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TEATRO

La Zaranda viaja al fin de la noche con su obra 'Todos los ángeles alzaron el vuelo'

La compañía jerezana abre el 2026 en Nave 10 Matadero con una pieza que busca la belleza en un universo lumpen de prostitutas, yonkis y camellos

'Todos los ángeles alzaron el vuelo' es obra de Eusebio Calonge.

'Todos los ángeles alzaron el vuelo' es obra de Eusebio Calonge. / CHUCHI GUERRA

Madrid

¿Quién tendrá piedad de nosotros? ¿Qué hay tras las máscaras y el vestuario de los personajes? ¿Qué les espera sino el oscuro final? Son preguntas que atraviesan a prostitutas de descampado y polígono industrial, macarras y camellos, a un proxeneta llamado Virgilio y a un idiota llamado Ramonet, un personaje puro y limpio entre tanta cochambre, mezcla de Caronte y el Príncipe Myshkin de El idiota de Dostoyevski que atravesará la ciudad en un viaje al fin de la noche citando a Shakespeare y Schopenhauer. Todos, personajes en la periferia del estado del bienestar, perdidos en un universo de jeringas, papel de plata, mugre y callejón, protagonistas de Todos los ángeles alzaron el vuelo, la última pieza de La Zaranda, “un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”, como dice Ramonet, parafraseando a Macbeth. La obra se estrenó el 7 de marzo en el Teatro Rojas de Toledo y abrirá el nuevo año en Nave 10 Matadero el próximo 8 de enero. Dirigida por Paco de La Zaranda (Francisco Sánchez en escena) y con texto de Eusebio Calonge, la pieza reúne a toda la compañía sobre el escenario —además de Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos—, y suma a las actrices Ingrid Magrinyá y Natalia Martínez.

Todos los ángeles alzaron el vuelo es “una nueva liturgia, como todos los trabajos nuestros, pero en este caso acudimos al extrarradio—explica Paco de La Zaranda—. A mí me gusta decir que es un viaje poético a la periferia de la vida, a ese lugar donde viven los olvidados, donde la gente está más deshumanizada en una soledad tremenda, pero allí encontramos una ranurita de luz, en esos personajes que se nos antoja decir que son ángeles, aunque sea con las alas rotas y sucias, ángeles por las esquinas más sombrías de la vida”.

'Todos los ángeles alzaron el vuelo' propone un viaje poético a la periferia de la vida.

'Todos los ángeles alzaron el vuelo' propone un viaje poético a la periferia de la vida. / CHUCHU GUERRA

La Zaranda, que nació hace 48 años como Teatro Inestable, antes de Andalucía La Baja y desde hace un tiempo de Ninguna Parte, vuelve a convertir la escena en un lugar de encuentro con lo sagrado y la liturgia, con un teatro jondo, poético y ritualista que busca la belleza, la comunión y la trascendencia, cargado de una religiosidad que no tiene que ver con los credos, sino con lo profundamente humano. En esta obra, los de Jerez ponen el foco en los márgenes, en la basura, en la escombrera, como ellos lo llaman, un universo lumpen que, sin embargo, “no se juega en un sentido literal y realista, sino que todo tiene una trascendencia y una metáfora porque en esa noche oscura que están viviendo es donde ellos pueden encontrar la luz que necesitamos para poder alzar el vuelo”, explica Francisco Sánchez.

“Creo que son los personajes los que siempre me han elegido a mí”, dice Eusebio Calonge, dramaturgo de la compañía. “Parto de lo que me duele, y lo que a mí me duele son estos personajes que se han quedado acorralados dentro de la sociedad, pero no hago un retrato social para estimular la pena, sino para mostrar verdaderamente el desconcierto y el expolio absoluto de humanidad a que estos personajes son sometidos”.

Después de su paso por Madrid, la obra viajará en agosto a Buenos Aires (en Argentina, la compañía es casi una religión) y en octubre al Teatro Romea de Barcelona, dentro de una gira que también hará escala en Málaga, Burgos, Sevilla, Palencia, Santander, Manizales, Medellín, Bogotá o Montevideo. Además, en junio de 2026, La Zaranda llegará a los Teatros del Canal de Madrid con una obra llamada Quien sea llega tarde, su primera producción para un teatro argentino, el Teatro Picadero de Buenos Aires, estrenada el pasado septiembre con texto de Eusebio Calonge, dirección de Paco de La Zaranda y un reparto local: las actrices Lucía Adúriz y Nayla Pose. Quien sea llega tarde es la historia de dos mujeres que se aferran a sus trabajos rutinarios e inútiles mientras viven un apagón tecnológico, una obra que dialoga con la situación de desesperanza que vive gran parte de la sociedad argentina con la llegada al poder de Milei, y que plantea, dice Calonge, “cómo poder sobrevivir en la oscuridad del tiempo que nos toca”. Una oscuridad que también inunda, y mucho, Todos los ángeles alzaron el vuelo, de la que hablan Sánchez y Calonge con este diario.

