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NUEVA MIRADA

El museo madrileño que se reconstruye a sus 150 años para ser menos machista y colonialista: "Hay otra forma de estar en el mundo"

El Nacional de Antropología reorganiza sus colecciones para mostrar la diversidad cultural desde una visión global, con obras ordenadas por continentes y un enfoque basado en la mediación social

'Corpus Christi. El Inti Raymi de nuestros antepasados', de Julio Toaquiza.

'Corpus Christi. El Inti Raymi de nuestros antepasados', de Julio Toaquiza. / ARCHIVO

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

En el cuadro de Julio Toaquiza que atesora el Museo Nacional de Antropología hay una mujer sujetando un cetro blanco y rosado. Con la otra mano agarra una taza que ofrece a un danzante. Está ebrio. A su lado, un hombre está colocado de rodillas con la boca abierta. Una joven le atiende. Suenan tambores y espadas. La iglesia tiene vidrieras del Nuevo Testamento. Y, un poco más arriba, a la izquierda, está Jesús predicando. Corpus Christi. El Inti Raymi de nuestros antepasados (1946) es uno de los mejores exponentes del arte Tigua, caracterizado por el empleo de colores brillante y la falta de volumen. Es propio de Ecuador y su tema estrella eran las fiestas religiosas. La pieza llegó a Madrid en 2015 para la exposición El arte desde el centro del mundo y, desde entonces, ojo, ha permanecido aquí para reivindicar las culturas andinas. 10 años después sigue haciéndolo, pero con una diferencia: la forma de observarla ha cambiado.

En su 150 anivesario, la pinacoteca que dirige Fernando Sáez Lara ha adaptado su mirada al presente. A partir de ahora, sus colecciones abandonarán la jerarquía de las estanterías y mostrarán la diversidad cultural desde una visión global. Para ello, han reorganizado un espacio que ahora contempla el arte con los ojos más grandes.

Una de las piezas de 'La quema', de Elena del Rivero.

Una de las piezas de 'La quema', de Elena del Rivero. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

El primer paso ha sido ofrecer una lectural confrontada y global de todas sus obras. Así, su colección permanente ha pasado a estar organizada por continentes. Y, dentro de cara área, las piezas se han ordenado bajo un mismo patrón. De este modo, apuestan por comparar prácticas, usos y simbolismos sin reducir las culturas a una rareza aislada: el visitante podrá detectar semejanzas y diferencias sin caer en el error habitual de convertir pueblos enteros en una postal.

Una de las piezas de 'Hotel del artefacto expoliado', de Agnes Essonti.

Una de las piezas de 'Hotel del artefacto expoliado', de Agnes Essonti. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

Las preguntas también ha evolucionado. Y, precisamente, en sus actividades, el museo está desarrollando una labor de mediación para poner el foco en el origen de las colecciones, explorando los contextos de colonialismo y expedición en el que fueron concebidas. Una iniciativa que coincide con el mandato que Ernest Urtasun, ministro de Cultura, lanzó en enero de 2024 para "superar un marco anclado en inercias de género y etnocéntricas": desde entonces, los reproches políticos no han faltado. "No debemos tener miedo a las palabras que nos aproximan: diálogo, perdónencuentro y fraternidad nos acercan a todos. Hablar de descolonización tiene que ver con una tarea de responsabilidad, atención y respeto", sostuvo en la presentación de La mitad del mundo, la muestra que acoge el Museo Arqueológico Nacional.

Perspectiva antirracista y de género

El proyecto entró en una nueva fase el pasado noviembre cuando Cultura anunció la incorporación de una perspectiva antirracista y de género capaz de eliminar los sesgos con los que se ha contado la historia de la humanidad. "El objetivo es que los museos nacionales sean hijos del presente y constructores del futuro. Van a explicar las culturas como algo vivo y contemporáneo, que nos interpela. Y también vamos a reconocer la agencia de los pueblos originarios. Tenemos que estar a la altura de las necesidades democráticas y culturales de las sociedad y construir un proyecto de país que responda a las preguntas contemporáneas", subrayó Urtasun entonces.

Fotograma de 'Inmersión', de Marina Núñez.

Fotograma de 'Inmersión', de Marina Núñez. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

Para acatarlo, Saez quiere convertir el Antropológico en un espacio de participación comunitaria y mediación social: "Hay otras formas de estar en el mundo y de explicarlo". Un meta que conlleva la transformación de las tres plantas que albergan las colecciones africanas, americanas, asiáticas, europeas y oceánicas: no sólo a la hora de disponer las piezas y usar las tecnologías, también para involucrar a los protagonistas en "la narración de sus propias historias". Ahí está la clave. La obra estará terminada en 2028.