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AL OTRO LADO

Miedo, euforia contenida y llamadas contrarreloj: la madrugada de Venezuela se vive en vela desde Madrid

Desde Madrid, la diáspora venezolana cuenta una madrugada de pantallas encendidas y llamadas a contrarreloj, entre el temor por los suyos y una esperanza prudente ante lo que pueda venir

Amigos venezolanos residiendo en Madrid consultan en sus dispositivos electrónicos qué está ocurriendo en su país.

Amigos venezolanos residiendo en Madrid consultan en sus dispositivos electrónicos qué está ocurriendo en su país. / Cedida

Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

El móvil de Luis Suárez no dejó de vibrar antes de que Madrid terminara de desperezarse. Abogado venezolano instalado en la capital desde hace dos años y medio, su primer gesto no fue reenviar el titular que le saltó en WhatsApp —"Estados Unidos bombardea Venezuela y captura a Maduro"—, sino frenarse y comprobar. "La primera impresión es corroborar la información", explica A EL PERIÓDICO DE ESPAÑA minutos después de conocer lo sucedido. "En Venezuela estamos acostumbrados, sobre todo en estos últimos meses, a leer una cantidad de cosas… y lo primero que pensé fue verificar que realmente estaba ocurriendo esto".

Imagen de archivo de la capital de Venezuela, Caracas

Imagen de archivo de la capital de Venezuela, Caracas / Europa Press/Contacto/Li Muzi

Las informaciones sobre detonaciones en Caracas y bombardeos en distintos puntos de Venezuela se han sucedido durante la madrugada de este sábado 3 de enero, en medio de una escalada que, según ha afirmado el presidente estadounidense Donald Trump, ha culminado con la captura y salida del país de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores.

Desde Caracas, el Gobierno venezolano ha denunciado una "agresión militar" y ha decretado el estado de emergencia. A la vez, la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha admitido que desconocen el paradero de Nicolás Maduro y ha reclamado a Estados Unidos una prueba de vida, mientras el país empieza a despertarse: apenas pasan de las 06:30 de la mañana.

Con la atención internacional tratando de encajar las piezas —qué ha ocurrido exactamente y qué puede venir después—, en Madrid, una de las capitales de la diáspora venezolana, el conflicto se cuela en la vida cotidiana con una escena que se repite: pantallas encendidas, llamadas a deshora y una mezcla difícil de describir entre miedo y esperanza. En el último año, además, la ciudad ha afianzado su perfil latinoamericano, con la llegada de más de 35.900 venezolanos.

"A las dos y media de la madrugada ya estaban despiertos"

Suárez tiene a casi toda su familia en Venezuela, en Maracaibo. En cuanto pudo confirmar que no era un bulo, llamó. "Lo primero fue pensar en mi familia… verificar si sobre todo mis padres estaban despiertos". Al otro lado, le sorprendió la rapidez con la que la noticia corría: "A pesar de las altas horas de la madrugada —estamos hablando dos y media más o menos— ya estaban despiertos, ya estaban informados". En su ciudad, dice, a esa hora no se habían reportado explosiones, humo ni impactos. Pero la incertidumbre, en un país acostumbrado a vivir con sobresaltos, pesa igual: "Uno no sabe cómo pueden ser estos ataques", confiesa.

A miles de kilómetros, también pesa la sensación de estar viendo el suceso a través de un cristal empañado. "Hay mucho ruido", resume. “Los españoles hacen eco de fuentes principales, pero mis fuentes… han sido diarios o periodistas dentro del país. Van al detalle: dónde hubo explosiones, si se desplegó el ejército, si se pudieron corroborar muertos". Ese contraste —la urgencia por saber y la necesidad de filtrar— se ha convertido en un reflejo compartido entre muchos venezolanos en Madrid.

"¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Qué pasó?": la reacción más venezolana

Roger Izarra aterrizó en Madrid hace nueve años. Lo cuenta a este periódico con una mezcla de nervio y risa: "Lo primero que hice fue muy venezolano: ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? y corrí para la sala a encender la tele". Dice que en su casa abrieron "diferentes monitores" y canales para intentar componer un mapa fiable de lo que se sabía.

Roger Izarra Mora, venezolando afincado en Madrid consulta junto a sus familiares qué está pasando en Venezuela.

Roger Izarra Mora, venezolando afincado en Madrid consulta junto a sus familiares qué está pasando en Venezuela. / Cedida

Su familia está bien, asegura, aunque con miedo "por los ruidos del bombardeo". Y describe un clima extraño en Madrid: "Una tensa emoción esperando esas declaraciones… aliviar la libertad", resume, todavía sin haber salido a la calle para comprobar si la comunidad se estaba moviendo en el centro.

"Me puse a temblar": la distancia como castigo

Karen Peláez llegó a Madrid hace apenas dos meses. La noticia la sacudió con la crudeza de quien todavía no ha construido rutina lejos de casa. "Me puse muy nerviosa por mi familia en Caracas… me puse a temblar y a contactarlos a todos a ver cómo estaban".

Su lista de miedos no es abstracta: teme que la situación les haya pillado sin comida suficiente, que se vaya la luz, que no puedan regresar a casa. “La incertidumbre, la impotencia… y la distancia con tu familia. El no poder salir corriendo y abrazarlos", dice. Y describe un cambio de tono en cuestión de horas: "Después de que publicaron que habían capturado a Maduro… cambió el tono de miedo a celebración".

Karen Peláez venezolana recién llegada a Madrid.

Karen Peláez venezolana recién llegada a Madrid. / Cedida

"Pensé que era un timo": incredulidad y un ojo en el futuro

Por otro lado, la venezolana Diana Almeida conoce bien cómo se cuenta una crisis: trabajó durante años en comunicación en Venezuela antes de rehacer su vida en Madrid, donde lleva ya una década. La noticia, sin embargo, la pilló como a tantos otros: dormida. "Estaba durmiendo… y pensé que era un timo, que no estaba pasando en realidad", recuerda. Solo cuando empezó a encajar señales y confirmaciones —al menos, la certeza de que no era un rumor más— llegó el golpe emocional de lo que puede venir: "Todos estamos incrédulos… queriendo desbordar toda la alegría, la celebración, también muchos como esperando ver la imagen ya o saber qué va a pasar con las demás personas, porque esto no es una cosa de Nicolás Maduro, es una red".

En su entorno, el miedo convive con la fe. Habla de primas embarazadas que han buscado zonas más seguras, de familiares "sumamente asustados" y, a la vez, de una sensación inesperada: que, con todo, "se sienten un poquito más amparados" que ante el riesgo de una guerra civil o un golpe interno, explica.

Roger Izarra Mora aterrizó en Madrid hace nueve años y despliega su bandera nada más conocer los bombardeos de EEUU a Venezuela.

Roger Izarra aterrizó en Madrid hace nueve años y despliega su bandera nada más conocer los bombardeos de EEUU a Venezuela. / Cedida

A esa mezcla de nervio y desahogo se suma Javier, venezolano residente en Madrid desde hace siete años. A él la noticia le llegó de golpe, despertado por un amigo, y lo primero que sintió fue "mucha emoción positiva", como si se abriera por fin una rendija: "Ya era hora, ya era necesario esto… vientos de cambio para Venezuela". Habla de alivio ante la idea de una "ayuda internacional" y, al mismo tiempo, del vértigo inmediato: "Mucho miedo, mucha incertidumbre… el no saber qué va a pasar con nuestros familiares, con nuestros amigos". En su caso, explica, la angustia se disparó por las zonas más simbólicas y sensibles de Caracas —"La Carlota… es una zona muy reconocida" y "Fuerte Tiuna"—, con familias viviendo alrededor. Por eso, cuenta, reaccionó como tantos otros: "De inmediato te pones en contacto con ellos por WhatsApp… y la respuesta fue inmediata, dándome a entender que todos estaban bien". Pero el alivio no le borra la inquietud por el resto: "Ruegas que personas inocentes no caigan", dice, y vuelve una frase que asegura que le "corre por las venas": "Ya era hora", con el deseo de que lo que venga sea, de verdad, "un viento completo de cambio que se viene necesitando desde hace muños años".