La dramaturgia es de Eusebio Calonge y la es dirección de Paco de La Zaranda.

La dramaturgia es de Eusebio Calonge y la es dirección de Paco de La Zaranda. / CHUCHI GUERRA

P. ¿Dónde está la esperanza en esa noche tan oscura?

Francisco Sánchez. Sin esperanza no se puede vivir. A pesar del conflicto existencial que puedan tener esos personajes, a pesar de que el mundo no los quiera y de toda la marginalidad que tienen encima, a pesar de que ellos busquen paraísos artificiales para poder salir de ahí y a pesar de estar en un basurero, de ese basurero siempre va a nacer una flor porque ahí está la dignidad humana. La dignidad es lo que te hace levantarte y lo que te lleva a la dignidad es la esperanza. Yo quiero que el espectador no venga al teatro solo a entretenerse, sino a detenerse, y detenerse es también mirar a esos personajes por dentro porque todos tenemos algo de ellos en una medida o en otra. Lo importante es lo que va a suceder, que la gente pueda parar un momento, y en los tiempos que vivimos yo creo que el teatro hace más falta que nunca, aunque hay mucha confusión con lo que es el teatro. Creo, incluso, que habría que reinventar la palabra.

P. Todos los ángeles alzaron el vuelo lleva a escena la naturaleza misma del fracaso en estos tiempos de culto al éxito

FS. Claro, hoy nada más que se habla de triunfo y éxito, el mercado nos lleva ahí. El teatro que hemos venido haciendo es un teatro que se nos revela, un teatro que hacemos por ser obedientes a nosotros mismos y a lo que sentimos. Yo no puedo hacer un teatro que contente al público y que busque el aplauso fácil, el triunfo y el éxito. Ya hay gente que lo hace. Creo que la grandeza del teatro es hablar de tú a tú con el que tienes enfrente y hablar de lo que tú sientes, y tampoco podemos estar impasibles en una sociedad como la que vivimos.

P. ¿Hay una cicatriz en la obra que tiene que ver con aquella generación que se llevó por delante la heroína?

Eusebio Calonge. Realmente fue muy trágico y un campo de batalla, en mi generación se llevó a mucha gente por delante y fue una droga que, además, inundó todas las capas sociales. Tiene que ver con eso, pero a nosotros no nos gusta que las metáforas se queden en la época, sino que vayan más allá del tiempo. ¿Cuáles podrían ser las drogas que anestesian a la sociedad hoy día? Hay una gran anestesia ante los problemas sociales que nos llegan abriendo el móvil y que va aniquilando nuestra capacidad de criterio, de crítica, nuestras propiedades analíticas, y que nos va reduciendo a un pensamiento diseñado. Hay cosas que están dándose como un nuevo soma, como se dice en Un mundo feliz de Huxley, y son otro tipo de drogas. Yo creo que estos temas se tocan trascendentemente porque hay siempre una función social en el teatro, pero también tiene que haber una poética, una búsqueda de la trascendencia y la belleza, estos son los dos polos donde siempre nos hemos movido.

P. Hablaban antes de obediencia, pero si hay algo que ha hecho La Zaranda en estos casi 50 años es un teatro desobediente, muy a la contra de modas, tendencias y eslóganes de temporada en teatros públicos

FS. Yo creo que no hay más desobediencia que la obediencia de ser quien eres. Ser obediente a lo que uno es supone ser desobediente a muchas cosas, así que es verdad lo que dices, sí.

