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EXPOSICIÓN

Maillol y Hugué: los vecinos de los Pirineos que alumbraron la escultura moderna se vuelven a reunir en el Barrio de las Letras

Una muestra en la galería Leandro Navarro reúne una treintena de obras del francés Aristide Maillol y el catalán Manolo Hugué, dos amigos con una destacada trayectoria en la primera mitad del siglo XX y una obra muy inspirada por el Mediterráneo y por unas formas clásicas que supieron renovar

La escultura de Manolo Hugué 'La bacant', que se exhibe en la muestra de la galería Leandro Navarro.

La escultura de Manolo Hugué 'La bacant', que se exhibe en la muestra de la galería Leandro Navarro. / Cedida

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

Madrid

Una reunión de amigos que miraron atrás para hacer avanzar la perspectiva y el manejo de las formas que propondría el arte contemporáneo. La Galería Leandro Navarro inaugura este jueves 8 de enero Maillol–Manolo. La escultura pura, una exposición que enfrenta la obra de Aristide Maillol y Manolo Hugué, dos figuras clave de la escultura del siglo XX a las que unió la cercanía personal, el Mediterráneo y una concepción profundamente humanista de la forma. La muestra reúne quince piezas de cada artista entre las que hay, además, una cuidada selección de dibujos, y propone un diálogo que rehúye el estruendo de las vanguardias para reivindicar una modernidad construida desde el clasicismo más absoluto: el arte de la antigua Grecia.

La relevancia de la exposición no se debe solo a la calidad y la rareza de algunas de las piezas, sino también a que se presenta con cierto carácter histórico: es la primera vez que la obra de Maillol, nombre fundamental de la escultura francesa del siglo XX, se presenta en una galería de arte española. También es la primera en que lo hace de la mano de su coetáneo y amigo Manolo Hugué, aunque en el caso de este es ya la segunda ocasión en que Leandro Navarro dedica una muestra al artista catalán, después de la celebrada entre sus muros en el año 2000.

Aristide Maillol, 'Couple or L’homme et la femme' (1896).

Aristide Maillol, 'Couple or L’homme et la femme' (1896). / Cedida

Aunque Manolo nació en Barcelona y Maillol en Banyuls-sur-Mer, ambos compartieron un mismo horizonte cultural que se situaba en torno a los Pirineos. "No hay que olvidar que la lengua materna de Maillol, francés del Rosellón, fue el catalán", recuerda Íñigo Navarro, director de la galería que acoge la exposición. Ese sustrato común, en el que se reunían una cultura, un idioma, el Mediterráneo y su luz, se reforzó en París, adonde Hugué llegó a comienzos del siglo XX siguiendo el camino que hacían tantos artistas de su generación. En la capital francesa Manolo trabó una estrecha amistad con Picasso, quien, como relata Navarro, "hizo una labor impresionante ayudando a otros artistas españoles, introduciéndolos en galerías y talleres".

Encuentro en París

Fue en París donde Hugué descubrió con entusiasmo la obra de Maillol, a quien admiró desde el principio. El francés estaba renovando la escultura desde dentro, apoyándose en la tradición helenística y medieval para crear una figuración moderna, despojada y esencial. "Es el primero que dota de una verdadera modernidad a la escultura contemporánea", explica Navarro, "y desde ahí se abre el camino para todo lo que vendrá después, incluso para las vanguardias más radicales". El escultor británico Henry Moore, figura clave del arte del siglo XX, será uno de los más emblemáticos receptores de su influencia.

Aristide Maillol, 'Buste de Vénus à la frange' (1920-1936).

