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FIESTA DE AÑO NUEVO

La Guardia Civil envía agentes desde Madrid para controlar una 'rave' junto al embalse del Cenajo, en Albacete

Más de mil vehículos procedentes de toda Europa llegan al municipio de Férez a la 'Big Fuckin Party' que hace un año acampó junto al aeropuerto de Ciudad Real

Continúa en Albacete la fiesta ilegal que comenzó para la celebración de Año Nuevo

Raquel Serrano

Gloria Barrios

Férez (Albacete)

Una ciudad sobre ruedas acaba de nacer en los dos últimos días en un pequeño embalse de Albacete. Entre viñedos y olivares, miles de personas y más de un millar de furgonetas camperizadas, coches y camiones llegados de toda Europa se han ido instalando desde el miércoles en la ribera del Cenajo para comenzar la conocida como 'Big Fucking Party'. Se trata de una de las 'raves' más famosas de Europa, que el año pasado se celebró durante seis días en los alrededores del aeropuerto de Ciudad Real, y que este 2026 se ancla de nuevo en suelo castellano manchego.

Unos 300 agentes de la Guardia Civil componen el dispositivo de seguridad organizado con motivo de la rave que se celebra de forma ilegal en el entorno del embalse, entre los términos municipales de Férez y Hellín, y que durante su primer día transcurrió sin incidentes. Los agentes de la comandancia albaceteña han recibido refuerzos desde Madrid, así como desde Murcia, Valencia y Sevilla.

Control de la Guardia Civil en las proximidades del embalse del Cenajo.

Control de la Guardia Civil en las proximidades del embalse del Cenajo. / Miguel Andújar (Efe)

Los guardias mantienen un cerco perimetral sobre la zona para impedir que accedan más personas y vehículos, al tiempo que se garantiza la seguridad en las vías de comunicación próximas. Según la información facilitada por la Dirección General de Tráfico (DGT) está totalmente cortada al tráfico la carretera AB-408, desde el kilómetro 0 hasta el 12,2.

Los primeros movimientos de esta 'rave' se detectaron en la noche del martes, cuando comenzaron a llegar a Tobarra (Albacete) un gran número de vehículos, muchos de ellos caravanas y furgonetas, procedentes de otros países con la intención de instalarse en el pantano del Cenajo. En un primer momento, la Guardia Civil consiguió disolverlos y los asistentes a la fiesta intentaron trasladarse a la pedanía de Cordovilla, en la cercana localidad de Tobarra, si bien finalmente volvieron al pantano del Cenajo, donde finalmente consiguieron comenzar la fiesta a última hora de este miércoles 31 de diciembre.

El acalde, tranquilo

El alcalde de Férez, Francisco Javier Espinosa, relata que un clima de tranquilidad envuelve la multitudinaria 'rave', asegurando incluso que la gente del pueblo "está contenta" y que los participantes en la fiesta "se están portando bien". En declaraciones a Europa Press, ve difícil poder determinar cuántos vehículos permanecen en la zona, apuntando a "miles" de personas participando en la celebración, que cuenta con distintos ambientes y varios focos de música.

Frncisco Javier Espinosa, alcalde de Férez.

Francisco Javier Espinosa, alcalde de Férez. / Víctor Fernández (EP)

El munícipe admite que en un principio hubo "preocupación" en la vecindad y "un poco de alarma", pero al ver el comportamiento de organizadores y participantes, están "tranquilos". Incluso algunos de ellos se desplazan al epientro de la fiesta a curiosear. Además, en un mensaje publicado en redes sociales, Espinosa, mandó un mensaje de tranquilidad a los vecinos y agradeció el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Lo cierto es que la convocatoria ha vuelto a atraer este año a personas de toda Europa, que se han desplazado desde países como Dinamarca o Alemania. Clélia Rei, francesa de 20 años, lleva cuatro días conduciendo con sus amigos desde la campiña bretona para acudir otro año consecutivo a la cita y disfrutar de la música 'techno' que hace retumbar las cañadas empedradas de la Sierra del Segura.

Boca a boca

"Antes nos organizábamos por Whatsapp, pero eso hacía que la policía se enterara muy fácilmente del lugar. Esta vez todo ha funcionado a través del boca a boca, gracias a contactos que tenemos en los colectivos que la organizan", explica Rei a Europa Press mientras despliega la bandera de Bretaña, su región, sobre su campamento improvisado en un lateral del camino de Férez a Hellín.

La ravera Clelia Rei despliega la bandera de su Bretaña natal.

La ravera Clélia Rei despliega la bandera de su Bretaña natal. / Víctor Fernández (EP)

"Eso no ha evitado que hubiese problemas", confiesa la joven ravera, quien se pasó las 24 horas del día de Nochevieja atascada en el estrecho sendero tras el intento de bloqueo de la Guardia Civil. "Han intentado detenernos, pero éramos demasiados y sólo venimos a pasarlo bien y bailar. Al final han tenido que dejarnos entrar y vamos a quedarnos una semana o lo que haga falta, según nos pida el cuerpo", afirma con una sonrisa.