EC. Yo creo que entre el poder y el teatro no puede haber más que esa confrontación porque el teatro debe estar abierto a la crítica y a lo que duele socialmente. Cuando veo que los políticos felicitan a los teatros yo digo: qué espanto, qué deben estar haciendo tan mal. El interés del teatro está en la taquilla, eso lleva pasando mucho tiempo, y las programaciones se hacen a partir de lo que va a funcionar y nada más, el resto es tan complicado y tan difícil como siempre. Se hace mucho teatro para que brille la actriz o el actor, pero eso no tiene ninguna profundidad, es muy fútil, no tiene ninguna importancia. El nuestro es un teatro que tiene esa confrontación, que siempre la tuvo, por eso nunca nos quisieron bien en Andalucía ni en ninguna parte, pero encontramos horizontes más lejanos donde el público nos dio un sentido. Claro que el teatro tiene que tener esa desobediencia, no nos podemos conformar con que se nos aplauda y salir en los ranking y las alfombras rojas. A mí me parece especialmente horroroso ese acumular premios que, en realidad, aparta al hombre de teatro de su sentido. A mí eso nunca me ha interesado.

'Todos los ángeles alzaron el vuelo' llega a Nave 10 del 8 al 25 de enero.

'Todos los ángeles alzaron el vuelo' llega a Nave 10 del 8 al 25 de enero. / CHUCHI GUERRA

P. ¿Les ha influido que en los últimos años las programaciones de los teatros públicos estén repletas, en gran parte, de adaptaciones literarias, textos clásicos o de obras de autores muertos?

FS. Claro que nos ha influido ver cómo han ido desapareciendo compañías de teatro y que todo se ponga en manos de producciones y el teatro oficialista no apueste por nuevas creaciones. Afortunadamente nosotros tenemos detrás un público que nos sigue desde hace mucho tiempo, eso es una gran suerte, hay gente que es tan Zaranda como nosotros o más, son los que verdaderamente hacen Zaranda y eso hace que me olvide de todo ese panorama espantoso que vive el teatro hoy día. Es lamentable, todo está en función de llenar los teatros al precio que sea y yo no creo que esa sea la fórmula. Se olvidan de que lo importante es la belleza y la belleza tiene poco que ver con el mercado y las grandes masas. La belleza es algo muy difícil de definir porque en ella está la verdad íntima del ser humano. Que un teatro esté lleno y esté triunfando no significa nada, lo importante es que la gente salga del teatro y les haya sucedido algo dentro.

P. ¿En qué momento está La Zaranda después de 48 años de vida?

FS. Te podría decir que estamos con la ilusión intacta o con ganas de... pero eso es mentira. Lo que sí es verdad es que uno se levanta y tiene que dar gracias porque hay un día más que te posibilita seguir, y seguir quiere decir que no se puede tirar la toalla por nada del mundo, hay que seguir haciendo teatro hasta el final, con todos los problemas que eso conlleva y en unos tiempos muy adversos. Ya tenemos 70 años cada uno, es difícil, pero queremos seguir. Estamos justo en ese momento, el de seguir haciendo lo que podamos, porque lo demás sería mentirnos. Pero la verdad es que también hay algo de tener la ilusión intacta porque nos decimos tú estás loco, vete, no hagas más teatro, descansa... Y eso es imposible. Seguimos teniendo la obligación de hacer teatro porque eso significa ser fieles a nosotros mismos. La Zaranda nace con esa premisa de ser fiel al teatro que somos y que sentimos. Ahí estamos, y podríamos haber escogido un camino más fácil, pero cualquier camino es difícil.

EC. Yo creo que estamos en un momento delicado por las edades, se van cumpliendo años y la fuerza no es la misma, aunque sí la energía, pero lo que nos estimula es que el teatro parece que nos sigue dando cosas y quiere que sigamos hablando. Cuando empezamos a ensayar cualquier obra, el teatro habla por nosotros, se desborda, va más allá de lo que pensábamos, de lo escrito, de lo que queríamos hacer. Y eso es lo que nos estimula a seguir, el teatro sigue en nosotros dándose con naturalidad.

P. En 2027 cumplen 50 años como compañía... ¿Saben ya cómo lo van celebrar? ¿Alguna institución se ha interesado por el aniversario?

FS. No hemos pensado nada, lo único que estamos pensando es ver cómo sobrevivimos a los 50 años. La gente cree que estamos muy montados porque trabajamos mucho, pero no es así. Hubiéramos querido hacer una exposición grande en Matadero, hubo alguien que dijo, mira, se podría, pero ahí ha quedado todo. No creo que se haga nada, nosotros en ese sentido somos un desastre.

P. Yo fantaseo con poder ver Vinagre de Jerez o Mariameneo, Mariameneo, obras de los años 80 que muchos de los seguidores de La Zaranda no pudieron ver en su día

FS. Hacer ahora Mariameneo es súper complicado. Vinagre de Jerez quizás, pero no tenemos la energía que había que tener, el trabajo era potente y muy fuerte, no creo que pudiéramos hacer eso ahora.