TEATRO
Oriol Pla, un bufón con un Emmy en el bolsillo: "Lo cultural es un bien mercantil y nos relacionamos así, con clientes, productos y consumo"
El actor, ganador del premio televisivo por su papel en la serie 'Yo, adicto', llega al CDN con ‘Gula/Gola’, un monólogo creado y dirigido junto a Pau Matas sobre la sociedad de consumo

Pau Matas y Oriol Pla, creadores y directores de 'Gula / Gola', la obra que el segundo protagoniza en el Centro Dramático Nacional. / ALBA VIGARAY
Aparece en un espacio vacío y lo primero que hace es pedir perdón. Pide perdón a su padre y a su madre porque ha decidido ocupar su propio espacio y hará cosas que ellos no saben hacer, pero su opinión le dará igual. Pide perdón a los estudiantes de escuelas de arte dramático, a los bailarines de danza contemporánea, a los mimos, a los defensores del teatro posdramático, a los animales, a los acróbatas y a la gente que se ofende con facilidad, por si no los ofende lo suficiente o por si los ofende demasiado. Después, en una superación vertiginosa y envidiable del síndrome del impostor, dirá una frase que marcará toda su presencia en escena —"Yo haré cosas que no sé hacer"— y le veremos desplegar un catálogo ingente de disciplinas y talentos que van de la danza al teatro gestual, pasando por el slapstick, el clown, el bufón o la performance.
Oriol Pla (Barcelona, 1993) se convertirá en alguien que no para, que lo hace todo y lo quiere todo en Gula/Gola, una obra sobre el deseo compulsivo y voraz de un tipo que hará llorar al mismísimo Jesús, un ente que provee dentro de una máquina de vending y que no sabremos si es dios o el santoral completo del consumo hecho religión. La obra, estrenada en 2024 en el Festival Temporada Alta de Girona, llega este viernes al Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional (CDN) con escenografía de Silvia Delagneau, luces de Ana Rovira y el espacio sonoro y la música de Pau Matas, cocreador y codirector del espectáculo junto a Pla, con quien ya levantó Travy o Ragazzo.
La idea del espectáculo nació, dicen, de la necesidad de hablar "de lo que nos corrompe como sociedad, la gula, sinónimo de saborear sin digerir, de tomar del mundo solo los aspectos excitantes y sabrosos y, sobre todo, de rechazar y huir con facilidad de todo aquello que duele. Cuando la gula colapsa al individuo, este se transforma y da paso a la animalidad, a la bestia, al bufón. La gula en su máxima expresión es el retrato de la locura, de la ignorancia, de la ceguera, de la estupidez humana".
Oriol Pla llega al CDN después de haber ganado un Emmy Internacional por su trabajo en la serie Yo, adicto, de Javier Giner, con quien acaba de terminar el rodaje de la película Esta soledad. Además, hace unas semanas estrenaba Emergency exit, película póstuma de Marisa Paredes dirigida por Luis Miñarro, y vuelve con Travy (y toda su familia) al Teatro de La Abadía de Madrid el próximo 30 de abril. Como el personaje de Gula/Gola, Pla tampoco para, y explica que la gula de la que habla este montaje (y quién sabe si la suya también) es esa "respuesta excesiva a no querer estar en un espacio de aburrimiento, mediocre, incómodo o de silencio, una respuesta a la incomodidad de no querer estar ahí porque va contra esa propaganda del sistema, sobre todo capitalista, de tener que vivir en un anuncio donde todo es guay".
En escena, Pla y Matas convertirán la crítica a la sociedad del banquete en un campo de experimentación escénica fruto de un proceso de creación lento, un espacio en el que han estado años probando e investigando y que huye, paradójicamente, de esa velocidad hiperventilada que impone el sistema cultural que también permea en Gula/Gola. La obra, explican ambos en una conversación con este diario, surge a partir del "deseo de hacer algo diferente, empezamos a trabajar con referentes, con una relación muy abierta y un tiempo indefinido sobre deseos estéticos, musicales, códigos, metodologías, técnicas… con unas normas tan sencillas como las de poder tardar el máximo tiempo posible en decidir las cosas, mantenernos en el no sé y desde ahí avanzar hacia lo desconocido, sosteniendo y batallando mucho con esa cosa del resultado".
P. 'Haré cosas que no sé hacer', dice su personaje, pero ¿qué hace Oriol Pla en esta pieza que no supiera hacer antes?
Oriol Pla. No sé cómo decirlo, pero creo que, a nivel personal, de lo que estoy más contento y sorprendido es de la transgresión que pasa en escena y que yo siento en mi fuero interno. Esto es algo que siempre buscas mucho, algo honesto que no sea intelectual pero que sea potente, algo que sea personal pero no muy autorreferencial... Sorprendentemente, también nos pasó un poco con Travy, que acabas y dices, hostia, al final ha terminado pasando más de lo que yo esperaba. Creo que ese payaso que se transgrede es lo que más me ha sorprendido porque no sabía si lo podía hacer.
P. ¿Es un bufón que llega al paroxismo con esa acumulación de talentos, dones y disciplinas que despliega un cuerpo que lo quiere hacer todo?
