Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

QUÉ FUE DE

La Dulce Neus, la catalana condenada a 28 años de cárcel por inducción al parricidio de su marido

En su huida de la justicia española, pasó por varios países de Sudamérica. Tras saldar su deuda, publicó algunos libros que escribió en prisión y volvió a casarse

La Dulce Neus, cuando fue detenida tras su huida a Sudamérica, en 1989.

La Dulce Neus, cuando fue detenida tras su huida a Sudamérica, en 1989. / Lumbreras - EFE

Madrid

Neus Soldevila no aguantaba a su marido, un adinerado industrial catalán de 47 años que respondía al nombre de Juan Vila Carbonell. Sus hijos, tampoco. Precisamente por eso lo mataron de un tiro en la nuca un 28 de junio de 1981. El gatillo de la pistola Star que lo mandó al otro barrio lo apretó una de las niñas, Marisol, que entonces contaba 14 años. Pero la inductora del crimen fue Neus, quien después de aquello definió a su marido como un monstruo que hacía la vida imposible a su gente en su finca de Huesca. "Me atenazaba sádicamente mis pechos con pinzas y después me fotografiaba para su colección privada", contó aquella, bautizada 'la Dulce Neus' por la prensa por su voz suave y pausada, en una entrevista en la que también señaló que lo más doloroso para ella eran las agresiones a su prole. "Acostumbraba a levantarnos a todos a las cinco de la mañana y él, subido a un podio, nos obligaba a desfilar al son de marchas militares y luego teníamos que cavar bajo sus órdenes la tierra de nuestra finca de Huesca del pueblo de Vila d’Esplús".

Aquel suceso conmovió a la sociedad española, que siguió muy de cerca el mediático juicio. Durante el proceso, varias personas, entre ellas dos peritos forenses y dos inspectores de policía que iniciaron las investigaciones, hicieron un retrato demoledor del susodicho. Según ellos era un hombre de personalidad anormal en el límite máximo, al borde de la enfermedad mental y con un proceso psicótico de carácter paranoico desde que adquirió la citada finca y descapitalizó con ello su empresa constructora de Granollers (Barcelona). Un artículo publicado en El País señaló que "las elecciones municipales, que cambiaron el equipo consistorial en esta localidad barcelonesa, supusieron para él un auténtico mal trago: la nueva corporación empezó a negarle licencias para construir y él comenzó a tener un auténtico delirio de persecución y miedo y a aumentar su conducta amenazante, ante lo cual dejó de ser el trabajador infatigable a pie de obra, se encerró en su casa, comenzó a beber y a tomar Valium 10 e incluso nombró un apoderado, él mismo, que jamás se permitió delegar algo".

Claro que tampoco es que Neus fuera un dechado de virtudes. Por lo visto, empezó a dedicarse a la venta de cosméticos porque eso le servía de coartada para mantener alguna que otra aventura extraconyugal y reunir su propio patrimonio. "Compraría dos apartamentos en Calella: serían dos refugios y dos inversiones", escribió el periodista Julio César Iglesias. "No tenía dinero, porque la venta de cosméticos era una tapadera, no una fuente de ingresos, pero como señora de Vila Carbonell, el próspero constructor de viviendas, tendría un crédito casi ilimitado ante muchos prestamistas. Entonces fundó una pequeña compañía financiera. Su línea comercial no podía ser más directa: solicitaba una cantidad y aceptaba intereses muy altos y plazos de devolución muy cortos. Si posteriormente, el prestamista exigía un riguroso cumplimiento del compromiso, ella pedía un préstamo más cuantioso a una segunda persona, en las mismas generosas condiciones, y, sucesivamente, a una tercera, a una cuarta y a una quinta. Sobre la marcha compró los dos apartamentos y se hizo regalos de más de 100.000 pesetas: en un sólo día desembolsó cerca de 200.000 pesetas en uno de los comercios de El Corte Inglés". Total, que las deudas de la catalana se dispararon, igual que las broncas con su esposo.

El Día D, Soldevila dirigió supuestamente a sus hijos las siguientes palabras: "Ahora que papá está dormido es el momento". Acto seguido entregó a uno de sus retoños varones la pistola que acabaría con la vida del industrial. El adolescente cogió el arma y vaciló. Tampoco su gemelo fue capaz de empuñarla para tal cometido. Al final fue su hermana Marisol, más decidida que aquellos, quien la tomó en sus manos y dijo "Si no os atrevéis vosotros, lo haré yo". Entonces entró sigilosamente en el dormitorio de su padre, se acercó a su cama y le disparó a bocajarro mientras dormía la siesta. "Mi madre me aguantó la mano y yo disparé", aseguró años más tarde la interfecta. No mucho después de cometerse el crimen, la familia declaró durante horas ante la Guardia Civil. Según la versión de los hechos ofrecida por Neus, la culpa fue de dos encapuchados que irrumpieron ese día en la casa y, tras reducirlos a ella y sus hijos, descerrajaron varios tiros a su marido y se dieron a la fuga. Hasta llegó a decir que habían sido los GRAPO.

Pero los investigadores descartaron rápidamente esa versión y, para colmo, la criada del matrimonio terminó confesando que todo se debió a un complot familiar. Cuatro meses después del asesinato, Neus y sus cuatro hijos mayores fueron detenidos. En mayo del 82, la Audiencia Provincial de Huesca condenó a la primera a 28 años de prisión "como principal inductora del asesinato" y a sus retoños Juan, Luis y Mari Nieves, "a once, diez y veintiséis años, respectivamente". Marisol, que no había cumplido la edad penal, pasó a disposición del Tribunal Tutelar de Menores. Y también se dictaminó que las dos hijas pequeñas del matrimonio Vilá-Soldevila, Dolores y Ana, recibirían cuatro millones de pesetas cada una en concepto de indemnización por la muerte de su padre.