La caravana de cientos de vehículos cruzó primero la pedanía de Cordovilla del municipio de Tobarra el martes de madrugada causando sorpresa en los vecinos y movilizando unidades de la Guardia Civil y la Policía Nacional de toda la provincia. "A la una de la mañana del miércoles empezaron a llegar camiones y coches y la gente se alarmó un poco, no sabíamos ni a qué venían ni de dónde", explica Espinosa. El dispositivo policial llegó a bloquear los accesos al pueblo, dejando la carretera colapsada y forzando a cientos de personas a dormir en sus vehículos.

Avituallarse en el pueblo

Esto no evitó que los distintos colectivos alcanzaran el embalse, instalando más de una decena de escenarios de música electrónica, carpas de circo y focos. En cuestión de horas, el camino de tierra que daba paso a los terrenos de la antigua aldea de Alcantarilla, inundada con la construcción del embalse ochenta años atrás, se llenó de tiendas de campaña y grupos de raveros.

Vehículos estacionados en la vía de acceso al epicentro de la 'rave'.

Vehículos estacionados en la vía de acceso al epicentro de la 'rave'. / Víctor Fernández (EP)

"La gente habla de 2.000 asistentes pero yo diría que son muchos más. He subido este jueves por la mañana a verlos y me he quedado impresionado", confiesa el alcalde, quien asegura que ahora los vecinos "están más tranquilos y muy contentos" ante el comportamiento ejemplar de los inesperados asistentes, quienes suelen parar en la localidad de 600 habitantes para avituallarse de cara a la fiesta.

Tiendas y puestos

A lo largo de kilómetros de camino embarrado se distinguen matrículas de vehículos que han recorrido Europa desde República Checa, Dinamarca, Alemania, Bélgica, Francia o Reino Unido para este encuentro. Un grupo de voluntarios italianos dirige a los recién llegados para evitar nuevos atascos. A los lados del sendero, además de tiendas de campaña y mesas con 'camping gaz', se ven toda clase de puestos con manualidades, venta de comida o 'merchandising', con DJs pinchando en sus propios 'sound systems' distintos tipos de música electrónica.

Un participante en la fiesta, 'pinchando' música en su propio equipo.

Un participante en la fiesta, 'pinchando' música en su propio equipo. / Víctor Fernández (EP)

Ángel Cornelio, de 60 años y quien se ha desplazado desde el cercano pueblo de Socovos "a ver lo que hace la muchachada", asegura que no hay "nada distinto a lo que hacía en mis tiempos". "Yo cuando era joven me venía aquí con mis amigos a montarnos la fiesta. Nos juntábamos ocho o diez familias sin que nadie se metiera con nosotros. Esto es lo mismo, yo lo veo igual, lo que pasa es que ahora hay más gente", afirma mientras un grupo de raveros lo vitorean.

"Sólo queremos bailar"

Rais Millán, un barcelonés de 31 años que ha viajado hasta la macrofiesta, defiende que lo único que quieren es bailar, "nada malo". Millán ha pasado seis horas y media conduciendo sin pausa desde su ciudad para llevar su furgoneta al centro de la rave. "Hemos estado once horas de cola para acceder. Las uvas nos las tuvimos que comer en el camino", detalla el ravero mientras enseña su mesa de mezclas acoplada a su vehículo.

El barcelonés Rais Millán, junto a su vehículo.

El barcelonés Rais Millán, junto a su vehículo. / Víctor Fernández (EP)

"Esto no es sólo música y fiesta, es un estilo de vida libre. Hemos construido una auténtica ciudad rodante, con tiendas de ropa de segunda mano, puestos de comida, talleres y hasta fruterías", enumera con orgullo. "Aquí cada uno se hace cargo de gestionar su campamento, ayudar a la organización y limpiar su basura", comenta mientras señala las bolsas de desperdicios que cuelgan de los retrovisores de cada coche para evitar manchar el espacio natural.

Afluencia

La propia organización paraliza la música de los escenarios antes del anochecer para motivar a los participantes a coordinar la llegada masiva de gente. Aunque la Guardia Civil mantiene los puntos de control en los caminos colindantes para disuadir, docenas de vehículos seguían sumándose al atardecer del día de Año Nuevo a la acampada improvisada, en una clara señal de que el número de participantes continuará creciendo en los días siguientes.

La 'rave' del embalse de Cenajo, al atardecer del día de Año Nuevo.

La 'rave' del embalse de Cenajo, al atardecer del día de Año Nuevo. / Miguel Andújar (Efe)

Al caer la noche, algunos asistentes incluso aparcan a varios kilómetros de distancia y recorren los viñedos con sus linternas frontales para sortear los accesos vigilados, mientras otros ayudan a retirar piedras de caminos de tierra desgastados por el desuso para ampliar la zona de estacionamiento. La mayoría se congrega en los escenarios, rodeados de eventos secundarios como exhibiciones circenses o concursos de rap.