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NOCHE DE REYES

"Ningún niño se quedará sin regalo": los Reyes Magos prometen en la Cabalgata llegar a todas las casas de Madrid

El desfile arrancó a las 18:00 en la plaza de San Juan de la Cruz y recorrió Castellana y Recoletos hasta Cibeles, con 15 carrozas, unas 2.100 personas en la comitiva, más de 250 pajes reales y el reparto de 1.200 kilos de caramelos

La Cabalgata de Reyes de Madrid, en imágenes

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (i) pronuncia unas palabras al final de la Cabalgata de Reyes de Madrid que bajo el lema 'El saber compartido' discurre este lunes entre la Plaza de San Juan de la Cruz y la Plaza de Cibeles.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (i) pronuncia unas palabras al final de la Cabalgata de Reyes de Madrid que bajo el lema 'El saber compartido' discurre este lunes entre la Plaza de San Juan de la Cruz y la Plaza de Cibeles. / EFE/ JuanJo Martín

Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Madrid se pone el abrigo, literalmente, cuando llega la tarde más mágica y esperada del invierno. En la Castellana no solo desfilan carrozas: desfilan bufandas, gorros, guantes y chaquetas sacados del armario como quien saca una bandera.

La tradicional Cabalgata de Reyes de Reyes en Madrid.

La tradicional Cabalgata de Reyes de Reyes en Madrid. / Associated Press / LaPresse

El frío aprieta —de ese que "no se sienten ni las manos"—, pero la lluvia da tregua y la ciudad se echa a la calle con una mezcla muy madrileña de fantasía y entusiasmo: familias apretadas en la acera, niños al acecho, paraguas improvisados no para cubrirse, sino para cazar caramelos. Es 5 de enero y Madrid vuelve a reconocerse en su ritual: la Cabalgata de Reyes como gran punto de encuentro, una celebración que sigue funcionando como un termómetro sentimental, capaz de medir en un solo vistazo cuánto necesita una ciudad creer, aunque sea por una noche, que todo va a salir bien. "Y que nadie se quede sin regalos", el deseo del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida.

Una cabalgata que se estudia (y se aplaude)

Este año, el desfile llega con mensaje. Bajo el lema 'El saber compartido', la cabalgata se dedica a la docencia con una dedicatoria que convierte la calle en un aula de alegría y la comitiva en una lección de ilusión. El recorrido se transforma en una biblioteca en movimiento, una idea tan sencilla como poderosa: recordar que, antes de los regalos, están quienes enseñan a abrirlos por dentro.

En uno de los guiños más celebrados, Gaspar viaja en una carroza diseñada como una ciudad clásica donde columnas y molduras se mezclan con reglas, compases e instrumentos de geometría, como si la fantasía se construyera con escuadra y cartabón. Entre la literatura y el espectáculo, el homenaje a maestros y profesores se cuela por todo el desfile como un hilo conductor: los que encienden la luz del conocimiento, transmiten valores y enseñan a mirar el futuro con fe.

Vienen de fuera para verlos de cerca

Que Madrid tira, se nota en los acentos. La Cabalgata ya no es solo un plan de barrio ni siquiera de ciudad: es un imán de invierno. En las aceras hay quienes han venido desde otras comunidades solo para "ver a los Reyes en la Castellana", pero también visitantes de más lejos, hasta de países como Suecia, Italia, Alemania, Portugal, entre otros, buscando esa escena que no se entiende del todo en un vídeo: el murmullo que recorre la avenida cuando aparece la Estrella de Oriente, el grito colectivo al caer el primer puñado de caramelos, la emoción instantánea que convierte a desconocidos en cómplices.

Y están los que no fallan nunca. Ana, Rebeca y Jorge, amigos desde la infancia, son de esos que han hecho de la cabalgata una tradición privada dentro de la tradición pública: cada año repiten. Quedan, se abrigan juntos, se buscan un hueco y celebran el ritual con pipas como quien vuelve a un lugar seguro. A veces con sobrinos, otras sin ellos; a veces con chocolate caliente, otras con el frío metiéndose por el cuello. Pero siempre con el mismo gesto: mirar hacia el desfile como si todavía fuera posible recuperar, aunque sea por un rato, la primera vez.

