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QUÉ FUE DE...

Björn Borg, el legendario tenista sueco que se retiró a los 26 y tuvo problemas con las drogas

El campeón, ganador de 11 títulos del Grand Slam, ha publicado recientemente unas memorias en las que se narran sus peripecias vitales

Björn Borg, fotografiado en Barcelona en abril de 2025.

Björn Borg, fotografiado en Barcelona en abril de 2025. / JORDI COTRINA

Madrid

En 2014, una encuesta del diario Dagens Nyheter señaló al tenista Björn Borg como el mejor deportista sueco de la historia, por delante del futbolista Zlatan Ibrahimovic y del esquiador Ingemar Stenmark. Y para muchos se trata del mejor tenista de todos los tiempos, con el permiso de Roger Federer y Novak Djokovic. Los números hablan por sí solos. Llegó al número uno mundial a los 21 años, siendo el sexto jugador más joven en alcanzar la cima del tenis, y ganó 64 títulos ATP en apenas nueve años de trayectoria. Años que, entre otras cosas, le dieron para conquistar 11 Grand Slam (cinco Wimbledon y seis Roland Garros). "Mi punto más fuerte es la persistencia. Nunca doy por perdido un partido. No importa por cuánto pierda, siempre lucho hasta la última bola. Mi lista de partidos muestra que he convertido un montón de supuestas derrotas en victorias. Si tienes miedo de perder, no mereces ganar", comentó una vez el de Estocolmo, todo un revolucionario con aquellos golpes liftados desde el fondo de la pista y ese famoso revés a dos manos.

Muchos le conocían en esos años como el hombre de hielo por el frío temperamento que mostraba sobre la cancha. Claro que IceBorg no siempre tuvo la capacidad de controlar sus emociones. De hecho, de pequeño se ganó más de una bronca por culpa de rabietas que le llevaban a romper raquetas, protestar y maldecir al que se pusiera por delante. “Cuando tenía 12 ó 13 años, perdía los nervios muy fácilmente y me comportaba muy mal en la pista”, contó al respecto. “Una vez me suspendieron seis meses sin jugar. Entonces decidí que tenía que aprender a controlar mis emociones”. Después de mucho esfuerzo y gracias a Lennart Bergelin, el entrenador que le acompañó durante toda su carrera deportiva, lo consiguió. "Fui el primer jugador en presentarme en los torneos con un entrenador. Recuerdo que los organizadores y los demás jugadores nos miraban raro, como si estuviéramos locos".

Björn Borg, junto a Roger Federer y Rafael Nadal durante un campeonato en Suiza en 2019.

Björn Borg, junto a Roger Federer y Rafael Nadal durante un campeonato en Suiza en 2019. / SALVATORE DI NOLFI

Luis López Varona, autor de Historias del Grand Slam, recuerda en este libro que el sueco “dominó el torneo de Wimbledon de manera majestuosa entre 1976, año de su primera victoria (en una edición donde no perdió ningún set), y 1980, año en el que ganaba por quinta vez consecutiva en una final antológica ante John McEnroe. Su reinado en la hierba londinense fue paradójicamente combinado con la tierra batida de París que ya había ganado en 1974 y 1975 y donde ganaría otros cuatro años consecutivos, entre 1977 y 1981”. La explosiva rivalidad que Borg y McEnroe protagonizaron se vio frenada ante la inesperada decisión del sueco de retirarse de las pistas a los 26 años, todavía en su plenitud física. La noticia dejó en shock a sus fans, que entonces desconocían la verdadera razón de su adiós. Más tarde supimos que lo dejó porque estaba cansado de la tensión del tenis y ya no se sentía igual de motivado que al principio.

“¿Fue la decisión correcta? En ese momento así me lo parecía, pero si mira a los jugadores de hoy día, o desde hace muchos años, tienen un equipo y a mucha gente a su alrededor”, ha dicho al respecto. “Si se levantan por la mañana y no se sienten bien, hay alguien ahí para decirles qué hacer y qué no hacer. Si algo va mal, les ayudan. Pero yo no tenía eso. Fui el primero en tener un entrenador, pero si hubiera tenido un equipo antes de tomar la decisión, quizá me hubieran dicho: ‘Tómate tres meses, descansa y haz lo que quieras. Y luego quizá te sientas más cómodo y feliz, y tal vez cambies de opinión y vuelvas’. Pero yo estaba solo, no tenía ayuda. Y me preguntaba: ‘¿Quién soy?’”.

Los tenistas que más Grand Slam han ganado hasta 2019.