Pau Matas. Creo que la gula te pide que vayas saltando de una cosa a otra de forma superficial y, por lo tanto, entiendes y vas sabiendo un poco de todo, pero yo tengo el recuerdo de un anuncio que vi una vez y me traumó, de Karlos Arguiñano, que decía que un cuchillo que sirve para todo no sirve para nada. A mí me gusta saber un poco de todo y pensé, hostia, este señor me está diciendo que no sirvo para nada. La gula es como ese cuchillo porque tienes que poder ser esto y lo otro o igual mañana te tienes que convertir en alguien más cómico porque te piden otra cosa. Paralelamente, creo que hay algo en el oficio del actor y del payaso, del bufón, que es servir. Y, claro, igual un día el rey necesita unos malabares, pero otro día necesita otra cosa. Hay algo también, como forma de vida, de estar atento a qué es lo que pide el público para dárselo, y aquí hay un link, te diría raro, que estoy viendo más ahora, teorizando, que cuando lo estábamos haciendo. Me parece curioso y gracioso encontrar que la gula más contemporánea también linka de alguna forma con el oficio más ancestral.
P. Es un personaje que no para, que lo devora todo para acabar siendo devorado, parece salido de La sociedad del espectáculo, de Guy Debord, pero ¿quién es ese rey que no para de pedir? ¿Es el público o es el sistema cultural?
OP. Yo creo que, al final, las relaciones que tenemos son capitalistas y el mercado ha entrado en todos los conceptos de la vida, también en la cultura y el espectáculo. Está eso que dice mi personaje, "yo he pagado y quiero algo bueno, tengo el derecho a tenerlo" porque lo cultural, al final, es un bien mercantil y nos relacionamos así, con clientes, productos y consumo. Es verdad que en la obra está el tema de la gula, pero también se habla de lo teatral, lo narrativo, el poder del storytelling o el storyselling, y toda esa relación con el público en torno a la expectativa: ¿Qué queréis ver? ¿Qué habéis venido a ver? ¿Qué os puedo ofrecer? Todo es posible y esa es la expectativa del espectáculo. La gente viene a un espacio vacío, con un personaje que te lo promete todo y nosotros jugamos un poco con esas ganas.
PM. Claro, la figura del bufón y del rey contemporáneo es la de cada uno tumbado en su sofá con ese menú de Netflix que te dice: ¿qué quieres ver hoy? En el espectáculo se emula esto, pero en vez de tener los iconos tienes un cuerpo, el de Oriol, que te dice: 'Hoy yo soy la carta, ¿qué quieres'. De alguna forma le decimos al público que ahora le toca decidir y estamos muy acostumbrados a hacer esto delante de una tele que no interacciona con nosotros, pero al teatro siempre vamos a quedarnos a oscuras, tranquilitos, y a que sea el escenario quien nos cuente, quien decida y nos diga, pero cuando trasladas esa jerarquía, hay gente que quizá está acostumbrada, pero hay otra que se puede sentir un poco más perturbada.
OP. Hay muchos temas que se entrelazan porque cuando entramos en eso de querer más y más, sin límites, y la relación ya no es con una máquina sino con un ser humano, la gran pregunta es: ¿hasta dónde puede un cuerpo? Es una pregunta que plantea el teatro con ese ser humano que, como todos, tiene límites: hasta qué punto apretamos a alguien, a una persona que se desvive para gustar hasta que se convierte en algo insano y enfermo que consiste en salirse de uno para consumir y que el otro le consuma, un círculo muy perturbador.
P. ¿Esa conversación sobre los límites de pedir y dar está dirigida solo al público o también al sistema cultural del que la obra forma parte?
OP. Sí que hay una relación con el sistema. En la creación también había un miedo porque yo tenía muchos deseos de hacer muchas cosas y, como Pau, también soy un cuchillo: no sé hacer mucha acrobacia, tampoco sé bailar o cantar tanto… Lo justito, sé un poquito de todo, pero yo no he ido a ninguna escuela, no tengo esa meritocracia que te da permiso. Está ese miedo de jugar a hacer cosas en una sociedad tan expuesta, donde todo es tan señalable y tan dilapidable, donde buscamos ese amor constante.
P. En la obra, de esa máquina de vending es responsable la voz de alguien llamado Jesús, que hará lo imposible por darle al personaje de Oriol lo que quiere. ¿Ese ente que provee y al que nunca nos cansamos de pedirle cosas es Dios o es el capitalismo?
OP. Nos gusta que sean muchas cosas, pero creo que es ese dios que está abrumado con todo el mundo pidiéndole cosas, y también es un trabajador más que tiene a alguien por encima de él, una persona que está trabajando super explotada y al servicio de un cliente que también tiene sus limitaciones pero que no puede más, enfrascado en esa relación de 'yo le pido a dios y te pido a ti, trabajador, que tú cumplas lo que yo deseo y quiero'.
P. ¿De qué manera haber ganado un Emmy Internacional por su trabajo en la serie Yo, adicto modifica su relación con el oficio y el lugar que ocupa como creador y artista? ¿Es un lugar que le permite más libertad o se la resta al añadirle más presión?
OP. Creo que hay una decisión propia de decidir cómo esto te cambia la vida, aunque es verdad que hay fuera como una ola que sube tu capital de libertad o de poder, no lo sé, pero a mí me da mucha felicidad ver que lo estamos haciendo bien y tener esta experiencia. También depende de dónde ponga el foco: si lo pongo en qué presión, va a ser presión, pero si lo pongo en qué bien, voy a hacer lo que me dé la gana. O sea, es un poco choose your adventure, pero aún estoy en ello.
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