Aristide Maillol, 'Buste de Vénus à la frange' (1920-1936). / Cedida

La relación entre Maillol y Hugué no fue solo estética, sino también personal. Durante los años de la Primera Guerra Mundial coincidieron en los Pirineos Orientales, Aristide instalado en su pueblo natal, Manolo en Céret, a apenas cuarenta kilómetros de distancia: los dos pegados a la frontera por el lado francés, el primero en un pueblo de mar y el segundo en uno de montaña. Se visitaban con frecuencia y mantuvieron una amistad que se basaba en la admiración mutua. Prueba de ello es una terracota en la que Manolo retrató a Maillol, hoy en una colección privada y reproducida en el catálogo de la exposición. "No la hemos podido traer porque no querían desplazarla: como es terracota, es delicada", cuenta el galerista.

Frente al torbellino de las vanguardias que marcó su época de trabajo más intenso, con el cubismo, el dadaísmo o la abstracción sucediéndose a velocidad de vértigo, Maillol y Hugué optaron por mantenerse fieles a una figuración clásica y de ambiciones realistas. Pero esa fidelidad no implicaba conservadurismo. En el francés, la figura femenina se convierte en un territorio de síntesis formal: cuerpos monumentales, serenos, casi intemporales. Sus esculturas parecen divinidades modernas (hay alguna Venus y alguna Friné), envueltas en túnicas de pliegues estudiadísimos, herederas directas del mundo griego. Son bustos a tamaño real y figuras de cuerpo completo a diferentes escalas talladas esencialmente en bronce, y que en la exposición lucen como si el tiempo no hubiera pasado por ellas.

El catalán, en cambio, mira la figura humana desde un ángulo más terrenal. Su obra está marcada por un imaginario rural y popular: campesinos, toreros, maternidades, mujeres reales. Sus volúmenes son más robustos, las superficies más rugosas, las proporciones menos idealizadas. "Es una escultura mucho más tosca, influida por el mundo del payés, por la cultura del campo", señala Navarro, "frente a ese refinamiento casi palaciego que uno encuentra en Maillol".

Manolo Hugué, 'Dona recolzada' (1927).

Manolo Hugué, 'Dona recolzada' (1927). / Cedida

La mujer como centro

El eje común de la exposición es la mujer. A lo largo de sus salas encontramos desnudos, figuras sentadas, escenas de reposo, de baño o de contemplación. También algún encuentro amoroso o sexual. En ambos artistas, el cuerpo femenino aparece como símbolo de equilibrio y también de placer. Solo se desvían en algún caso puntual, como en la irrupción del contexto histórico más brutal que es el homenaje al soldado muerto que Maillol modela con el trauma de la Primera Guerra Mundial todavía muy vivo. Incluso entonces, domina en él una contención expresiva que huye del gesto grandilocuente.

Entre las obras más destacadas de Maillol, entre las expuestas, figuran Buste de Vénus à la frange (1920–1928), varios estudios para su emblemática Méditerranée y esculturas de mayor formato como Pomone à la tunique (1921) o Jeune fille assise – Korda 1er état (1936). En Hugué sobresalen Dona asseguda (1939-1931), de la que se hicieron varios ejemplares que están en instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona o el Museo Nacional de Arte de Catalunya, o La Bacante (1934), además de un conjunto especialmente valioso de terracotas que no son fáciles de ver en conjunto.

Aristide Maillol, 'Jeune fille assise - Korda 1er état'.

Aristide Maillol, 'Jeune fille assise - Korda 1er état'. / Cedida

Maillol–Manolo. La escultura pura es un proyecto coral, fruto de la colaboración entre la galería madrileña Leandro Navarro, la barcelonesa Artur Ramon Art y la parisina Dina Vierny, depositaria del legado de Maillol. La exposición está dedicada a la memoria de Àlex Susanna, poeta y crítico de arte recientemente fallecido, gran conocedor de Maillol y admirador de Manolo, que según Navarro fue el verdadero impulsor intelectual de este encuentro. Tras su paso por Madrid, la muestra viajará a Barcelona y, finalmente, a París, cerrando un itinerario que devuelve a ambos escultores a los territorios físicos y culturales que marcaron sus respectivas obras.