Almeida y la ciudad que no pierde la costumbre

Y Madrid, tan dada a la ironía, también tiene su espacio para la sonrisa. Almeida se sumaba a los preparativos con una visita a una de las carrozas ya cargada de caramelos y regalos y se dejaba ver en clave personal: "Es un Día de Reyes distinto… una noche que disfruto muchísimo desde bien pequeño", recordaba. En el agradecimiento a Sus Majestades por "llenar de ilusión" las casas madrileñas en la noche mágica del 5 al 6 de enero, el regidor añadía un deseo que funciona como consigna de ciudad: que ningún niño se quede sin regalo, "incluidos los vagos", bromeaba durante su discurso frente a los madrileños. El comentario, mitad chascarrillo, mitad mensaje, termina retratando lo que es esta jornada: un pacto colectivo para que la magia alcance a todos, con travesura y ternura a partes iguales.

Los Reyes, en plena cabalgata y tras su largo viaje, respondieron ante los micrófonos de Madrid Directo (Telemadrid) con la solemnidad cercana de quien sabe a qué viene. Melchor lo decía sin rodeos: llegarán a las casas de todos los niños de Madrid. "Ningún niño se quedará sin su sorpresa". Gaspar destacó la letra pequeña que sostiene el cuento: hay que portarse bien, estudiar y cuidar de los demás… y, por supuesto, dejarles algo de comida y bebida para reponer fuerzas. Baltasar subrayaba el deseo de fondo, el que no cabe en ninguna caja: que los niños sean felices y se esfuercen por ser mejores personas. Y añadía algo que este año cobra sentido especial: agradecer a maestros y profesores su esfuerzo, como si la cabalgata, en su versión 2026, quisiera dejar claro que también hay héroes cotidianos que no llegan en camello, pero cambian vidas cada mañana.

Carrozas, caramelos y ciudad en movimiento

En la calle, el desfile desplegaba su maquinaria y su teatro. Quince carrozas —entre ellas las de Sus Majestades—, siete compañías nacionales y tres internacionales, una comitiva de unas 2.100 personas y más de 250 pajes reales, con circo, danza, música y grandes elementos escénicos. Un total de 1.200 kilos de caramelos se repartieron a lo largo de un recorrido que arranca en la plaza de San Juan de la Cruz, en Nuevos Ministerios, y avanzaba por Castellana y Recoletos hasta culminar en Cibeles, frente al Palacio.

Desfilaron también las carrozas municipales: la de Metro, que enseñaba cómo serán los nuevos trenes; la de la EMT; y la de los bomberos, con uno de esos vehículos antiguos que son memoria con ruedas. En los tramos, bailarines y zancudos ejecutaron saltos hacia atrás y hacia adelante, y la comitiva de Melchor —sabiduría de los cielos y conocimiento— avanzaba entre Nuevos Ministerios y la glorieta de Emilio Castelar como si el asfalto fuera una alfombra de cuentos.

Hay además un detalle que ha encendido conversaciones en las aceras: la carroza de Harry Potter, una de las más comentadas por los presentes al igual que el elefante del rey Baltasar, prueba de que la cabalgata sabe dialogar con la cultura popular sin perder el pulso de la tradición. Porque eso es, al final, lo que Madrid hace bien cuando se lo propone: mezclar lo nuevo con lo de siempre, el espectáculo con la memoria, la fantasía con la logística.

Y este año, además, con una noticia tranquilizadora que en una ciudad tan grande no es menor: una cabalgata sin incidentes ni contratiempos. Orden, frío y alegría; Madrid en su versión más reconocible.

El colofón llega con el discurso y, después, un espectáculo pirotécnico que remata la noche como si el cielo también quisiera sumarse al desfile. Desde Cibeles, la ciudad mira hacia arriba y, por un instante, parece que todo encaja: el humo, la luz, los aplausos, los ojos brillando desde los hombros de los padres.

Es la magia de lo compartido: esa idea, tan madrileña y tan universal, de que la ilusión no se guarda, se reparte. Y que, mientras haya una tarde en la que una ciudad entera se abrigue para salir a saludar a tres Reyes, habrá un lugar donde el invierno no sea del todo invierno.