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A LAS PUERTAS DE 2026

¿Cómo pasan la Navidad los madrileños que viven en la otra punta del mundo?: "Aquí es verano, vamos a la playa y hacemos una barbacoa"

Diego, Anabel, Osiris, Lorena y Marco tienen algo en común: son algunos de los españoles que este año no vuelven a casa por Navidad y viven tradiciones que jamás hubieran imaginado

Diego vive y trabaja en Sidney desde hace 15 años y pasa la Navidad en la playa.

Diego vive y trabaja en Sidney desde hace 15 años y pasa la Navidad en la playa. / CEDIDA

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

A 35 grados, Diego (50) levanta el teléfono. Es casi medianoche y, según dice, la humedad es tal que la ropa se pega y el ambiente se siente pesado. Vive en Sydney (Australia) desde hace 15 años y confiesa no haberse acostumbrado a pasar la Navidad como lo hacen los locales. “Echo de menos ver la nieve o estar fresquito en estas fechas. Aquí es verano y la gente hace barbacoas en la playa, estamos a 35 grados. El ayuntamiento instala barbacoas de gas por toda la costa y un montón de familias y grupos de amigos se reúnen ahí. Toman carne, salchichas y gambas. También beben cerveza. Una estampa totalmente opuesta a la española”, explica. Trabaja como desarrollador de software para películas de animación y reside en la zona montañosa de la ciudad con su mujer, inglesa, y su hija: “Llegué hace 15 años y mi hija es completamente australiana, aunque intento mantener algunas tradiciones españolas”. Según explica, sus vecinos celebran el día de Navidad pero no la Nochebuena: “Aún así yo cocino mis croquetas, empanadillas, tortilla y gambas de siempre, pero en menor medida. Y al día siguiente nos juntamos con algunos amigos para comer pavo asado, como haría mi esposa en Londres”. 

Diego, madrileño en Sidney, prepara recetas españolas para no perder sus costumbres en Navidad.

Diego, madrileño en Sidney, prepara recetas españolas para no perder sus costumbres en Navidad. / CEDIDA

En Sidney, al menos, la gente retira el árbol de Navidad el día 26, aunque en casa del madrileño aguanta unos días más. “Nos tiene que aguantar porque celebramos Reyes. Soy el único español aquí e intento transmitírselo a ellas. Aunque no ponemos el Belén, les hago tres regalos a cada una. Uno por cada rey mago. No quiero perder esta tradición”, añade. Esta noche, en cambio, y a pesar de que no haya una celebración como tal, los australianos se reúnen para dar la bienvenida al nuevo año. “Hay dos sesiones de fuegos artificiales, uno a las 21:00, para los niños; y otro a las 00:00, para todo el mundo. Se ven desde el Puente de Sidney, al lado de la Ópera, que es como nuestra Puerta del Sol. Obviamente me llevo mis uvas y calculo los últimos 12 segundos para comerlas. Mañana por la mañana, que justo es medianoche en España, haré videollamada con mi familia y desayunaré otras 12 uvas”, bromea. En un momento tan señalado como las campanadas, son muchos los que, viviendo en el extranjero, se ponen en contacto con sus seres queridos para no perderse nada. 

Osiris Martínez se mudó a Bali hace ocho años para sanar su relación con la comida.

Osiris Martínez se mudó a Bali y, durante los últimos ocho años, ha recorrido el Sudeste Asiático. / CEDIDA

Día del Silencio

Osiris (40), al igual que Diego, saludará a los suyos a través de la pantalla nada más levantarse el 1 de enero gracias al cambio horario. Trabaja como diseñadora de viajes de lujo y creadora de contenido en redes sociales. Recorre el Sudeste Asiático desde hace ocho años y hace unas semanas se instaló en Bangkok (Tailandia). “No echo de menos pasar la Navidad en España, es algo que siempre me agobió. Todo es carísimo y te obligan a hacer cosas que no te apetecen. Soy un poco el Grinch. Sé que a mi padre le gustaría que estuviera con ellos porque es muy tradicional para estas cosas. De hecho, la semana pasada se ofreció a comprarme el vuelo, pero prefiero quedarme”, confiesa. Con 21 años se independizó y, pese a que los primeros inviernos regresaba a casa por Navidad, hace casi una década que no se toma las uvas: “Nunca fuimos una familia convencional o arraigada. Celebrábamos Papá Noel cuando era pequeña pero poco más”. Estas serán sus primeras fiestas tailandesas, pues el año pasado las pasó sola en Singapur y el resto en Bali, donde ha vivido todo este tiempo.

Es allí, en Indonesia, donde ha tenido la oportunidad de ver de cerca las tradiciones locales en unas fechas tan señaladas. “Vivía en un barrio católico, con varias iglesias. Todo el mundo iba a misa el día 25 de diciembre, pero no celebraban más. Sin embargo, la ciudad estaba decorada para los extranjeros y los restaurantes ofrecían menús temáticos. De hecho, en Bali celebran el Nyepi, su año nuevo hindú, también conocido como Día del Silencio. La isla se para con el fin de que la tierra se regenere. Todo cierra, hasta el aeropuerto, está prohibido salir de casa, no se puede encender la luz, sólo velas, las líneas telefónicas se cortan, la televisión no funciona… Sólo puedes meditar. Hay patrullas vigilando que todo el mundo lo respete”, relata. En cambio, dice, en Tailandia, todo el mundo decora sus casas con árboles y guirnaldas: “Eso demuestra que la Navidad ya es algo global”. No tiene plan, asegura. Lo único que le apetece es irse a dormir temprano esta noche para, el primer día del año, levantarse con el amanecer y pasear por la playa “como hacen los locales”. 

