tal vez, para tapar ciertas carencias vocales, la suya no hizo sombra a las canciones. Es el momento de verle. En un futuro será más que complicado. Al tiempo.