Dicen que la cárcel fue algo duro en la vida de Neus, quien por cierto llegó a ser bastante popular. No en vano, su historia fue llevada al cine por Santiago San Miguel en Crimen en familia (1985), protagonizada por Charo López y Agustín González, y la revista Interviú la sacó desnuda y publicó varios reportajes sobre lo suyo. En febrero del 86 le concedieron el régimen abierto, gracias a lo cual se pudo permitir pasar gran parte del día fuera de la prisión barcelonesa de Wad-Ras para verse con sus hijas pequeñas en su piso de Granollers, disfrutar de las playas de la Costa Brava y tratar de empezar de cero montando un negocio de confección, al que puso su propio nombre. Pero a finales de septiembre del mismo año, la Audiencia de Huesca dictó un auto por el que se resolvía anular el régimen abierto de aquella rubia de rostro anguloso y ojos hundidos. Una resolución que confirmaba una orden del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 2, encargado de la prisión de Wad-Ras.

Huida a Sudamérica

Esto fue un golpe tremendo para la catalana. Tanto es así que, aprovechando un permiso carcelario, huyó de España con rumbo desconocido acompañada de su hija Dolores, a la que siempre había tenido a su lado dándose un mutuo calor. Primero se desplazaron en autocar hasta Portugal y, desde allí, volaron a Sudamérica. "Todo ha sido muy difícil", relató luego al respecto. "Sin hogar, ni dinero, ni trabajo, en países extraños y sin nuestra auténtica personalidad [viajaban con un pasaporte familiar falso en el que ella se hacía pasar por una tal Montserrat Ferrer González y su hija por Lidia Canals Ferrer, menor de edad]. Pero había que comer, así que, bien o mal, tuve que enfrentarme a lo que encontré más apropiado".

Su primer destino fue Bogotá, donde, sin saberlo, madre e hija empezaron a vivir en casa de unos traficantes de droga. Después optaron por ganarse la vida comerciando con esmeraldas. "Era una especie de tráfico", relató Dolores a un semanario. "No teníamos papeles de nada, ni de compras ni licencias de exportación. Pero de algo teníamos que vivir. Compramos catálogos y libros sobre piedras preciosas y nos pusimos manos a la obra. Mi madre compró una partida importante de esmeraldas y la atracaron. Luego adquirimos cinco piedras más y se fue a venderlas a Ecuador. El primer viaje fue bien, pero al segundo la pillaron. La estaban esperando". Efectivamente, en junio de 1988 Neus fue detenida por la policía ecuatoriana, acusada de fraude en la venta de esmeraldas.

En las crónicas de la época se cuenta que los abogados de la huida consiguieron que esta fuera puesta en libertad antes de que descubrieran su verdadera identidad: "una vez conocida su detención en Quito y descubierta su identidad, Interpol España se interesó por su nueva detención en Ecuador. Neus Soldevila desconocía estas gestiones de Interpol y estaba segura de su posición, ya que había sobornado a agentes locales para que destruyesen sus antecedentes. Por ello regresó sin ningún temor a Quito, donde fue detenida finalmente". Extraditada desde Ecuador, nuestra protagonista llegó a España en la primavera del 89 y enseguida ingresó en la prisión de mujeres de Brieva (Ávila), la misma en la que hace unos años estuvo Iñaki Urdangarin, exmarido de la infanta Cristina, en su caso condenado por los delitos de malversación, prevaricación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y tráfico de influencias.

Durante una buena temporada, Neus pasó las horas en su celda leyendo y escribiendo. En el 97 salió en libertad provisional y tres años más tarde saldó sus cuentas con la Justicia. En los primeros años del milenio, con la vida rehecha, concedió varias entrevistas que, según algunos, le ayudaron a "mantener la caja llena", pese a que no era partidaria de remover el pasado. A algún periodista de la época le comentó que se había vuelto a casar con un señor que le gestionaba sus asuntos y la ayudó a desprenderse de los recuerdos traumáticos. En el otoño de su vida optó por dedicar su energía a escribir libros autobiográficos que ella misma editaba y que luego vendía en tiendas y actos privados. Alguno de ellos lo redactó en la cárcel, donde "coger el lápiz era como un desahogo".

Tras perder a su segundo marido, que murió de cáncer en 2003, y según ella la dejó "endeudada", Neus vivió con una amiga varios años. Luego se refugió en Montcada i Reixac (Barcelona), en casa de su hermana, su principal apoyo desde entonces. En 2012, ya con 69 años, confesó a El País que sus hijos le habían dado la espalda. Marisol, por ejemplo, reprochó en un programa de televisión que su madre le hiciese creer que su padre era un monstruo. "Ay, pobrecitos, si él hubiese vivido, más tarde no sé cómo lo hubiesen pasado", comentó ella, al tiempo que apuntaba que "todos quieren quitarse las pulgas de encima". Su nombre volvió a acaparar atención hace apenas unos meses, a raíz de la muerte del polémico Emilio Rodríguez Menéndez, en su día su abogado, pero poco se sabe realmente de su paradero, cosa que en realidad encaja perfectamente con su deseo de tranquilidad y discreción.