Anabel López, la madrileña que trabaja como bióloga en un Centro de Conservación de Elefantes en Laos.

Anabel López trabaja como bióloga en un Centro de Conservación de Elefantes en Laos. / CEDIDA

Batalla acuática

¿Y en Laos? A menos de 400 kilómetros de Bangkok se encuentra Anabel (38), bióloga e investigadora en el Centro de Investigación de Elefantes nacional. Lleva 13 años fuera de casa y, cada dos años, regresa a Madrid por Navidad. “Nos vamos turnando entre España y Bélgica, de donde es mi marido, en función del trabajo. Este año toca aquí, en Asia. Laos es un país budista y, según su calendario, el Año Nuevo sucede en Abril, entonces aquí lo celebran dos veces”, explica. Según dice, pasó la Nochebuena rodeada de elefantes rescatados junto a su familia, amigos y compañeros de trabajo: “Fue también una especie de boda porque mi jefe se acaba de casar e hizo una celebración conjunta. Todo muy rural, en el campo. Cenamos algo sencillo e hicimos una pequeña ceremonia típica laosiana para atraer a otras almas. Después pusimos música y bailamos”. De cara a Nochevieja, en cambio, la familia ha viajado a Luang Prabang, la capital del país, junto a unos amigos: “Mi hija es muy pequeña, así que intentaremos alargar la cena hasta la medianoche”. 

“Nos pondremos las típicas diademas con árboles de Navidad o unas gafas de broma, comeremos uvas y veremos un vídeo de Youtube antiguo. Me gusta ver las campanadas de 1999 con Ramonchu. Al ser una tradición española, intento hacerla con mis amigos, pero aquí todo cierra a las 01:30, no es como en España”, añade. Como el resto, también echa de menos cenar con los suyos. En Laos lo pasan bien, confiesa, pero no es lo mismo: “No hay ese espíritu ni las calles están decoradas. Si pudiera, volvería cada año”. Ha pasado más de una década desde que Anabel llegó a Laos y todavía no se ha acostumbrado a lo que ocurre cada cambio de año. Según el calendario, en abril se celebra Pi Mai, una fiesta con agua para dar la bienvenida a la época de lluvias. “Hay auténticas batallas en la calle con música. La gente se pone ropa estilo hawaiana, con flores, se pringan con harina y salen a la calle con pistolas de agua y cubos. Si eres un niño, es tu paraíso. Es como un botellón acuático y todo el mundo está de buen humor. Nadie se enfada”, zanja. 

Lorena y Marco pasarán la Navidad en Disneyland París, donde pretenden mantener sus tradiciones.

Lorena y Marco pasarán la Navidad en Disneyland París, donde pretenden mantener sus tradiciones. / CEDIDA

Mantener las tradiciones

En París, Lorena (27) y Marco (22) buscan desesperadamente un roscón. Uno que sepa como los que comían en España hace algunos años. Ambos trabajan en el parque Disneyland París y este año los astros no se han alineado para que regresen a casa por Navidad. “No hay ninguna tienda que venda uno en condiciones, con su masa, su agua de azahar, bien cargado de nata… Me tocará hacerlo a mí misma”, confiesa la joven. Son sus segundas fiestas consecutivas fuera de Madrid y está “muy triste”. “En casa coinciden varios cumpleaños estas fechas: el de mi padre, el de mi hermana y el de mi abuela, son fechas en las que nos juntamos y les echo de menos. Lo intento llevar lo mejor posible, juntándome con otros compañeros españoles”, añade. Este año le ha tocado trabajar todos los días a excepción del 24 y 25 de diciembre, que aprovechó para visitar la casa de Mickey por su cuenta, algo que nunca puede hacer: “Luego cenamos en casa. Puse jamón, polvorones, turrón… lo pedimos por internet para que nos llegara a tiempo”. 

En Nochevieja, en cambio, le tocará comerse las uvas durante su turno de trabajo. “No sé qué tal irá, es mi primera vez. Salgo a las 02:15 de la madrugada. Creo que llevaré uvas al trabajo para que se las tomen conmigo si está tranquilo el restaurante”, dice. Según explica y, a diferencia del resto, las festividades en París son similares a las españolas: “Se juntan ambos días para cenar y darse los regalos de Papá Noel. El último día del año tienen una cuenta atrás, pero nada más. No comen uvas ni nada parecido”. Pese a todo, Lorena tratará de seguir todas sus tradiciones: “Llevaré ropa interior roja y en cuanto llegue a casa sacaré a pasear la maleta porque quiero viajar mucho en 2026. Estoy feliz aquí, es mi lugar y tengo gente que quiero, así que lo pasaré bien igualmente. Ellos también tienen su propio roscón, llamado galette des rois, pero es completamente distinto. Es una masa hojaldrada con cabello de ángel. También tiene un haba, pero no sorpresa. Por eso quiero uno español”. 

Marco, por su parte, se ha desplazado hasta el país vecino para trabajar como camarero únicamente durante las vacaciones. No es la primera vez que lo hace. “Probé hace dos años y me gustó. Al tener un contrato tan corto no tengo libranzas en días clave, así que mi plan es trabajar. Intentaré salir lo antes posible para ir de fiesta o hacer una cena informal más tarde con otros amigos. También hemos organizado un amigo invisible para después de la cena de esta noche. He notado que los franceses, en general, tienen menos espíritu navideño que nosotros, lo ven como una fiesta más. De hecho, en Nochevieja se juntan más con amigos que con la familia. Tampoco celebran el Día de Reyes. Me gusta pasar las navidades aquí y, si estuviera en Madrid igual también me tocaría trabajar esta semana. El mundo de la hostelería es así”, concluye.