El retorno como horizonte… incluso con miedo

Junto a quienes celebran, hay otra mirada más íntima y menos estridente que se abre paso entre la diáspora. Una venezolana que prefiere mantener el anonimato confiesa a este medio que se despertó con mensajes de su madre "asustada con los bombardeos", y que lo que siente es "una mezcla de miedo y esperanza de que cambie algo por fin". Tiene ganas de volver: "Lo más difícil es la incertidumbre y no poder entrar al país ni hablar libremente por miedo a represalias a la familia… Ahora más ganas de ir: al menos tengo la esperanza de que si vuelvo haya un cambio real", subraya.

Una ciudad con acento venezolano

Madrid lleva años convirtiéndose en un gran punto de encuentro para quienes salieron de Venezuela. Según datos citados por diversas publicaciones a partir del INE, la Comunidad de Madrid concentra alrededor de 210.000 personas nacidas en Venezuela, en un fenómeno que ha crecido con fuerza en los últimos años, mientras España roza los 400.000 residentes de origen venezolano.

Hoy, esa comunidad —con historias y caminos muy distintos— vuelve a encontrarse en lo mismo: Venezuela al otro lado del teléfono, los salones convertidos en pequeñas salas de prensa y una pregunta que no deja de rondar, de mensaje en mensaje, de pantalla en pantalla: qué está pasando y, sobre todo, qué viene ahora.

Entre la "justicia tardía" y el vacío de poder

A primera hora, el relato se complicó aún más: a la noticia de los ataques se sumó la afirmación de Trump de que Maduro había sido capturado y trasladado fuera de Venezuela, algo que medios internacionales recogen como una declaración del presidente estadounidense, mientras la información oficial en Caracas se centra en denunciar la ofensiva y activar la movilización interna. "Estamos tratando de digerir todo", dice Suárez. En su entorno —explica— conviven emociones contrapuestas. "Hay una sensación un poco de justicia… como una justicia tardía que faltaba que llegara. Pero también hay mucha preocupación: entendemos que puede haber un vacío de poder".

Explosiones sobe Venezuela, en imágenes.

Explosiones sobe Venezuela, en imágenes. / Cristian Hernandez / AP

En su lectura, el episodio abre un escenario "muy complejo", marcado por la incertidumbre y el temor a una respuesta interna más dura. Mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reclamado este sábado "desescalada" y "responsabilidad" y ha subrayado que el Ejecutivo sigue la situación "de forma exhaustiva", Suárez pone el foco en lo que puede venir sobre el terreno: "Queremos evitar retaliaciones, sobre todo a la población civil, a las ONG, que pudieran ser los primeros flancos".

Suárez lo explica con una imagen que, dice, le devolvió de golpe a la Venezuela de siempre: las "compras nerviosas". En Maracaibo empezaron a verse, de madrugada, colas de coches en farmacias y comercios 24 horas para hacerse con lo imprescindible "por si acaso", ante el miedo a que falten productos, a que se vaya la luz o a que el país se paralice de un momento a otro. Ese gesto cotidiano —salir a abastecerse antes de que sea tarde— resume para él el umbral en el que ha entrado el país, mientras desde Venezuela medios y agencias informan del despliegue de fuerzas de seguridad y de la declaración de emergencia nacional tras los ataques. "Aquí se cerró una fase y se va a abrir otra muy compleja", insiste, pendiente de si el estado de excepción deriva en más control y represalias o abre, por fin, una salida política. Desde Madrid, por ahora, la única rutina posible es la de siempre: verificar, llamar y esperar señales claras de un "día después" que todavía no termina de dibujarse.