Los tenistas que más Grand Slam han ganado hasta 2019. / ARCHIVO

Cuando decidió colgar la raqueta en 1981, Borg era como una estrella del rock: rico, misterioso y seguido por una multitud de fans adolescentes. En ese momento estaba recién casado con Mariana Simionescu, una tenista rumana con la que se trasladó a vivir a Mónaco, para huir de la presión fiscal de su Suecia natal. Pero la relación entre ambos empezó a cambiar cuando ella abandonó el deporte para ocuparse de la carrera de su esposo. Al final, Borg la acabó viendo más como una figura materna que como su amante y en el 84 se dieron pasaporte. Un año después de esto, convertido en ejecutivo de una marca de ropa que llevaba su nombre, Borg se unió a Jannike Bjorling, una guapa modelo de 17 años de edad con quien tuvo a su hijo Robin, según él la única cosa buena que le pasó en los ochenta. Pero esta relación fue bastante turbulenta y llegó a su fin después de que la modelo concediera una entrevista en la que lo acusaba de haberla inducido a consumir cocaína.

Periodos oscuros

Más tarde se casó con la cantante italiana Loredana Bertè, se mudó a Milán y su vida se convirtió “en un caos” de drogas, pastillas y alcohol. Hubo que esperar a 1999, tras años de idas y venidas, para que apareciera Patricia Östfeldt, una agente inmobiliaria, madre de dos niños pequeños, con la que contrajo matrimonio y tuvo a su hijo Leo, también tenista. Patricia es precisamente la autora de Latidos, la autobiografía oficial del sueco, recién publicada en español. En ella, Borg repasa los hitos esenciales de una trayectoria en la que se cuentan varios episodios que casi lo mandan al otro barrio. “Un par de veces estuve muy cerca de la muerte. Una en Milán [sobredosis de tranquilizantes, en 1989] y la otra en Holanda [alcohol, drogas y pastillas a mediados de los noventa]. Pasé por períodos oscuros en los ochenta, fue duro porque tenía que lidiar con todo. Cuando me retiré ni siquiera tenía 26 años, pero me dije: ‘Me alejo del tenis’. No tenía motivación para seguir jugando, ya no me divertía. Pero lo que más lamento es haber dejado el tenis por completo. Tenía muchos amigos en todo el mundo y no tenía por qué dejarlos, pero lo hice; tenía muchos contactos y podía ir a los torneos, pero también dejé eso”.

Björn Borg, en 2010.

Björn Borg, en 2010. / MATT CAMPBELL

Recién retirado, Borg se dedicó a hacer todas esas cosas que hasta entonces no había podido. Se mudó a Estados Unidos, vivió en Long Island, Nueva York, y se aficionó a salir de fiesta. En el verano del 82 probó la cocaína por primera vez y más pronto que tarde se adentró en ese periodo de oscuridad al que nos referíamos unas líneas más arriba. Acuciado por las dificultades financieras tras la quiebra de su negocio de ropa, llegó a pretender subastar alguno de sus trofeos. Y en 1990 volvió a coger una raqueta tras ocho años sin hacerlo, se mudó a Londres, ingresó en rehabilitación y comenzó a entrenar en el Queen's Club para poder encontrarse a sí mismo. En 1991 pasó lo que nadie esperaba: el sueco anunció que, a sus 34 años, regresaba al tenis profesional. Su vuelta fue un fracaso deportivo (perdió doce partidos consecutivos jugando con su trasnochada raqueta de madera), pero le ayudó a ir dejando atrás los malos hábitos y sobre todo a recuperarse financieramente.

En cuanto a lo primero, a finales de los noventa dejó las drogas y desde entonces se ha mantenido limpio. De hecho, a sus 69 años sigue cuidando bastante su físico, como bien pudieron comprobar los que entre 2017 y 2024 le vieron ejerciendo de capitán del equipo de Europa en la Laver Cup. A modo de curiosidad, una de sus rutinas diarias consiste en recorrer veinte kilómetros dando vueltas alrededor del sofá del apartamento que comparte con Patricia (apartamento que compró a finales de los noventa, en una zona residencial de Estocolmo, principalmente con lo que ganó en las giras de senior donde disputaba partidos con otras ex leyendas tenísticas como McEnroe). Además de seguir recuperándose de un agresivo cáncer de próstata del que fue operado en 2024, Borg lidia desde hace tiempo con un trastorno afectivo estacional por el que cada otoño se enfrenta a una leve depresión. Por eso pasa largas temporadas en Ibiza, donde le suelen visitar viejos amigos del mundo del tenis como Boris Becker, que pasó ocho meses en una cárcel británica por alzamiento de bienes.